XLI Como si estuviera bajo el agua sumergida en una piscina, así era como escuchaba las cosas la joven esposa que sabía estaba ya en un hospital por la cantidad absurda de exámenes y de doctores que iban y venían sin cesar. Ella a media lengua preguntaba por su esposo, necesitaba verlo, escucharlo, no obstante, la respuesta a esa pregunta siempre resultaba en una sonrisa distante, como si preguntara algo malo. Se asustó terrible y las lágrimas llegaron de nuevo a sus ojitos cansados, ahora sin luz, pues ese de los tatuajes era quien la iluminaba. No tuvo más remedio que dormir ante la medicina que le aplicaban y esperar entonces que al despertar toda esa pesadilla hubiera terminado, para entonces correr con su Nathaniel. Pero, ¿y si cuando despertara estaba en su diminuta cama, en ese de

