Capítulo 34: Momentos que se llevan las olas

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XXXIV La noche se iluminó con la presencia de la joven esposa, amante y compañera de Nathaniel, quien lucía una prenda blanca que dejaba ver sus curvas y su ropa íntima del mismo color. Él, a su lado, como el guardián que nació para ella, la llevaba de su mano enorme y tatuada de dolores y tristezas. Ahora que estaba tan enamorado por primera vez, veía algunos de sus tatuajes como algo de más. Le insinuó a Mary remover algunos y ella le dijo que no lo hiciera, pues aquello significaba borrar parte de su historia. Marcus no pudo disimular lo impactado que estuvo al verla. Luego bajó su cabeza, debía ser él mismo quien fuera de su mano, quien se sintiera pleno a su lado. Preguntó al cielo una y otra vez por qué no había sido el elegido para ir junto a esta Mary que se notaba, era diferente

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