XXXV Mientras aún se debatía en hacer algo bueno o hacer lo correcto, veía dormir a la mujer que apenas tres años atrás tenía la ilusión de hacer su esposa. Se enamoró como un tonto de una chica rebelde que muy dentro de su corazón creía que podía hacer cambiar, pero no fue él quien tuvo ese honor, lo tuvo Nathaniel Storm; de comprarla en un inicio y ahora el de amarla como un loco y sobre todo, de hacer que ella lo amara con tal desespero. Se le hacía sorprendente que ahora Mary tuviera esa encantadora y dulce forma de ser, no parecía que despertara de un coma, en verdad era otra mujer que renacía en ese cuerpo. Una atada y destinada a ese gigante con suerte. No podía odiar a Storm por completo, sabía a la perfección las condiciones que tuvo que aceptar para casarse con ella, todo un tr

