LIX Deleitada en la soledad y la oscuridad, miraba hacia la nada con esa pretenciosa copa de vino que movía de un lado a otro, como lo vio muchas veces que lo hacían las damas de sociedad en la televisión. Ella misma era una, sin embargo, no fue tan aceptada en el selecto grupo de la hipocresía y la discriminación, por su exmarido de aspecto peligroso y su falta de pedigrí. Ella no había nacido de cuna alguna, ella fue solo una joven empleada con la suerte de que un idiota gigantón que se hizo rico, se enamorara de ella. Había entonces descubierto por fin la grieta de todo aquella mentira, en la ingenua llamada que la esposa Storm hizo a Melissa. Sonreía y susurraba algo incomprensible, pero que al parecer la llenaba de gozo. Escuchó el eco de los pasos y miró hacia la puerta con algo de

