Capítulo 3: Un sueño no tan húmedo

2082 Words
III Sintió que la luz del sol le estaba pegando muy fuerte en los ojos, cosa que le molestó, de seguro se había acostado sin cerrar bien su cortina. De todas formas, ese descuido estaba justificado con el espantoso día anterior que vivió. ¿Por qué tenía que preocuparse de cubrir bien su ventana? Tal vez si la veían sería un espectáculo de tristeza o de burla, así que para alguien sería algo. Sin embargo, esa luz fastidiosa intervenía en su propósito de tener una semana total de ocio, que era lo único que se podía permitir con sus ahorros. Se giró un poco hacia el lado contrario, pero algo la jalaba por la boca, así que llevó una de sus manos a su nariz y tuvo que abrir los ojos de inmediato al notar una máscara de oxígeno cubriéndola. —¡¡DIOS MÍO!! ¡¡QUÉ ES ESTO!! ¡¡QUÉ ES ESTO!! Mary se levantó de un brinco mientras gritaba como una loca pidiendo auxilio, sin saber muy bien de qué. Con la máscara en la mano y arriba de la cama recostada contra la cabecera, seguía suplicando ayuda, mientras observaba a su alrededor, quedando claro que no estaba en su habitación, ni en su departamento. El lugar era un cuarto enorme, ella misma estaba sobre una cama extravagante de enorme y las ventanas iban de piso a techo; ahora entendía el porqué la luz entraba con tal potencia. No pudo concluir nada en ese momento, solo gritaba. Iba a bajar de la cama, cuando la puerta de madera de esa habitación se abrió y dos hombres vestidos de n***o entraron y casi se desmayan al verla. —¡¡¿Quiénes son ustedes?!! ¡¡¿Por qué estoy acá?!! —gritó Mary desesperada, llorando ya. Los hombres que no dejaban de mirarla con mucho asombro, quisieron acercarse, pero la enloquecida mujer tomó la lámpara que estaba sobre la mesita de estar y empezó a erguirla como si fuera una espada para intentar alejarlos. Ellos entendieron y caminaron unos pasos hacia atrás para no asustarla más. —Señora, por favor, cálmese, baje de ahí, puede ser peligroso que caiga y se golpee —replicó uno de los asustados caballeros, extendiendo un poco su mano para intentar alcanzarla. Mary le lanzó un «lamparazo», hablaba muy en serio. —¡¡Dónde estoy!! ¡¡Quiénes son ustedes!! —Mary se miró a ella misma un poco, tenía una pequeña pijama de seda, de short y blusa, de color muy pálido. Ella jamás usaría algo así, sus piernas y brazos estaban al descubierto, ahora creía entender lo que estaba pasando. —Señora, por favor, baje de ahí… —insistió uno de esos hombres, ya muy preocupado. —¡¡Dios mío!! Ya entiendo… ustedes me secuestraron y me van a vender, ¿eso es lo que pasa? ¡¡Entraron a mi departamento y me raptaron!! ¡¡Pues lamento decepcionarlos, pero no les van a dar ni un centavo por mí!! ¡¡Malditos pervertidos!! ¡¡Primero voy a matarme antes de dejar que me vendan!! —gritaba sin control, sumando a la sinfonía de confusión, lágrimas de auténtico pánico. Más personas, al parecer chicas del servicio, entraron a la habitación y se llevaron la mano a sus bocas al ver la situación, fuera de toda lógica. Mary les gritó por ayuda, que por favor llamaran a la policía, que ella había sido secuestrada. Las mujeres se miraron entre sí, tan confundidas como la dama a medio vestir, arriba de la cama. —Señora, por Dios Santo, ¿qué está diciendo usted? —replicó uno de esos de vestidos n***o que se mantenían a los pies de la cama —nada de lo que está diciendo es cierto, y se lo explicaremos tan pronto baje de ahí… —¡¿Qué diablos es lo que está pasando?! Mary viró su atención a la gruesa voz que provenía de la puerta enorme de madera. El dueño de esa pregunta entró a la habitación, pero no era cualquier ser humano, ni parecía tratarse de más de los que intentaban hacer que bajara de la cama. Por la puerta, cruzó un hombre muy alto, de aspecto tan intimidante, como provocativo que clavó sus ojos muy oscuros en los de la mujer. Él también vestía de n***o por completo, solo que no tan formal como los otros. Sus mangas estaban remangadas hasta más arriba de los codos y sus brazos eran como robles, minados de tatuajes hasta la parte superior de las manos. Su nuca, muy ancha también, parecía tener tatuajes, cosa que no notó en su garganta y en su pecho que estaba algo al descubierto. Su ceño estaba fruncido, sus cejas eran muy gruesas, su nariz era algo ancha, pero se deslizaba en un perfecto tabique. Quedaba muy claro que ese gigante y aterrador hombre era el jefe. —¡¿Quién eres tú?! —gritó Mary, levantando la lámpara, ante los pasos que daba él para acercarse. Tuvo miedo de preguntar más, además una estúpida lámpara no iba a detenerlo. —Por favor, Mary, intenta calmarte, solo dame eso y baja de la cama, con cuidado. —La voz era muy gruesa, muy de mando. Se le notaba que se estaba esforzando por ser conciliador, y eso la turbó un poco. Aprovechando un poco que ella bajó la guardia, el hombre llegó casi a su lado e intentó tomarla de una mano, fue entonces que Mary de nuevo hizo un movimiento para tratar de alejarlo. Él levantó sus manos para que estuviera tranquila. —Quién eres tú… —preguntó de nuevo, ya desesperada con toda esa situación, temblando de terror, presintiendo que su fin había llegado. —Mary, queda claro que no me recuerdas en este momento, pero yo soy Nathaniel, tu esposo. Dentro de la cabeza de la joven mujer hubo una implosión de emociones que jamás había experimentado al escuchar la palabra «esposo», de la boca de ese hombre enorme e intimidante que seguía con las manos arriba, pidiéndole que bajara de ahí. Mary sintió que sus piernas empezaron a flaquear, sus brazos también perdían la fuerza, todo aquello debía ser parte de un sueño del que aún no despertaba. Se sentía demasiado real, no obstante, no podía serlo. ¿Esposo? ¿Nathaniel? Esos eran dos sustantivos que no tenía en su diccionario mental. Se paralizó. Con los ojos muy abiertos, vio hacia ese de los tatuajes que tomó la lámpara y con delicadeza la quitó de sus manos, ya no le quedaba otra cosa más que rendirse y dejar que la vendieran a algún país lejano. Él extendió su mano para intentar ahora bajarla de ahí, pero Mary cerró los puños y los puso sobre su pecho. —Mary, te juro que no voy a hacerte daño, por favor, baja y hablaremos. La preocupación de «Nathaniel» sonaba muy sincera. Creyó que no tenía que inventarse eso de ser su esposo para persuadirla, tarde o temprano la iba a atrapar. Miró a las personas que llegaron a ser bastantes dentro de ese cuarto y empezó a apenarse mucho con el espectáculo de sí misma que estaba dando. Todos eran desconocidos, estaba sola y aterrada, no había nadie que pudiera salvarla en ese momento. Miró sus pies que se hundían en la almohada, creía entender todo, estaba en medio de un sueño. No podía saltar de estar en la cama de su diminuto departamento que cabría dentro de ese cuarto, a ser raptada por la mafia. Convencida que se trataba de una jugada onírica, quiso creer en su «marido» y tomó su mano, que cubría por completo la suya. Respiró muy aliviado cuando ella accedió a bajar de la cama. Como esta estaba muy alta, la tomó por la cintura para ayudarla mejor. Mary por segundos sintió que flotaba, la cargó tan fácil como si se tratara de una pequeña niña. Luego se dirigió a uno de esos hombres y empezó a darle instrucciones. —Quiero que traigas de inmediato al doctor, y un par de enfermeras. Además… —¡Ay, por Dios, mira esto! ¡Es como una roca! —dijo Mary, muy sorprendida mientras picaba con el dedo índice, el bíceps del hombre. Él giró la cabeza y abrió mucho la boca, no estaba para nada bien lo que sucedía—. ¡Observa!, ¡ni siquiera alcanzo a rodearlo con mis manos! —Sí, eso parece… —respondió el hombre asustado sinceramente de la situación, mientras su esposa se deleitaba de pincharle los brazos—. También llama a psiquiatría. Luego de ver partir a sus guardias, les pidió a las chicas del servicio que le trajeran un té relajante a su esposa. Mary sonreía incrédula, ese sueño era bastante loco. Lo que no se esperaba era quedarse sola con Nathaniel que giró por completo su cuerpo para posarse frente a ella. Mary se asustó, él era muy grande y por muy sueño que fuera, el aspecto de él era muy aterrador. —Disculpa por picarte los brazos, es que yo nunca había estado junto a un hombre así de atlético… —No tienes que disculparte por eso —respondió Nathaniel, mientras se sentaba en la cama. Mary hizo lo mismo, pero algo lejos de él—. En estos momentos estás muy asustada, lo entiendo. Ahora mismo vendrán los doctores y te examinarán, y sabremos qué hacer para que recuperes la memoria. —Yo no perdí la memoria, esto es solo un sueño —respondió ella muy segura, intentando sonreír—. En ningún universo esto podría ser real. No podría ser la esposa de alguien como tú. Nathaniel hizo una mueca de disgusto, que disimuló muy bien. —¿Por qué dices eso? —preguntó frunciendo más el ceño. —Solo mírate, tú eres así, pareces un luchador, atractivo, de aspecto rudo, y por lo que veo muy rico, ¿cómo alguien como tú, podría fijarse en alguien como yo? ¿Y casarse además? Por favor… Tu esposa debe ser una de esas modelos de la tele, no alguien como yo. El hombre cambió su expresión de disgusto por una de sorpresa total. No esperó jamás escuchar eso de la boca de su esposa y de manera tan sincera. Mary miró sus manos, él creyó que buscaba su anillo de bodas, así que fue hasta un buró y lo trajo a las manos de la mujer. Con mucha delicadeza lo puso en el dedo indicado, ante el completo estupor de ella. —Tuvimos que quitártelo luego del accidente. Ahora regresa a su dueña —dijo él en voz baja, acercándose un poco más a ella. Mary levantó su mano y miró la preciosa argolla que se acomodaba perfecto a su dedo. Sonrió mucho, esa parte de su sueño sí le estaba gustando. Lo miró muy fijo, ahí se dio cuenta de que sus ojos eran de color castaño. Su cabello igual oscuro, estaba algo largo en la parte superior, peinado hacia un lado, pero perfectamente cortado en la parte de abajo. Pensó en que tenía gustos muy extraños, jamás se hubiera creado para ella misma un hombre así, su modelo sería muy rudo y de bíceps como los de él, pero con barba definida, de ojos azules muy profundos, de mirada perversa y cabellos rizados y tal vez rubios. Ellos eran los más populares en lo que leía. ¿Tatuado? Bueno, ese era un plus que al menos en su «esposo» se veía muy, pero muy bien. —Mary, por favor, dime ¿qué es lo último que recuerdas? —preguntó, interrumpiendo la observación de la dama a la argolla brillante de su dedo. —Lo último que recuerdo, es haber tenido el peor día de mi vida y acostarme en mi cama, la tercera parte de esta, llorando, hasta dormirme… Mary lo observó de nuevo con algo de sorpresa. Ahora todo empezaba a tener sentido. Sonrió un poco y movió la cabeza de un lado a otro, aliviada. —Esa maldita ancianita me drogó, y por eso estoy soñando esto… ya verá cuando la vuelva a ver… Nathaniel subió una ceja al no entender una palabra de lo que estaba hablando su mujer. Miró la puerta, esperaba que los doctores no tardaran mucho, pues parecía todo más grave de lo que imaginó. Mary le tomó de una mano, cosa que antes jamás había hecho. Parecía querer contarle algo. *** Fin capítulo 3
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD