XXX Vio a través de la ventana de un restaurante, cuando luchaba en las calles por sobrevivir a la miseria y el frío, como a un pequeño cercano a su edad le celebraban su cumpleaños. Lo dedujo por el pastel, por esas cosas brillantes que se ponía en su cabeza en forma de cono y por la montaña de regalos que había en una mesa. Él, que ni siquiera tenía apellido, soñó con tener un cumpleaños algún día. Había un problema, no sabía cuando nació, no había de él ningún dato más que su nombre, la mujer que lo lanzó a los lobos de un orfanato de la mala muerte, no dejó documento alguno. Un día quiso preguntar a las que «cuidaban» a los niños en ese horrendo lugar, y lo que recibió fue una carcajada y luego un palazo en su espalda. —¿Por qué habría que celebrársele a la basura un nacimiento? Er

