XXIX Al verla entrar supo de inmediato que algo estaba muy mal. Regresó en el par de horas, como lo había prometido, la trajeron de regreso su hermana y su cuñado, como lo habían prometido, sin embargo, lo que pasó en ese tiempo había logrado poner a su niña de esa forma, al borde de un ataque de pánico. La abrazó apenas ella entraba, y Mary se quebró en llanto, dejando que el río de tristeza y desesperación lavara esos tatuajes que habían sido hechos de la misma manera, en medio del caos de la existencia misma, cuando Nathaniel creía que ya no podía dar un paso más. Empezó en medio de las lágrimas a acariciar los brazos de su hombre, uno que al parecer tendría que dejar, no podía exponerlo, no, él ya había sufrido lo suficiente. —¡Mary, por Dios! ¡¿Qué pasó?! —le preguntó en medio del

