19. Custodia POV Lucía El día después de nuestra llegada de Monterrey siento que las cosas buenas deben estar por llegar. Despierto antes del amanecer. Las cortinas dejan pasar una luz azulada que anuncia el día. El silencio del departamento se siente distinto. No es vacío: es paz. Camino hasta la cocina y en la mesa encuentro un detalle que no esperaba: flores blancas y una nota doblada con precisión. “Salí con el niño, te mereces descansar. —Mamá.” No puedo evitar sonreír. ¿Quien dice que solo las flores regaladas por un hombre nos pueden complacer? Mientras tomo mi café, miro por la ventana: las luces del tráfico comienzan a serpentear, los primeros rayos se reflejan en los edificios y, por primera vez en meses, no siento vértigo. Siento estabilidad. Abro el correo. Los ti

