30.Veredicto POV Lucía Esa noche, después de la primera audiencia, no dormí. Mateo se quedó con mis padres. Lo recogieron directamente del colegio y lo llevaron al campo, lejos del escándalo. Lejos del juicio. Lejos de las miradas que ya nos reconocían en los periódicos digitales como “la pareja en guerra por un hijo”. Odio esas palabras. No somos una pareja. No estamos en guerra. Yo estoy defendiendo a mi hijo. Alexander pasó por mí al anochecer. No dijo nada al principio. Solo me tendió la mano para ayudarme a subir al auto. Y mientras conducía, apretó los nudillos contra el volante más de una vez, como si contenerse también le doliera. —¿Quieres quedarte a descansar en tu casa? —preguntó en voz baja, sin mirarme. Negué. —No quiero estar sola. No era una invitación implícita.

