31. El eco de las decisiones POV Lucía Una semana después del juicio, las cosas comenzaron a asentarse. O al menos, eso quería creer. Mateo se quedó unos días en casa de mis padres, donde mi madre se encargó de llenarlo de mimos, cuentos y juegos de plastilina, sin lanzarme preguntas incómodas. Ese silencio suyo era una forma de cuidado que siempre había agradecido. —Mis suegros vendrán esta tarde a ver al niño. ¿Está bien? —me dijo ella esa mañana, con una palmadita suave en el brazo, mientras doblaba una pequeña camiseta de Mateo. —Es lo correcto —asentí con una sonrisa cansada. —A diferencia del padre, ellos adoran a Mateo. No te preocupes, sé que lo cuidarán bien. Nos abrazamos en la cocina, en medio del aroma del pan tostado y el café. Tener a mis padres cerca era más que una red

