26. Vainilla y jazmín POV Lucía Las mañanas tienen otro ritmo desde que retomé el diseño. Mateo va a la “escuelita” media jornada, y ese par de horas que recupero se sienten como una bocanada de oxígeno después de años en apnea. No hago nada grande. Solo encargos modestos: el rediseño de una florería, unas invitaciones de boda, el logo para una marca de jabones artesanales. Cosas que no llaman la atención. Cosas que, si Darío pregunta, puedo disfrazar de “hobby”. Tengo mi rincón. Nada ostentoso: una mesa de madera clara junto a la ventana, mi vieja laptop y una lámpara que me regaló una amiga en tiempos más libres. Ahí, en ese espacio que parece ajeno al resto de la casa, vuelvo a respirar. Cada diseño, cada trazo, me devuelve una pequeña parte de mí. De la mujer que fui antes de volver

