Capítulo 4:

1660 Words
 ***** Desde aquella madrugada en la cochera Brianna y Kent se volvieron más que amigos. Al punto de que ella lo ayudaba en el club, para que se hicieran más rápido las horas de trabajo de él, y pudiera salir sin ninguna complicación. También se reía porque Chris regañaba a Kent, para que compartiera sus propinas con ella. Él le hacía caso porque a pesar de que era un hombre que tenía cincuenta años, aún tenía un aura dominante y letal como ex-militar. Lo que más disfrutaba de estar detrás de la barra con él. Eran las caricias provocadoras que le hacían temblar de anticipación, porque sabía lo que sucedería después que entraran a la cochera en donde vivía Kent. Los besos robados, las miradas que decían todo lo que de sus bocas no salían. Para ella y para su amiga Patricia todo estaba marchando de manera mágica. Hasta que una tarde mientras ellas estaban viendo tv en su habitación llegó Katherine. —Chicas... —se le vio muy triste y con los ojos hinchados de tanto llorar. —Nos vamos dentro de dos días. —¿Por qué ? —preguntó Brianna, mientras Patricia apagaba la televisión de golpe. —Es muy difícil para mí explicarte... —miró a Patricia— explicarles. —Comienza de una vez, mamá. No soy una niña. —Tienes razón; pero lo que está ocurriendo tampoco es tu problema. —¿Qué está pasando Katherin? —indagó Patricia con cautela. —Claro que es nuestro problema, siempre has sido como una madre para mí y lo sabes; así que puedes contarnos lo que está ocurriendo. —Es... —Katherin comenzó a llorar de manera desconsolada— es Joe... —¿Papá? —preguntó confundida— ¿Qué pasa con él? —Siii —hipó en medio de su sollozo—, nos trajo aquí para pasar tiempo con su amante. —No. Puede. Ser. —Dijo Brianna con los dientes apretados tratando de contener sus lágrimas. —Los encontré ayer y eso no lo voy a tolerar, nos vamos. Solicitaré el divorcio inmediatamente una vez que lleguemos —informó a ambas chicas. Entendía a su madre, pero quién demonios la entendía a ella. Faltaban tres semanas. Tres malditas semanas para terminar el verano y estar con Kent. Ella estaba segura que lo de ellos no terminaría cuando ambos se fueran. Pero quería pasar todo el tiempo que pudiese con él. Ahora era ella quien lloraba desconsoladamente. Pensando en lo como le diría a Kent que en menos de cuarenta y ocho horas no se verían y que Dios era el único que sabía por cuánto tiempo. Llegó tarde al club. Casi faltaban diez minutos para que se terminara el turno de Kent. Cuando la vio llegar, él frunció el ceño. Algo no estaba bien. Ella entró a la barra y lo primero que hizo fue abrazarlo fuertemente y luego besarlo. De tal manera que la gente comenzó a silbar y gritarles que consiguieran una habitación. Los diez minutos pasaron rápidamente. —Vamos a la cochera —pidió Brianna mirando la hora, sabiendo que ya su turno había terminado. —De acuerdo, ¿pasa algo? —quiso saber él. Ella le sonrió. —Solo llévame a la cochera. El camino transcurrió en silencio. Kent estaba totalmente desconcertado. Ese no era el comportamiento normal de Brianna. Efectivamente. Algo había pasado. Cuando llegaron al lugar. Brianna se sentó en el sofá y se quitó las sandalias. Mientras que Kent se sentaba a su lado mirándola en silencio. —¿Me vas a decir qué está pasando por tu cabeza, qué te tiene así de mal? Ella se subió a horcajadas sobre él. —Me voy en dos días. Kent palideció ante aquella noticia, que sabía que era inevitable, pero que aún faltaban semanas para eso. —¿Por qué? ¿Qué ocurrió para tomar esa decisión de irse antes de tiempo? —Mamá descubrió a mi padre en una infidelidad, y quiere volver pronto para tramitar el divorcio. —Entiendo —le contestó sinceramente. —No, no entiendes —le dijo desesperada—. No te quiero dejar. No me quiero ir, al menos no aún. —Yo tampoco me quiero separar de ti. Con esas palabras Brianna tomó por la camiseta a Kent y cubrió sus labios con los suyos. En un beso desesperado y violento. Kent la tomó de las caderas inmovilizándola para pudiese sentir su efecto en él. —Te deseo Kent... —lo siguió besando— esta noche como todas las noches desde que llegué aquí. Ella se deshizo de su camiseta sin mangas y luego de la de él. —Brianna... espera. —No —decía entre jadeos—, no podemos esperar. Ella se bajó de encima de él para desnudarse por completo y luego ayudó a Kent a quedarse completamente desnudo como ella. —¿De verdad lo quieres de esta forma? —Sí —asintió—, ya no soy la de hace semanas atrás. Con la que tenías que ser delicado,  porque era su primera vez. —Lo sé cariño —la besó—, no sé si pueda contener esto que siento por ti. —Entonces no lo hagas —le pidió—, soy tuya... y de nadie más. Esas fueron las palabras que necesito para lanzarlos a ambos hasta el suelo. Mientras se besaban hambrientos. Kent comenzó a besar su cuello. Y ella se arqueaba debajo de su cuerpo, para friccionarse con él. Gemidos de aprobación le alentaban. Tomaba el peso de sus pechos en cada una de sus manos. Y con los dedos jugaba con sus pezones sin dejar su boca por el momento. Luego siguió bajando con besos suaves. Hasta que llegó a los picos duros que le rogaban atención. Cuando sus dientes comenzaron a pellizcar las sensibles puntas. Ya estaba completamente mojada, caliente y resbaladiza para él. Brianna pensó que se correría en ese mismo momento. Ráfagas de fuego inundaban su vientre lo que hacía que suplicara más. Necesitaba más de lo que Kent solo podía darle. Al pasar la lengua por el pezón, después de haberla mordido suavemente. Ella lo tomó de los cabellos para dejarlo un poco más, quería que se amamantara de ella. —Quiero tocarte y sentirte, Brianna —le dijo con la voz grave por la lujuria—. Por si no tengo más oportunidad de acariciar tu cuerpo de nuevo. —La tendremos, Kent. Estoy segura que tendremos eso y más. Él torpemente le separó más los muslos. Mientras le daba besos húmedos por todo su abdomen y arremolinó la lengua al llegar a su ombligo. Lo que hizo que Brianna se abriera completamente para él. Se acomodó justamente donde él quería. —Voy a comerte entera, Brianna —le dijo—. Creo que nunca olvidaré tu sabor. Él colocó la cabeza entre sus muslos y con la lengua acaricio su sexo. Con el primer lametazo. Brianna quiso salir corriendo, no soportaba las descargas de placer que le daba con su lengua. —Kent... —suplicó. —¿Estoy haciendo algo mal? —preguntó un poco dudoso. —No, se siente bien, es mucho placer para soportar. —Vamos, amor... tú podrás más. Continuó lamiendo aquel nudo de nervios hinchado y adolorido. Solo por él. Quería que nunca lo pudiera olvidar. Era un egoísta pero era lo que sentía. Nunca nadie llegó a hacerle sentir lo que ella. No iba a permitir que él fuese un romance de verano. Él iba a encargarse de ser el romance de todas las estaciones del año para ella. Escuchaba como Brianna daba gritos de placer, cuando él la lamia completamente y luego la penetraba con la lengua y dedos. Creando una anticipación de lo que iba a sentir verdaderamente cuando estuviese enterrado hasta la empuñadura dentro de ella. Sentía que iba a correrse porque su clítoris estaba poniéndose más duro y más hinchado. —Por favor… Kent —ella suplicaba, se estaba quemando viva. Su cuerpo temblaba del placer que estaba recibiendo. Aunque sentía que iba a morir ahí mismo de convulsión espontánea, ella agarraba del cabello fuertemente a Kent para que le diera más. No había duda. Era un acto tan íntimo de una pareja, eso era confianza y entrega. No había vuelta a atrás. Ella era completamente de él. —¿Quieres correrte, Bri? —preguntó. —Si... por favor... —contestó con voz entrecortada. —Haz que suceda. Con esa indicación, Kent comenzó a penetrarla de manera rápida y fuerte. Los gemidos de ella se escuchaban por toda la estancia. —Vamos Brianna. Córrete —ordenó—, hazlo para mí. Volvió a beber de su sexo aquel dulce néctar que solo pertenecían a él. Brianna no paraba de gemir y sentía aún los espasmos de su orgasmo en sus dedos. Como si lo estuviera persiguiendo un demonio alcanzó en el suelo su jeans, y buscó en su billetera un preservativo. Rasgó el envoltorio con los dientes y se lo colocó rápidamente. La visión de Brianna era hermosa. Kent la besó con el sabor de ella aún en su lengua. El beso fue de manera posesiva y dominante. Se separó de sus labios, únicamente para mirarla fijamente. —Lo siento —le dijo con los dientes apretados. Entró en ella de un solo golpe. Brianna arqueó su cuerpo al sentir aquella intromisión. Los envites de Kent era fuertes y profundos. Gruñía como si fuese doloroso para él estar dentro de ella. —¡Oh Brianna! —exclamó—.  Siento cómo te aprietas alrededor de mí —manifestó con los dientes apretados. —Más Kent... necesito más. —Sí. ¡Esto es perfecto, cariño! —Vamos, Brianna —le dijo mientras se colocó una de sus piernas en su hombro para que la penetración fuese más profunda. Brianna movía la cabeza de un lado a otro. —No puedo Kent... no puedo —gritaba mientras ella cerraba los puños en el piso. —Si puedes... —le animó— tampoco duraré mucho tiempo, vamos Bri. Ella arqueó su cuerpo y comenzó a moverse al ritmo de las estocadas de Kent, que hacían que en sus venas el fuego de la pasión la quemara viva. Él solo podía sentir como los músculos vaginales de ella le apretaban indicando que un segundo orgasmo estaba por llegar. Hizo más rápido los envites. También estaba a punto de correrse podía sentir el peso de sus testículos, y su m*****o duro como una vara de hierro caliente. —Bri... —le dijo— vamos córrete... córrete de nuevo para mí mientras Kent le pellizcaba los pezones e inclinó la cabeza para besarla. Ella no pudo obviar la orden y se dejó llevar por las sensaciones de aquel orgasmo que eliminó todas sus defensas y si de algo no había duda era que lo amaba y ella debía decirle. —Ta amo Kent Wyne —le dijo mientras lo abrazaba—. ¡Jamás te olvidaré! —Yo tampoco Brianna Murphy —le dio un beso casto en los labios—. Te metiste bajo mi piel. Nunca me olvides —era más que una frase del momento, era una súplica.
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