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Con el transcurrir de los días Brianna y Kent se volvieron inseparables.
A veces ella sentía lástima, porque él trabajaba hasta tan tarde y se levantaba temprano, únicamente para acompañarlas en el resort.
Patricia estaba encantada con Franco. Aunque Kent le había dicho que él era un mujeriego. Sin embargo; su amiga estaba viviendo su amor de verano. Lo había tomado bien. Al final tampoco era mala persona.
A veces iban a pasear los cuatro. Kent se asombraba de ver como Franco atendía a Patricia, muchas veces quiso pasar de la friend zone con Brianna, pero no quería que fuese solo un amor de verano. Quería verla más tiempo, por eso no se arriesgaba a nada más.
Una noche en el club donde trabajaba, llegó un chico llamado Edward Brown. Hijo de los dueños de una empresa muy importante en la construcción del país, se fijó en Brianna. Los celos y la impotencia de no poder hacer nada, estaba acabando con su control.
—Hola pequeña —saludó seductoramente a Brianna—, vamos a bailar.
Ella lo miró entrecerrando los ojos.
—Antes de ir a bailar —lo miró de pies a cabeza. —Deberías preguntar primero si quiero hacerlo, y después preguntar si quiero bailar contigo.
—Realmente me has dejado sorprendido.
—De acuerdo, no te haré perder más tú tiempo. La respuesta es... ¡no!
—Bueno tú te lo pierdes, pequeña —miró a Kent, que en ese momento toda la tensión de la furia de los celos se disipó.
—Creo que es mejor que me vaya —le comunicó Brianna aún un poco furiosa.
—¿Por qué te quieres ir?
Ella miró la hora en su teléfono celular.
—Bueno... aun te quedan treinta y dos minutos, voy a esperarte —le dio una sonrisa.
-—Así está mejor —inquirió Kent aliviado.
Como Brianna ya conocía al abuelo político de Kent. Ella a veces entraba en la barra para ayudar un poco, y así él pudiese salir a la hora justa. Ni un minuto más ni uno menos.
Siempre al terminar su hora de trabajo bailaban un poco, pero esa noche Kent era egoísta no quería que Brianna estuviese en el radar de Edward.
—¿Qué planes tiene Patricia esta noche? —preguntó Kent con curiosidad.
—Esta noche será larga para mí —suspiró—, ya se fue con Franco —terminó la frase encogiendo los hombros.
—¿Te gustaría ir a ver una película en mi casa? —Kent hizo la pregunta con un poco de duda.
Ella sonrió.
—Pues claro; siempre he querido saber en dónde vives.
—De acuerdo, chica curiosa —le pasó el dedo por la punta de la nariz—, vamos ahí.
Kent y su abuelo tenían su propio vehículo de transporte. Así que se fueron hasta la casa de él.
—En realidad no es muy grande —dijo un poco apenado—, es solo la cochera, el resto de la casa es de Chris. El suegro de mi madre.
—No te preocupes, Kent —le puso la mano en el brazo mientras se bajaban del vehículo.
Cuando abrió la puerta. Brianna quedó encantada. El lugar estaba arriba de la cochera pero tenía dos habitaciones. Era sorprendente muy amplio, aunque era totalmente el lugar de un chico de casi veintiuno.
—Me encanta —se lanzó en el sofá frente la gran televisión que tenía conectado una consola de video juegos. Ella se echó a reír cuando agarró el control y lo miró. —¿Es en serio? No sabía que te gustaban los videojuegos.
—Vamos Brianna —dijo avergonzado—, soy un chico.
—No hay nada malo en eso, al contrario; me parece genial, pero quiero ver películas —le hizo saber.
—No hay problema con eso —fue hasta la pequeña cocina—, también tengo helado.
—¡Oh realmente eres el sueño de toda una chica! —exclamó Brianna sinceramente.
Kent se quedó sin palabras. Y regresó con solo con una lata de coca-cola.
—Oh no Brianna, me niego a ver esa película —le dijo seriamente.
—Pretty Woman ya es un clásico Kent. Vengo aquí por primera vez, debes complacerme en todo lo que pida.
—Está bien —dijo resignado y alzó las manos—, tú ganas pero no le digas a nadie.
Vieron la película en silencio. Aunque los noventa minutos que duró Kent nunca dejó de mirar detalladamente a Brianna. Era como si no se cansara de verla.
Le encantaba su rostro de facciones finas y delicadas, la nariz pequeña y respingada, los ojos grandes y expresivos rodeados de largas y abundantes pestañas, la boca con labios delineados y carnosos, que lo incitaban a besarla. El cabello era largo hasta la cintura, se moría porque acariciara su pecho con el, pero por el momento solo se conformaba con jugar con los suaves rizos de manera casual.
Brianna se acercó un poco más hacía Kent. Le gustaba la manera en que la hacía sentir. Como si fuese una princesa. Nunca trataba de tomar ventaja de ella lo que a veces le chocaba, porque quería un poco más. A veces sentía que él no gustaba de ella. Pero al ver su rostro esa noche en el club le hizo cambiar de idea.
No quería que la noche terminara, nunca. Incluso la película estaba dispuesta a verla, al menos tres veces más con tal de estar de esa forma.
Esta renuente a salir de la paz que le brindaba estar en sus brazos. El palpitar de su corazón en su oído que si cerraba los ojos, y controlaba la respiración estaba muy segura que cada latido estaría en sincronización con el de él.
Eso la llevó a una conclusión. Se había enamorado. Sí. Lo había hecho rápido y fuerte. Estaba locamente enamorada de Kent Wyne. La realidad la golpeó de pronto. No quería dejar esta oportunidad pasar. Pero tenía miedo, dentro de unas pocas semanas se terminaría el verano y con él, lo que había surgido entre ellos dos.
Tal vez no quería perder su amistad, pensó y se preguntó:
«¿Qué pasaría si no pasaba de ahí?».
Siempre estaría la incertidumbre, de no saber qué hubiera pasado si ella si hubiera arriesgado.
—Kent... —pronunció su nombre suavemente.
—Dime... —contestó con voz un poco ronca, pues estaba totalmente distraído jugando con su cabello.
Ambos estaban somnolientos. Pero con los sentidos en alertas que solo lo producen la tensión s****l.
—¿Qué harás cuando termine el verano?
Sintió como Kent suspiraba.
—No lo sé; tal vez vuelva a presentar la prueba de la universidad.
—¿Qué te gustaría estudiar?
—Me gustaría sistemas si tuviera la oportunidad.
—Bueno... aún estás a tiempo.
—¿Y tú qué harás?
—Comenzaré la universidad ahora cuando me vaya de aquí, pero quiero de una vez trabajar en hacer mi propia editorial digital.
—Woaaa suena genial.
—Sí, el mundo está evolucionando, y debemos hacerlo con el —le dijo sonriendo.
—Tienes mucha razón en lo que dices.
—Kent...
—Dime...
—¿Cuando me vas a besar?