Cap 19

1005 Words
Liora veo salir de mi habitación y, cuando la puerta se cierra, el silencio vuelve a asentarse como una manta pesada. Me recuesto en el sofá, abrazando mis propias rodillas. Tengo unas horas por delante para pensar en algo que quiera preguntarle. ¿Hay algo que quiera preguntarle? Toda esta situación es abrumadora. Demasiado nueva. Demasiado distinta a lo que conozco. Me quedo mirando la pared, siguiendo una pequeña grieta que sube en diagonal, mientras los pensamientos se encadenan unos con otros sin orden ni permiso. Y entonces, de golpe, algo me atraviesa el pecho. He estado a salvo todo el día. Libre y a salvo. La idea se asienta despacio, como si mi mente necesitara comprobarla varias veces antes de aceptarla. No ha habido gritos. Ni jaula. Ni ese olor rancio que se te pega a la piel y no se va ni con agua hirviendo. Ningún alfa asqueroso invadiendo mi espacio. Nada. Libre. Dejo escapar una risa entrecortada. No puedo oírla, pero sé que existe. La siento vibrar en mi pecho, torpe, oxidada por el desuso. Tal vez algún día vuelva a hablar. Aunque, a estas alturas, después de tanto tiempo en silencio, creo que el sonido de mi propia voz me sobresaltaría más que cualquier grito ajeno. Las horas pasan sin que haga nada en particular. Pensar cansa más que correr. Debatirme entre quedarme o irme, entre confiar o huir, me deja agotada. Estar atrapada dentro de mi propia cabeza siempre lo hace. Me pongo unos pantalones de dormir y una camiseta de tirantes. Nada elegante, nada especial. Espero que a Ronan no le moleste verme así para la cena. No debería importarle, pero igual me importa a mí. Mi cuerpo, sin embargo, tiene años de sueño acumulado, y el descubrimiento de haber estado a salvo durante todo el día parece haber activado algo profundo, antiguo, como si mis músculos entendieran antes que mi mente que no necesitan permanecer tensos. Casi como si mi cuerpo supiera que ya no hace falta vigilar cada sombra. Llaman a la puerta. Mi corazón se acelera por reflejo, pero no es miedo. Reconozco el ritmo. Abro, y Ronan está ahí, sosteniendo una bandeja. Su sonrisa aparece primero, esa que dibuja hoyuelos en su rostro como si no pudiera evitarlo. Sus ojos azul marino me observan con calma, sin prisa, y su aroma —pino, tierra húmeda, algo profundamente vivo— llena el espacio de inmediato. Me tranquiliza al instante. Creo que de verdad es un buen alfa. Y aunque mis sentidos de cambiaformas no estén en plena forma, algo en mí lo reconoce. Lo acepta. —Traje la cena —dice—. ¿Puedo pasar? No tendría por qué preguntar. Es el alfa. Podría entrar sin pedir permiso. Pero aun así lo hace. Sonrío apenas y me hago a un lado. Coloca la bandeja sobre la pequeña isla. Todo huele increíble. —No sabía cómo estaría tu estómago —continúa—, así que traje sopa de papa al horno, pan casero… y pastel de chocolate para después. La palabra chocolate hace que mis ojos se abran de par en par. Él lo nota y suelta una risa baja. —Ajá… —dice—. Así que te gusta el chocolate. Asiento con energía. —A mí también —confiesa, bajando un poco la voz—. Pero no se lo digas a nadie. No necesito que los cambiaformas piensen que su alfa sobrevive a base de chocolate. Aunque… —añade con una sonrisa cómplice— tengo varias barras escondidas en mi escritorio. Le devuelvo la sonrisa antes de poder detenerme. Ronan empieza a servirme la comida. Me siento a su lado en la isla. Espero a que él coma primero, pero se queda quieto, observándome. —Come —dice simplemente. Y eso es todo lo que necesito. Ataco el pastel sin ningún tipo de dignidad, lo que provoca que él se ría de forma exagerada. —Oye, la sopa también es importante —bromea—, pero respeto las prioridades de una omega. Me pasa su porción de pastel. —Toma. Quédate con el mío. Yo sé dónde guardan más. Pero no se lo digas a Cristina —añade en voz baja—. Si en la cocina se enteran de que regalo el postre a escondidas, me van a perseguir con un rodillo. Lo tomo con cuidado. Planeo comerlo después… si es que llego a eso. —Liora —dice entonces, con un tono distinto—. ¿Quieres contarme sobre tu familia? El nudo en mi estómago regresa. Lo miro con cautela, pero tomo mi libreta. Escribo despacio, eligiendo cada palabra como si fuera frágil. Cuando termino, se la paso. Ronan lee en voz alta, sin dramatizar, sin suavizar demasiado: —«Vengo de una familia pequeña. Mi madre, mi padre y una hermana menor. Los mataron cuando me secuestraron. Fue delante de mí. A todos menos a mi padre. El alcaide dijo después que también lo mató y quemó nuestra casa». Su voz no tiembla, pero sus manos sí, apenas. —¿Te habías transformado antes del secuestro? —pregunta—. Tendrías… ¿catorce años? Asiento. Escribo una sola palabra en la libreta, que queda entre nosotros. Una vez. Se inclina para leerlo. Cuando levanta la vista, hay tristeza en su expresión y una sonrisa tensa que no alcanza sus ojos. —Ojalá algún día puedas contarme más sobre ellos —dice—. ¿Puedo preguntarte por qué no quieres volver a tu antigua manada? Trago saliva. Escribo de nuevo. —«¿Todos murieron en el incendio? ¿Una manada entera? ¿Estás seguro?» Lee. Asiento. No vi la aniquilación con mis propios ojos, pero el guardián se encargó de describirla con un nivel de detalle que todavía me quema por dentro. Ronan abre la boca para seguir preguntando… Pero unos golpes firmes en la puerta interrumpen el momento. Y algo en la forma en que su cuerpo se tensa me dice que la noche aún no ha terminado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD