Cap 20

900 Words
Ronan El golpe en la puerta corta la conversación como una cuchilla. El cuerpo de Liora se tensa de inmediato. Lo siento incluso antes de verla reaccionar: el aire cambia, su respiración se vuelve más corta, más superficial. El pánico le cruza los ojos. Y no la culpo. Nadie debería irrumpir aquí. Este lugar es su refugio, y solo unos pocos saben dónde se hospeda. Me pongo de pie antes de que ella pueda moverse. Mis sentidos ya me han dicho quién es. Y no me agrada. Abro la puerta con el ceño endurecido. —¿Cristina? —gruño, dejando que mi voz baje un tono peligroso—. ¿Qué demonios haces aquí? Barak empuja contra mi barrera mental, inquieto, protector, con los colmillos listos. Ella alza la barbilla, sorprendida… y ofendida. —¿Cómo que qué hago aquí? —responde—. Te estuve buscando todo el día. Dijiste que volverías a verme y desapareciste. ¿Por qué estás aquí tú? Mis ojos se oscurecen. —Porque soy tu alfa —contesto despacio—. Y sería prudente que recordaras con quién estás hablando y ajustes ese tono. Te hice una pregunta. ¿Por qué estás llamando a esta puerta? Cristina parpadea, claramente descolocada. —Yo solo… pensé en pasar y presentarme. Me parece importante que la chica del rescate también me conozca. Da un paso para entrar. Le bloqueo el camino al instante, el cuerpo firme, inamovible. —Primero —digo, frío—, no deberías estar aquí. Ayer fui claro: nadie cerca de ella salvo Ryker y yo. —Segundo: ¿cómo sabes dónde se hospeda? —Y tercero —mi voz se vuelve de acero—, no es “la chica del rescate”. Su nombre es Liora. Y lo usarás si pretendes dirigirle la palabra. ¿Quedó claro? Cristina aprieta los labios. —Sí… sí, Ronan. Escuché en la cocina que estaba aquí. Solo quise ser útil. Pensé que, si va a pasar tanto tiempo contigo, quizá debería acostumbrarse a mí también. —Hace un gesto conciliador—. ¿Puedo entrar ahora? —No —respondo sin rodeos—. Conocerte no es más importante para ella que conocer a cualquier otro m*****o de la manada. Y no va a conocer a nadie hasta que ella lo decida. Veo cómo algo le duele. Luego, con práctica antigua, recompone el rostro en una máscara de indiferencia. Miro por encima del hombro hacia Liora. Sigue sentada junto a la isla. Ya no parece asustada… pero tampoco está tranquila. Su expresión es plana, cerrada, como si se hubiera retirado varios pasos hacia adentro de sí misma. Mientras observo a Liora, Cristina aprovecha y se desliza a mi lado, entrando sin permiso. —Oh… —dice, mirando la comida—. No sabía que estaban cenando juntos. Pensé que eso era lo que haríamos tú y yo. Me giro despacio. —No recuerdo haber hecho planes contigo. —Qué raro… —sonríe—. Debo estar confundida. En fin, ya que estoy aquí, quiero presentarme. Camina directo hacia Liora, extendiendo la mano con una sonrisa exagerada. —Hola, Liora, soy Cristina… oh, por la diosa— Retira la mano de golpe, sin darle siquiera la oportunidad de responder. —Mira tus brazos… y tu rostro. Estás llena de moretones. Vaya. —Hace un gesto teatral—. Quizá podamos conseguirte maquillaje para cubrirlos. Como ya no tienes sanación de cambiaformas, podría tardar muchísimo en desaparecer todo eso. No querrás que toda la manada lo vea, ¿no? El gruñido me nace desde el pecho. No lo controlo. El sonido hace que ambas giren la cabeza hacia mí. Liora baja la mirada de inmediato, por puro instinto, exponiendo su cuello en sumisión. Cristina, en cambio, frunce el ceño. —No necesita cubrir nada —digo, cada palabra cargada de autoridad—. No va a pintarse con tu guerra femenina para esconder lo que otros le hicieron. Es hermosa tal como es. Los moretones no son vergüenza. Son prueba de la fuerza que tuvo para sobrevivir. Cristina abre la boca, pero no la dejo hablar. —Y no va a conocer a nadie más de esta manada hasta que esté lista. ¿Me explico? —Cristalino —responde, alzando las manos—. No quise decir nada malo. Tienes razón… es hermosa. —Inclina la cabeza—. De hecho, no recuerdo haberte oído llamar “impresionante” a otro cambiaformas antes. Lo cual es curioso, considerando que la manada está llena de gente atractiva… y que tú me ves todos los días. Mis cejas se disparan. —Estoy bromeando —añade rápido, riendo—. Relájate. No necesito que me digas que soy impresionante. Ya lo sé. Aunque no estaría mal escucharlo alguna vez. Me guiña un ojo. Mis ojos brillan en dorado. Barak ruge con fuerza dentro de mí. —Cristina —digo con voz baja y peligrosa—. Soy tu alfa primero. Tu amigo después. Y ahora te ordeno como alfa que te vayas. Ella se gira hacia la puerta. Antes de salir, nos mira una última vez. Hay algo tenso en su expresión. Algo que no me gusta. La puerta se cierra. El silencio cae pesado. Miro a Liora. Su respiración es contenida, sus manos apretadas sobre el regazo. Qué desastre. Y esto… —aprieto la mandíbula— esto recién empieza.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD