Cristina
Esa perra estúpida.
No necesito olerla para saber que sigue aquí. Su rastro está en los pasillos, en el aire, en cada rincón que Ronan pisa sin darse cuenta. Lavanda. Agua tibia. Algo dulce. Algo que no debería pertenecerle todavía… y sin embargo lo hace.
Aprieto los dientes mientras camino de un lado al otro de mi apartamento. No dormí. No comí. No pensé en nada que no fuera ella. En Liora. En cómo llegó rota, silenciosa, frágil… y en cómo, sin mover un dedo, empezó a ocupar un lugar que no era suyo.
El enlace de la manada está en calma ahora, pero anoche… anoche vibró distinto. No lo suficiente como para ser una orden. No lo bastante fuerte como para ser una advertencia. Solo lo justo para clavarme una astilla bajo la piel.
Ronan.
Siempre Ronan.
Me paso una mano por el cabello, respirando hondo, tratando de ordenar este nudo en el pecho que no se parece a nada que haya sentido antes. No es amor. No es deseo. Es algo más feo. Más bajo. Más primitivo.
Miedo.
Porque yo sé lo que soy para él.
Sé exactamente qué lugar ocupo.
Y sé lo fácil que es perderlo.
Me acerco a la ventana y miro hacia el ala donde están sus habitaciones. Donde ella está. Protegida. Cuidada. Escuchada. Él no se da cuenta, pero cambia cuando habla de ella. Su voz se vuelve más suave. Más paciente. Como si algo dentro de él ya hubiera decidido.
Aprieto el puño.
Yo fui la que estuvo cuando no había nadie más.
Yo fui la que entendió las reglas.
Yo fui la que aceptó no pedir nada.
¿Y ahora?
Ahora llega esta loba silenciosa, con ojos grandes y heridas visibles, y el mundo se inclina hacia ella como si fuera inevitable.
Me muerdo el labio con rabia.
No es justo.
No me levanto para ir a buscarla. No hoy. No todavía. Sería un error. Ronan odia los desafíos directos, y yo ya crucé una línea una vez. No volveré a cometer ese fallo… no sin pensar.
Respiro. Me obligo a calmarme.
La guerra no se gana con impulsos.
Se gana con tiempo.
Con paciencia.
Con saber esperar.
Ella es débil. Todavía.
Yo no.
Y aunque ahora Ronan crea que tiene todo bajo control, aunque piense que puede protegerla de todo… hay algo que no ve.
El vínculo no pide permiso.
El alfa no elige cuándo cae.
Y cuando lo haga…
Yo no pienso quedarme mirando.