3 de noviembre.
Querido Napoleón.
Así te llamas, lo has confirmado a las cuatro de la mañana cuando me has llamado para preguntarme si estaba bien, te has quedado en el teléfono escuchándome quejarme por el dolor de cabeza, pero aun así te has quedado. Tienes la risa más fresca y dulce que jamás nunca había escuchado, o tal vez sí, pero ninguna causo tanto impacto como la tuya.
No puedo olvidarme de tus ojos, de la forma en como tus labios se elevaban para sonreírme y yo me quedé admirándote, como si fueras la puesta de sol que tanto he anhelado ver.
¿Así se siente el amor a primera vista? Porque no me sentí nerviosa, solo me sentí tranquila, preparada para que me ames y yo te ame. Quiero tenerte cerca, tanto que tú necesites el roce de mis dedos para poder sonreír, para poder suspirar. Quiero sentir la suavidad de tus labios sobre los míos y saber que se siente, ¿Serán así de suaves como se ven? O seguramente son salvajes.
Quiero volver a verte, quedan tres días para poder verte, para escucharte reír y sentir tus ojos puestos en mí. Estoy contando los minutos, las horas y los días para verte. Quiero volver a sentirme perdida en el calor de tu cuerpo y en la calidez de tus ojos, quiero creer que soy correspondida, que no solo yo siento aquella tormenta de emociones, todas desconocidas.
¿Tú también sientes lo mismo que yo? Por favor, siente lo mismo, no podría sobrevivir en un mundo donde amo por primera vez y no soy amada. Quiero ser correspondida, quiero que tú me amas, no ellos, quiero que tú lo hagas.
Siempre tuya, Zoy.
Napoleón cerró la carta con cuidado y miro el pequeño sobre rosado con pequeñas chispas blancas, de fondo estaba la canción bésame mucho de Jorge Blanco y su corazón se hizo pequeño, por una extraña razón estaba llorando y sentía un intenso dolor en su pecho. No recordaba aquel día, tampoco haberla llamado y mucho menos la primera vez que Zoy y él se habían conocido. Pero ahí estaban las pruebas, líneas que bailaban y se abrazaban unas a otras.
—Hay más —su hermano Iyali le pasó la pequeña caja marrón y la abrió mostrando muchos sobres de diferentes colores atadas a pequeñas fotografías, Napoleón se puso de pie y pasó sus dedos por su cabello sintiendo un malestar en su cabeza—. Te di el espacio que pediste, pero te casaste ¿Dónde queda Zoy?
—Todos parecen conocer muy bien esa historia de amor ¡Yo no la recuerdo! —Explotó, Iyali se recostó en el sillón y dejó la caja en la mesa de cristal sacando una pequeña carta, pero solo tomó la fotografía—. No recuerdo nada.
—Mientes —su hermano gemelo lanzó la foto y Napoleón vio la imagen, Zoy se veía muy joven y aquel vestido amarillo le quedaba muy bien, tan bien que no pudo apartar la mirada—. Tal vez no hay recuerdos, pero el amor no muere y menos ese amor que gritaste a cuatro vientos, ese que me refregaste en la cara.
>>Es una mujer extraordinaria que se fijó en el tatuador y no en el intelectual, peleaste conmigo porque te dije que me gustaba, me pegaste y no la llevaste a ninguna de las reuniones porque sabías que coquetearía con ella. Zoy es una chica maravillosa, y ahora que está sola...
—Estás saliendo con alguien —Napoleón siseó sin saber con qué intención Iyali había llegado con aquella caja y le había tendido las cartas que Zoy supuestamente le había escrito, y que él en su momento las había guardado.
—No, son solo citas ocasionales. Te muestro esto, no para ayudarte, es para que veas lo que perdiste, me encanta estar presente cuando lo pierdes todo. —el rubio arregló la camisa blanca y luego se colocó el saco encima, miró la caja y con un asentamiento salió de uno de los locales de Napoleón, el tatuador apretó los labios y miró las imágenes de sus grandes obras, pero en especial uno.
No pudo evitarlo, así que le dijo a Baby que cancelara la siguiente cita, que la pasara para dentro de una hora, que ahora se encontraba indispuesto. No llamadas, no clientes. Se sentó y con cuidado abrió la siguiente carta, recogiendo el aroma a vainilla, ese que la muchacha solía llevar.
17 de noviembre.
Mi querido Napoleón.
Me has dicho que fue por un espía inglés, tu madre tenía una fascinación por las series policiales inglesas, y que ambos hermanos llevaban el nombre de grandes héroes. Me gusta más tu nombre, me gustas más tú, aunque tu hermano físicamente sea idéntico a ti. Tú eres especial.
Desde que te conocí he querido tenerte cerca, he querido sentir tus dedos entre los míos y tus labios devorándome, me has besado, nuestro primero beso ¿por qué has tardado? No importa, ha valido la pena, cada cita y ahora este, nuestro primer beso. Creo que no puedo sacarte de la cabeza, creo que estoy enamorada y tengo miedo a perderte, soy tan joven y tú has vivido tanto, nada podría impresionarte.
Quiero ser dueña de tus miradas, de tus sonrisas y besos. Soy egoísta y te quiero únicamente para mí.
Hoy estaba recostada en el café esperándote, me dijiste que estabas haciendo un trabajo de cinco horas, una sesión larga. En la cafetería se escuchaba la música de Aitana y has llegado, no te he visto pero te he olido, me has rodeado con tus manos y has besado mis mejillas. Hueles bien, hueles al amor de mi vida y te lo he dicho, has sonreído diciendo que desde que me viste supiste que era el amor de tu vida.
Si este es un sueño no quiero despertar, lo tengo todo contigo, lo quiero todo contigo. Siempre que intenté amar nunca me amaron, siempre que quise vivir un romance como en los libros ellos preferían amar solo una noche, y ahora que he deseado amar llegas tú para robarme el corazón. Es todo lo que necesito, eres todo lo que necesito.
Eres el abrigo que me cuida del frío, eres todo lo que busqué y terminé encontrando por casualidad.
Siempre tuya, Zoy.