En el presente:
Esbozó una sonrisa cuando Máx le tendió la lata de cerveza helada y le agradeció, ambos se sentaron esperando que la orquesta de Papillon se presentara, era de cumbia, un ritmo de música que se escuchaba y bailaba en su país, uno que hacía que su cuerpo picaba. Recordaba la última vez que los había visto, no los escuchaba y su amiga Abril la había llevado, habían bailado hasta al amanecer y lo había conocido, claro que recordaba ese día.
— ¿Sabe tu señora esposa que estás aquí? —Máx rio y se echó hacia atrás, fue su profesor y también la ayudó con la tesis, era un hombre demasiado inteligente, con una belleza extraordinaria y una labia que envolvía a cualquiera. ¿Quién no caería en las redes de Máx Rogers?
—Sabe dónde estoy, bueno, aun no es mi esposa —Zoy soltó una risita al ver como los ojos del profesor brillaban—. Iba acompañarme, pero..., está embarazada y debe guardar reposo.
— ¿Vas hacer papá otra vez? ¡Oh, dios mío! —Zoy chilló y Máx soltó una ronca carcajada que llamó la atención de más de una mujer que se giró a mirarlo. El profesor se puso de pie para ir por otra cerveza dejando a la joven sorprendida, al caminar movía los hombros de una manera graciosa y era encorvado, pero eso no le restaba al atractivo, al contrario. Cuando volvió tenía una sonrisa en la boca.
—Será un niño, mis hijas les costó asimilar esto —forzó una sonrisa y Zoy se inclinó tomando sus manos, dándole un suave apretón—. Ahora están felices con la llegada de Máximo, es un bebé esperado.
— ¿Y ella? ¿Qué tal?
— ¿Sofía? No hay día donde no le pida perdón —el brillo se fue, pero a los segundos regresó cuando Zoy mencionó a la dueña de su corazón y la futura mamá de su hijo—. Peleamos, es caprichuda, pero nos amamos, nos volvemos loco y daría todo por ella. Sufrí por lo que hice, y al final mi recompensa fue ella, aunque no lo merecía.
—Tonterías, todos merecemos una oportunidad. Tú fallaste, eres humano y que nadie venga a juzgarte, que todos somos pecadores.
Después de eso se pusieron de pie cuando el grupo llegó y empezó a cantar, ambos con las cervezas en sus manos bailaban o cantaban, pero a medianoche empezaron a cantar quien no lloró por amor, y los ojos de Zoy se cristalizaron y acompañó a los cantantes, entonando aquella dolorosa canción:
¿Quién no lloro por amor? ¿Quién no sufrió por una traición?
Quien no guardo aquí un dolor, no vivió
Te maldije tantas veces, con insultos te llamé, con llantos y desprecios así de rancia te enfrenté.
En esta batalla fui yo quien perdió.
Máx envolvió su mano alrededor del delgado cuerpo de la muchacha y la abrazó con fuerza, sabiendo cuanto le afectaba el tema de Napoleón, al final la joven se disculpó diciendo que iría al baño, quiso acompañarla, pero aquella tristeza en los ojos está vez no necesitaba compañía.
Zoy limpió sus ojos y salió a la terraza de la discoteca escuchando aun la voz del joven cantar y los gritos alrededor. Refregó su rostro y terminó llorando, porque aún lo amaba, porque no podía olvidarlo y fue así, con aquella orquesta y en un lugar parecido donde lo conoció.
—Dos coronas y una con limón —pidió la joven moviendo los hombros ante la música, al final le había gustado, no había como su música peruana, el bailar todo, llevarlo en la sangre. Cuando se giró se enfrentó a unos ojos verdes oscuros o azules oscuros, no podía verlos bien por la oscuridad, pero lo que si tenía claro era la sonrisa en la boca del hombre y el cabello rubio.
Era alguien más grande, no como su ex que llevaba una perforación en la oreja y trataba de dejarse barba y al final del mes solo tenía tres pelos. No. Ese hombre tenía una escasa barba de días, olía bien y llevaba ropa que seguramente costaba mucho más que el celular que su padre le había regalado.
— ¿Ahora dejan entrar a las niñas de quince? —el inquirió y el encanto se fue.
—Pues sí, pero lo que me sorprende es que los ancianos como tú estén aquí —el barman rio y el hombre le lanzó una mirada seria que hizo borrar toda sonrisa en la cara, se giró viendo a la joven que esperaba que se apartara para poder avanzar—. ¿Qué tienes? ¿Cuarenta?
—Mira, ¿tu madre no te enseñó a respectar a los mayores?
—Pues sí, dime, tú debes de conocerla..., seguro iba en primero cuando tú ya estabas en quinto de secundaria —soltó y el hombro esbozó una sonrisa, riendo por lo que decía—. Me has caído bien, soy Zoy.
—Napoleón.
— ¿Napoleón? —Soltó una carcajada y los amigos del hombre que estaban atrás de él empezaron a reír por lo que soltaba la muchacha—. ¿Tus padres no tuvieron un mejor nombre?
—Napoleón era perfecto para mí, ¿No te parece bonito, Zoy? —se acercó y depositó un beso en la mejilla, olía delicioso, todo en ella lo había cautivado. La había visto llegar con sus amigos, la había visto bailar salsa y cumbia, luego había escuchado pedir cervezas y no pudo detenerse.
—Para ti anciano, pues si —la joven no solía comportarse así, solía ser demasiado seria ¿Qué le pasaba esa noche? Sin despedirse se alejó y Napoleón la llamó, Zoy con una mueca lo miró molesta—. ¿Qué?
—Vas hacer mi esposa, Zoy. Ve viendo las damas de honor.
—Brincos dieras.
—¿Crees en el destino? —inquirió llamando la atención de la joven, quien miró hacia su amiga, que bailaba animadamente con un hombre, así que todavía tenía un poco de tiempo para responderle.
—¿Piensas que el hilo rojo se enredó y nos unió? —bromeó sentándose otra vez y Napoleón la admiró.
—No exactamente, pero, estamos aquí.
—Dime, ¿eso te funciona?
—No, claramente —sonrió y Zoy suspiró por la bonita sonrisa.
—Me voy, Napoleón.
—Vamos a casarnos, ¿quieres que esta orquesta toque en la fiesta de nuestra boda?n
—Quisiera tener tanta suerte, querido.
La joven sacudió la cabeza ante esos recuerdos y sonrió, se giró, pero su sorpresa fue mayor a encontrarlo allí, de pie y con pañuelo blanco.
— ¿Estás bien?
Verlo ahí de pie la hizo sentir más triste, encontrarlo tan seguido era algo que le desagradaba mucho, porque entre la frialdad que mostraba, su corazón se hacía añicos, se destruía. Gimió y una sonrisa triste tiró de sus labios.
Sí, si estaba bien, quería decirle, pero sus ojos cristalizados y su rostro mojado indicaban que aquella muchacha estaba sufriendo.