EPÍLOGO

1177 Words
Iyali pegó su frente a la pared, abrumado con todo lo que se había enterado esa noche, ¿Cómo era posible todo eso? ¿su hermano? Ya ni siquiera sabía si aquel hombre que era físicamente igual que él, era alguien bueno, él había cometido errores, pero como los que Napoleón hizo, ninguno. ¿Cómo se sentiría su padre al enterarse de todo eso? Tenía que decírselo, pero antes no había encontrado mejor manera que hablarle a Zoy, contarle, ¿a su exmujer? Sí, tal vez ella sabía, tal vez ella podía darle una pista de porque su hermano había cometido muchas locuras, tal vez, tal vez... —Buenas noches, pero ¿qué pasó? —Ay, Zoy —Iyali susurró, cansado y con los ojos vidriosos que ni siquiera se atrevió a esconderlos, no tenía ese escudo que podría protegerlo. Zoy sin saber por qué estaba así, lo abrazó, parecía que su corazón necesitaba calma y si ella podía ayudar, lo haría. —Vamos, vamos —susurró tomando su mano y llevándolo a su departamento, antes de que le diera algo, le hizo un café y le dio ropa de Cleyton había dejado, así se daba un baño, estaba completamente mojado el pobre. ¿Qué lo estaba atormentando? Ella no quiso ser metiche, pero cuando se acercó al baño lo escuchó sollozar y supo que algo grabe estaba pasando. Lo esperó en living con dos tazas de café con leche, budín de plátano y una media sonrisa, él salió con el cabello húmedo y cayendo en su frente, la ropa de su hermano le quedaba grande, y aunque no era su estilo, se veía muy bien. Ella pudo ver sus ojos rojos, así que confirmó que había llorado. —Me entró jabón a los ojos —se excusó sentándose—. Lamento todo esto, Zoy. —Somos amigos, puedes decirme que está pasando. —Pero antes, dime que no me mentirás —susurró, le rogó y Zoy tomó sus manos que temblaban, ella asintió e Iyali asintió—. Es sobre Napoleón. —Me imaginaba, él siempre genera esas emociones en las personas que lo conocemos —susurró tendiéndole el café, él empezó a tomar, agradeciendo por que era la primera comida en el día. Comieron en silencio, solo podían escuchar los ronquidos de Eros, ambos compartieron una sonrisa por eso. Cuando terminaron, ella volvió a traer café e Iyali empezó, debía estar preparada, algo le decía que su corazón debía estar listo. —Mi padre me pidió ayuda para averiguar sobre unas deudas de Napoleón —él murmuró y luego la miró, ella se veía confundida—. Resulta que él se endeudó mucho, pidió dinero prestado a la empresa... —¿Cómo? Pero si se supone él siempre tenía un ahorrado, ¿Por qué prestaría? —Eran deudas grandes —Iyali tomó sus manos, suave—. Él se metió en deudas grandes de las cuales actualmente no recuerda, así que mi padre me pidió que averiguara de que habían sido, y eso hice. Me tomé el tiempo de averiguar fingiendo ser él... —¿Es un juego que tienen ustedes, fingir ser el otro? —preguntó molesta. —Es la primera vez que lo hago, Zoy, y meramente por obligación —respondió y era cierto—. Nunca he podido ponerme en los zapatos de mi hermano y no lo haré. —Prosigue, por favor. —Descubrimos que sus deudas habían sido con extranjeros, no creí que me creyeran, pero estaban tan drogados que omitieron el hecho de que Napoleón tenía un gemelo —dijo con firmeza—. Preguntaron sobre si quería prestamos, si que quería poner en sus manos, y uno soltó todo lo que Napoleón hizo. —¿Qué? Iyali sacó fotos, documentos de la mochila y los dejó en la mesa, Zoy no se atrevió abrirlos, por miedo, mucho miedo. —Napoleón pagó para que saquearan uno de los locales —susurró y Zoy lo miró boquiabierta—. Insumos, maquinas, dinero, todo. Necesitaba dinero para abrir más locales pero lo que ganaba en dos, no le cerraba para uno en el centro de la ciudad, así que los contrató, pero, Napoleón quería más, así que después de que ellos vendieran los insumos y maquinas, le dieron una parte, se quedaron con otra. —Napoleón le faltaba muy poco para tener el dinero requerido, ahora que el seguro le había devuelto todo, no se preocupaba por el taller dos, así que, fue por más y recayó en algo que fueron rumores en la secundaria. Aceptó vender drogas en los locales, con una cantidad alta de ganancias, poniendo como pie de pagina que podía perder clientes, así que arriesgaba. —Napoleón había ganado muy bien, lo tenía todo, pero, le robaron —murmuró y vio el rostro de Zoy lleno de lágrimas—. El dinero que sería suyo y el de ellos, por supuesto, ellos no comprendieron y estoy casi seguro de que fueron ellos quienes enviaron a la gente para robarle a Napoleón, pero él no se dio cuenta. Tuvo que empeñar tu casa, y luego Davide se enteró de eso, pero cosas buenas, por supuesto, ya que Napoleón fue hábil para que nadie supiera. —No puede ser... —Davide y Napoleón tomaron dinero de la empresa que nos les correspondía, y lo ocultaron por más de tres años —siseó molesto—. Hoy tuve que soltarles una cantidad grande de dinero para que me dieran todas las pruebas donde se veía a Napoleón ahí, también fotos, documentos. —Has borrado todas las pruebas... —No, se las quité a delincuentes que pueden usarla en contra de la familia y tú estás ahí —sus ojos oscurecidos se fijaron en el rostro lloroso de Zoy—. Hoy le entregaré todo a mi padre y él tendrá que decidir, pero si por mi fuera. —Metes a Napoleón a la cárcel. —¡Él vendió drogas a menores! —estalló con rabia—. Mi hermano le vendió a niños porque necesitaba dinero... —¿Puedo ver las pruebas? Él asintió y Zoy con las manos temblorosas tomó los documentos, revisó las fotos y las lagrimas corrieron, en varias fotos se le veía fumando, en otras inhalando cocaína, sabía que era él, podía reconocer al amor de su vida..., perdiéndose. En otras fotos estaba en el local mientras recibía un paquete envuelto, miraba alrededor, en otras ocasiones se veía como grupo de jóvenes entraba y salían casi de inmediato, la cara de los muchachos se repetía, así que no podían ser tatuajes, claro que no. —Él hizo cosas malas. —¿El accidente ellos lo causaron? Ese donde perdí a mi hijo... —No lo sé, Zoy —ella rompió en llanto e Iyali la abrazó con fuerza—. Ay, niña. —No podemos dejar que su hijo crezca sin él —razonó con él, viéndolo con los ojos llenos de lágrimas—. Debemos hablar con tu padre. —¿Quieres dejarlo libre, Zoy?
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