CAPÍTULO DIECIOCHO: ES QUE YO QUIERO
Napoleón no había ido a la cárcel y aunque Zoy había querido mantenerse al margen, era imposible no reunirse con Iyali y no hablar de eso, había sido un juicio largo, muy largo y al final había sido soltado, por supuesto, no antes dar una compensación y poco tiempo la red de los extranjeros habían sido detenidos, encontrando que era ilegales y en poco tiempo fueron reportados a su país de origen.
Nunca se mencionó el nombre de los Ocampos, por el miedo de que la familia sufriera represalias, así que por ahora su nombre no sabe, salvo en los medios que salía sobre aquella pareja que buscaba a sus gemelos que actualmente debían tener 36 años, la edad de Iyali y Napoleón, sabía que esa familia estaba ansiosa porque algo les decía que ellos ya sabía el paradero de los gemelos, pero al saber que provenían de una familia con dinero, podría poder sacar plata, e irse dejando un escándalo atrás suyo.
Zoy estaba feliz por la respuesta del publico con la novela, cada día iba en aumento todo y por ende su nombre sonaba con más fuerza, ahora le habían ofrecido trabajar en una obra de teatro, así que estaba emocionada por ingresar a ese proyecto, sin lugar a duda en el lado profesional, todo bien demasiado bien.
¿Sus sentimientos? Ella ya no lloraba por Napoleón, su corazón estaba empezando a repararse y eso era un alivio para sus noches, ya no lloraba, ya podía mencionar su nombre sin temblar. La vida era curiosa respecto a los sentimientos de alguien, puedes amar mucho a una persona, pero cuando esa persona ya no te ama, te vas haciendo a la idea, vas alistando las maletas en silencio y te vas, cuando estás en un vuelo hacia algún destino mejor, esa persona te manda un mensaje, ahora amándote. Se preguntó entonces, ¿Por qué el amor era así? Pero no quiso buscar respuesta, estaba cansada, así que, solo se alegró de que ya los malos sueños se habían ido.
Ese día había terminado tarde, estaba cansada, así que solo quiso ir a su casa y por esa noche dejar a Eros con Cleyton, los niños estarían felices y ella por hoy no tendría que sacarlo al parque. Cuando llegó a su casa, sonrió al encontrarse a Iyali de pie con una bolsa de papel, podía deducir que era comida, llevaba su traje impecable y su maletín, así que no debía ser adivina para saber que él había salido recién del juzgado.
—Dime que al menos es pollito a la brasa con papas —susurró ella acercándose, él ladeó la cabeza ocultando una sonrisa, la joven se inclinó dejando un beso en su mejilla.
—Por supuesto, tus estados de wassp son de: Quiero comer pollo a la brasa.
—No siempre.
—Todos los días, cada imagen tiene un día de la semana, así que —ella soltó una carcajada ante eso, era verdad, sus estados con los días de semana junto con un pollito, ella amaba el pollito a la brasa, era una delicia. La joven abrió la puerta del piso y ambos ingresaron—. ¿Cómo estuvo tu día?
—Magnifico, tal parece que me llamaran para una obra de teatro. —sonrió emocionada, saliendo del ascensor—. ¿Y el tuyo?
—Un juicio de alimentos, el padre ha tenido hijos en cada pueblo —murmuró cansado—. ¿Eros?
—Con su tío —ella dejó sus cosas en la mesa de cristal que estaba en la entrada—. ¿Cuánto piden por hijo?
—Trecientos, pero él quiere dar cien soles —siseó yendo a la cocina para dejar las cosas en la mesa—. Voy a hacer que de hasta quinientos por hijo, ese infeliz. Pobres criaturas.
—¿Ya lo odias? —inquirió divertida viéndolo moverse por toda la cocina, como si fuera suya, y es que, ellos tenían una amistad donde todas las noches él comía ahí, hacían cosas muy intimas que a veces la hacían sentir diferente, pero, no se debía confundir nada, él era el gemelo de Napoleón.
—A todo aquel que huye de sus responsabilidades, sí. —le regaló una falsa sonrisa y ella negó, mordiéndose el labio mientras se sentaba y dejaba que él cortara el pollo, lo sirviera, preparara la ensalada y sirviera la bebida.
Se veía bien ahí.
Sacudió su cabeza ante esos pensamientos.
Se sentaron frente a frente, riendo, hablando de todo. Ambos estaban cómodos, Iyali disfrutaba muchísimo estar en compañía de Zoy, había dejado de querer acercarse de forma romántica, ahora, él estaba siendo su amigo, desde que la amistad de Zoy y él se formó, entonces no volvió a comer solo y era algo que le gustaba muchísimo.
Sonrió viéndola reír a carcajadas, hasta que sonó la puerta. Ambos vieron la hora, pasada de las doce, ¿Quién era? Y como había podido entrar al edificio sin antes llamar. Zoy se apresuró a la puerta e Iyali la siguió, ambos compartieron una mirada de desconfianza, después del caso de Napoleón estaba la paranoia de que esas personas se aparecieran en la puerta de ellos.
Zoy abrió y su sorpresa fue mayor cuando se encontró a Napoleón, éste esbozó una sonrisa al verla pero, después se borró al ver por su hombro a Iyali, se puso tenso, tanto que su rostro enrojeció.
—¿Qué haces aquí?
—Es una pregunta que Zoy debería hacértela a ti —dijo, él—. ¿Qué haces aquí?
—No son horas de estar en su departamento, al final siempre estuve en lo cierto, siempre has querido meterte con ella —escupió molesto—. ¿Qué dices de eso?
—Napoleón, ¿Qué haces aquí? ¿Cómo lograste entrar?
—Yo, había unos jóvenes y me dejaron entrar, pensé que —susurró y luego miró a Iyali—. Obviamente me confundieron contigo, porque deben verte seguido aquí.
—No es algo que te importe, Napoleón, te invito a que te vayas de mi casa.
—Zoy, yo quiero hablar.
—Yo no. Por favor, retírate.
—¿Estás enamorada de Iyali?
—Vete de aquí, Napoleón, ¿no te das cuenta de que la incomodas? —los ojos del hombre viajaron hacia ambos, no pudo evitar ver como Zoy había retrocedido e Iyali había tocado su mano, suave, delicado. No había una relación, pero ahí, algo se estaba formando.
—Me voy. Pero, ten algo en cuenta..., Iyali no va a amarte como yo te amo —le dijo, voz firme y luego sonrió—. Es falso.
—¿Somos el reflejo del otro? —Iyali estaba serio—. Ni siquiera nos parecemos, ya ni en el cabello.
—Él es falso, Zoy, miente mejor que yo.
—Es mejor que ambos se vayan, por favor —Iyali no dijo nada, asintió y luego fue por su maletín, antes de irse dejó un beso en la frente de Zoy para después salir, seguido de Napoleón, ambos iban quejándose, reclamándose, pero Zoy cerró la puerta para no escucharlos más.
¿Falso? Y si Iyali era como Napoleón, ¿por qué estaba confiando en él?