4. Disonancia.

4625 Words
La salida del evento fue más atropellada que en otras ocasiones, la mujeres parecían haber perdido cualquier rastro de cordura y decencia, incluso llegaron al punto de desabrocharse el escote con tal de llamar su atención y algunas más osadas, hacían insinuaciones con sus piernas, que el grupo tuvo que ignorar por su bien. - Muévanse, muévanse, que vienen otra vez!!- gritó T mientras abría la puerta trasera de la camioneta con un golpe seco. Lennox fue el primero en subir, todavía ajustándose la sudadera, seguido por su compañeros que se agolpaban y empujaban, entre risas ahogadas, y un latente nerviosismo porque finalmente reunieran la cantidad suficiente para alquilarlos por toda la noche. - Dije que se muevan, carajo!- rugió T desde el asiento del conductor al ver por el retrovisor a un grupo de mujeres saliendo apresuradas del local, entre risitas y chillidos, una de ellas agitando lo que claramente era un fajo de billetes en la mano. - Es la de los lentes de corazón!.... y trae refuerzos!!!- avisó Matías subiendo de un salto y cerrando la puerta con fuerza- esa mujer me quería firmar el torso con plumón indeleble! - Y yo pensé que ustedes exageraban con lo de intensas!!- bufó Zack mientras se desparramaba en el asiento trasero, sudado, despeinado y sin su camisa. T no esperó más y de inmediato encendió el motor con rapidez, pisó el acelerador provocando que las llantas patinaran, la camioneta soltó un poco de humo antes de que el motor rugiera por la avenida y, en el retrovisor, las luces del local y las siluetas de las mujeres se desdibujaron justo a tiempo. - Por qué siempre terminamos huyendo como delincuentes?!- se quejó Matías, mientras se quitaba el sombrero y se pasaba la mano por el rostro. - Porque no puedes decirle que no a una mujer que te dobla en salario y te triplica en seguridad emocional- bromeó Nick recostado con los brazos detrás de la cabeza-vieron lo que me insinuó una de las mujeres: "ven para acá, muñeco, te comería vivo"- replicó afeminado su voz-..... sentí miedo real. - Yo sentí una tarjeta corporativa con crédito ilimitado- añadió Zack con picardía- pero no valía mi dignidad, o al menos, no esta noche. - Y tú, capo?- preguntó Nick, adelantándose hacia Lennox- qué tal la tigresa de lentes? El hombre exhaló profundamente y miró por la ventana, la mandíbula ligeramente apretada, ni él mismo sabía cómo lo había logrado, pero eludió la incansable insistencia y con dignidad. - Me preguntó si aceptaba propina en especie- dijo con voz monótona. - Y?- saltó Matías, conteniendo una carcajada. - Le dije que por hoy no aceptaba sobornos, pero que si quería, podía enviarme su propuesta por correo certificado....y aseguró que lo haría!!- afirmó negando con la cabeza. Una carcajada general estalló en la camioneta, incluso T, con el ceño fruncido de costumbre, no pudo evitar una sonrisa breve. - La próxima vez que se burlen de mí por lo de mi vecina, recuerden esta noche- añadió Lennox, mirando a todos con ironía. - Ah, no!- saltó Henry levantando las manos- no metas a tu vecina en esto, eso es otra categoría de tensión.... esta noche fueron mujeres adultas, poderosas y con tragos encima, lo tuyo es guerra fría en tiempos de paz. - Guerra de vecinos con traumas auditivos- añadió Zack, riendo. - Y con chelo de fondo- concluyó Jordan con fingida solemnidad. T giró por una avenida y se relajó al ver que nadie los seguía, el grupo comenzaba a calmarse, las risas bajaban, el cansancio se notaba en las posturas, en los suspiros profundos, mientras aflojaban su ropa, se quitaban botas, masajeaban cuellos. - Buen trabajo, chicos- dijo finalmente, con voz más suave- hoy se portaron como profesionales.....y sé que no fue fácil pero lo lograron y estoy orgulloso de eso.... - Sí, claro- gruñó Zack- profesionales que salen corriendo de mujeres con dinero.....nada más digno!! - Lo que ganamos esta noche no se gana en oficinas- recordó T, alzando el fajo de billetes en una mano y agitándolo como un trofeo. - Ni aunque vendiéramos el alma- remató Lennox, bajando la cabeza sobre el respaldo y cerrando los ojos- aunque hay noches en que uno se lo cuestiona.... - Pero igual volvemos- dijo Matías con media sonrisa. La camioneta siguió su camino por la ciudad, con el murmullo de los motores como única compañía, el cansancio se hacía más evidente en los bailarines, Lennox había cerrado los ojos, Matías revisaba su celular, Zack se cambiaba los zapatos por unos cómodos tenis, y Nick apoyaba la cabeza contra la ventana, el silencio momentáneo se instaló con naturalidad mientras el sobrino de T volvia a su labor de separar el dinero, una ridícula cantidad provocando una enorme sonrisa en Henry, lo que llamó la atención del conductor, quien lanzó una advertencia calmada pero firme. - No se acostumbren a esto. Las miradas pérdidas se dirigieron en el acto hacia él, confundidas al principio con uno que otro ceño fruncido. - A qué te refieres?- indagó Jordan, mientras T apretó ligeramente el volante y soltó un suspiro antes de responder. - A las luces, a los gritos, al dinero fácil, a los elogios huecos..... ustedes saben que esto no es para siempre, nunca lo ha sido y no quiero verlos con treinta, amarrados a esto porque no tuvieron un plan de salida. - Otra vez con el discurso del retiro, viejo?- Zack resopló con media sonrisa. - Sí- replicó sin siquiera mirarlo- otra vez y las que hagan falta, porque más allá de lo que ganamos, de lo bien que nos vaya o de que nos quieran contratar cada fin de semana, este trabajo tiene fecha de caducidad.... y ustedes lo saben. Matías bajó la vista, distraído con el borde de su sudadera, Lennox entreabrió los ojos y desvió la mirada hacia el perfil del conductor, notando que T hablaba más desde la preocupación que desde el regaño. - Siempre se los he dicho- continuó- veintiocho....ese es su tope, después de eso, se acabó.... quiero verlos fuera de esto, logrando sus sueños, con una carrera, un negocio, algo propio....no quiero que se conviertan en los tipos que no supieron cuándo bajarse del escenario, los que se quedaron atrapados en las luces porque no tenían nada más. - No es tan fácil, T- murmuró Nick- no es tan simple. - Lo sé....yo mismo lo viví- asintió T- pero por eso mismo les insisto ahora, para que lo piensen con tiempo..... para que no pierdan el rumbo, este trabajo es un trampolín, no una residencia permanente- Henry asintió en silencio, con la mirada fija en el asiento delantero- yo los traje aquí para darles una oportunidad- agregó ahora con la voz más baja, casi paternal- no para que se queden atrapados, quiero verlos salir de esto mejor que como llegaron..... con sus metas más cerca, no más lejos. Nadie respondió, el silencio se volvió denso, cada uno sabía lo que lo había llevado hasta ese trabajo y las condiciones que fueron claras desde un principio, pero más allá, T sabía que era su deber ser honesto, después de todo ganancias como las de esa noche podían hacerlos perder fácilmente la meta. - Porque si se conforman, entonces estarán eligiendo lo más fácil.... y eso nunca fue lo que quise para ustedes, no es el dinero lo que hace que valga la pena este trabajo..... es lo que hacen con él. - Sabes qué es lo peor?!- comentó Matías al cabo de unos segundos, rompiendo el silencio con una sonrisa cansada- que siempre logras hacernos sentir culpables después de cada evento. - No es mi culpa- aclaró T con tono firme- es conciencia....y si después de cada evento sienten aunque sea una chispa de eso.... entonces vamos por buen camino. Nadie respondió, pero por un momento, todos dejaron de fingir que la noche había sido solo diversión, porque, en el fondo, sabían que T tenía razón, lo que hacían era intenso, demandante y a veces adictivo, pero también pasajero. La camioneta continuó avanzando en medio de los leves murmullos exteriores y el absoluto silencio interior, y bajo el parpadear intermitente de los semáforos nocturnos, el cansancio ya pesaba, pero más lo hacía lo dicho por T, pues en ese punto el silencio ya no era simple agotamiento; era reflexión. Lennox miraba por la ventana, la cabeza apoyada en el cristal frío, los pensamientos lejos del sudor y los gritos del evento, tenía un plan, un objetivo claro que lo había traído hasta ahí desde el primer día: su propia empresa de ciberseguridad; y no era solo un capricho, era su forma de dejar huella, de dejar de trabajar para otros y construir algo sólido, algo suyo que le permitiera dictar el rumbo y no solo seguirlo, le quedaban tres años más con T, o menos, si todo salía como esperaba, tiempo suficiente para reunir capital, afinar detalles, conseguir los contactos adecuados, solo tenía que mantenerse enfocado y alejado de los berrinches de su vecina con chelo incluido. Henry cerró los ojos, recostado contra el asiento, pero la imagen que se colaba detrás de sus párpados era siempre la misma: su esposa y su pequeña hija dormidas en el mismo cuarto, en casa de sus suegros, y ya no podía seguir así, no quería que su hija creciera compartiendo un espacio que no era suyo, él era el que estaba a punto de llegar a ese límite que marcó T desde el inicio, sabía que solo tenía un año más, y esperaba tener lo suficiente para el enganche y los papeles de la casa, la casa de ellos tres, su casa. Matías, por su parte, sostenía su celular como si fuera una brújula, en su galería tenía guardadas las fotos del prototipo del foodtruck que quería, hacía meses, ya había encontrado la camioneta ideal en un lote de usados, pero aún le faltaba y esperaba que lo dos años que le quedaban a lado T fueran suficientes, con un el ahorro disciplinado y un poco de suerte, estaría sirviendo hamburguesas gourmet en la esquina de algún parque, con su propio nombre en la lona, algo modesto, pero suyo. Jordan, era quizá el más silencioso del grupo, pero en su interior, el más determinado, había aceptado este trabajo por una sola razón: su hermana menor, pues desde que murió su madre, él se convirtió en su tutor legal, la jovencita estudiaba medicina y estaba en el penúltimo año, y segun sus cálculos solo necesitaba un año más con T para cubrir la colegiatura final y los gastos médicos de sus prácticas, después, podía dejarlo con la frente en alto, al final ya habría cumplido su promesa. Mientras tanto Zack, jugueteaba con la cadena en su cuello sin prestar atención, en realidad, estaba haciendo cálculos mentales, le faltaban dos años para terminar de pagar el departamento que había conseguido con esfuerzo, no quería lujos, solo un sitio donde no le pasaran factura por todo, un espacio propio donde nadie le dijera cuándo entrar ni cuándo salir, la libertad que no tenía en casa de su tía solterona y amargada, eso era todo lo que él quería, y esperaba que el tiempo con T fuera suficiente para hacerlo posible. En cuanto a Nick, él mantenía la mirada clavada en el suelo de la camioneta, su mente estaba muy lejos del evento, del sudor o las luces, estaba en la pequeña cafetería de su familia, el lugar que su madre levantó con las uñas y que ahora necesitaba urgentemente remodelarse antes de caer en el olvido, y ya tenía planes para ampliar el local, modernizarlo, atraer más clientela y tal vez, incluso, abrir una segunda sucursal de la que él podría encargarse, y sabía que los tres años que le quedaban como stripper serían suficientes para dejarlo todo listo, esa sería su forma de agradecer a su madre por nunca rendirse. En cuanto a T, él no decía nada, pero los observaba desde el retrovisor, sabía en qué pensaba cada uno, aunque no lo dijeran, conocía sus motivos, sus metas, sus miedos, y por eso era tan duro con ellos, porque no eran simples bailarines bajo luces artificiales: eran hombres con futuro, y él, con todo y su carácter ácido, estaba decidido a empujarlos hacia ese futuro, aunque tuviera que patearlos si se desviaban. Y mientras todos guardaban ese pensativo silencio, la camioneta se desvío hacia la avenida que llegaba al departamento de Lennox donde se estaciono, permitiendo que el joven descendiera no sin antes despedirse del resto con un gesto perezoso, mientras caminaba hacia el edificio. El cansancio ya no se sentía solo en los músculos, sino también en la mente, pero fue al entrar al garaje, iluminado por luces mortecinas y el eco de sus propios pasos, que algo lo hizo fruncir el ceño: el elegante Alfa Romeo Giulietta clásico estaba aparcado en su lugar habitual, como una pieza de museo que desentonaba cruelmente con el resto de vehículos básicos del edificio. - Claro....- murmuró con sorna- ahí está la joyita de la princesa del chelo!!! Su mirada recorrió la reluciente carrocería negra, el impecable cromado, los detalles cuidados como si nadie en esa ciudad tuviera otra prioridad más que mantener ese auto brillante y sin querer, su mente se deslizó por un terreno incómodo, las diferencias económicas eran imposibles de ignorar, pues mientras él apretaba cada centavo para pagar alquiler, comida y juntar para su futura empresa, Haydeé conducía una reliquia italiana de lujo como si fuera cualquier cosa. - Bien dicen..... algunos nacen con estrella y otros nacemos estrellados!!- exclamó, pensando en cómo los padres de su vecina garantizaban tarjetas sin límite y departamentos decorados por profesionales, mientras otros, como él, bailaban frente a decenas de mujeres cada noche, jugando a tener el control. Lennox sacudió la cabeza como para espantar la envidia, esa que detestaba reconocer, la que nunca admitiría en voz alta y fingiendo desinterés, subió los escalones sin apuro, esquivando el crujido de los peldaños más viejos, hasta llegar al pasillo que llevaba a su departamento, y sin intención, su vista fue directa hacia la puerta de Haydeé, siempre cerrada, siempre con ese aire de “yo no pertenezco aquí” pintado en cada centímetro. La observó en silencio, con las manos aún en los bolsillos y la mandíbula tensa, pensando en cuánto tardaría en cansarse del papel de chica independiente?, dos semanas?, un mes más, con suerte?, antes de volver corriendo, con absoluta seguridad, a la mansión de sus padres, a su estudio privado de chelo, su café de prensa francesa y su vestidor del tamaño de su departamento entero. Pero estaba demasiado cansado para demorar más en absurdos pensamientos, así que pasó de largo, sin dignarse a mirar otra vez esa puerta, aunque algo en él sabía que no iba a ser tan simple, porque aunque lo negara, aunque se burlara de su supuesto berrinche perpetuo, Haydeé no era como las otras personas ricas que se había topado y eso, precisamente eso, era lo que más lo fastidiaba. Esa noche había acabado para el bailarín nocturno, pero para Haydeé la mañana se presentó con mucha opulencia, los rayos del sol se filtraban con suavidad a través de los amplios ventanales del Club Campestre Royal Valley, tiñendo de dorado las mesas perfectamente vestidas con manteles de lino marfil, mientras el tintinear de cubiertos de plata sobre porcelana fina se mezclaba con el sutil acompañamiento de un pianista que ejecutaba piezas clásicas en un Steinway & Sons n***o de media cola, aportando una atmósfera de refinada tranquilidad al desayuno. Haydeé estaba sentada junto a sus padres en una mesa redonda de mármol blanco, rodeada por otros comensales que hablaban en tonos mesurados, con sonrisas diplomáticas, como si el aire mismo exigiera elegancia, los meseros, impecablemente vestidos con guantes blancos y chalecos bordados, se deslizaban entre las mesas con la eficiencia de un ballet bien ensayado, y frente a ella, un plato de huevos pochados sobre pan brioche con trufa negra, acompañado por una copa alta de jugo de naranja recién exprimido y una taza de café que sabía más a arte que a bebida. - El semental de la familia Borghese ya está en su rancho en México- comentó Leigh Anne con una sonrisa satisfecha, mientras daba un sorbo a su cappuccino- dicen que es hijo de un campeón europeo, ya veremos si vale lo que cobraron por él. - Y hablando de inversiones absurdas- añadió Alton, el padre de la joven, sin levantar la vista del periódico- viste el nuevo modelo de Pagani?, solo hicieron cinco unidades para este continente y Massimo ya reservó uno sin siquiera verlo en persona.... demasiada confianza para mi gusto!! Haydeé rodó discretamente los ojos, la conversación de sus padres no podía ser más fatua e insufrible, pero para personas que lo tenían todo era difícil poder encontrar un tema de conversación lo suficientemente interesante y duradero, mientras clavaba su vista en la mesa contigua, donde una mujer de rostro estirado por más de una intervención estética comentaba emocionada sobre su reciente viaje a Dubai, en tanto su acompañante lucía discretamente un collar de diamantes de Graff, que solo alguien familiarizado con el lujo extremo podría reconocer. Y eso le pasaba a Haydeé, pues ella era de esas mujeres que fácilmente reconocerían una marca tan exclusiva y aunque se mantenía serena, elegante, vestida con un conjunto de lino color arena de The Row, unas gafas oscuras descansando en el centro de la mesa, y un delicado reloj Cartier Panthère asomando desde su muñeca, ella no terminaba de sentirse presente. - Y tú, hija?..... qué tal la vida en tu departamento?- preguntó su madre, con esa sonrisa controlada que siempre usaba cuando el tema le resultaba incómodo- ese edificio sigue en las mismas condiciones?! La pausa antes del “edificio” fue suficiente para que Haydeé supiera que la pregunta venía con juicio incluido, mientras Alton, apenas levantó la vista de su espresso, pero claramente estaba atento. - Sí.....el departamento está bien, tiene buena luz por las mañanas- respondió ella con tono ligero, tratando de esquivar el fondo de la cuestión. - Ay, Haydeé.... hemos estado ahí- dijo su madre, bajando la voz como si solo mencionarlo fuera una vulgaridad- sabes que no apruebo ese lugar, las escaleras suenan, las paredes son delgadas y......y ese graffiti en la calle lateral.....es simplemente.... nauseabundo!- y aunque no era para tanto, Leigh Anne siempre se había caracterizado por menospreciar todo aquello que no entrara dentro de algún estándar de clase y refinamiento. - Tampoco es una pocilga, mamá. - Lo es....pero lo que más me preocupa no es solo el lugar- insistió Leigh Ann, alzando apenas una ceja- sino tus vecinos, en especial ese..... ese......ese muchacho con aspecto de trabajador de taller mecánico, qué hace, exactamente? Haydeé giró lentamente su cucharita dentro de la taza, odiaba esas conversaciones pues su madre siempre encontraba algún pretexto para desaprobar su departamento, y ya que la zona, los vecinos, el graffiti, lo poco accesible y lo supuestamente inseguro que era no había dado resultado, ahora intentaría presionar a través de Lennox. - No lo sé, creo que es artista o algo así.... bueno eso dice él. - Y qué clase de artista?!- cuestionó Leigh Anne en alerta pues esperaba que eso no fuera un pretexto para acercarse a su hija. - No lo sé.....en realidad no sé si lo que dice es verdad o solo intenta parecer más interesante de lo que en verdad es..... honestamente creo que solo trata de fingir que es alguien importante!!- repuso Haydeé con cierto desdén para evitar que su madre intentara hacerla regresar a casa. - Entonces....no trabaja?!- insistió la mujer. - No sé....no creo.... - Dios Mío!!!- y en realidad no importaban los argumentos que pudiera dar, para Leigh Anne cualquier cosa era pretexto para dejar en claro su desacuerdo con aquel sitio en el que habitaba la menor de sus tres hijos- un vago!!!.... y no puedes pedirle al casero que lo expulse?, ya bastante tengo con tolerar que vivas ahí, como para que encima compartas pared con gente tan.... común. - Leigh Anne!!- interrumpió Alton, aunque no con tono de reproche, sino con la tranquilidad helada que usaba para cerrar acuerdos, pues conocía a su hija y de presionarla tan directamente, no lograrían nada- tal vez debería hablar yo con el propietario... después de todo, soy yo quien paga el alquiler. Esa frase fue como una bofetada suave y educada, pero dolorosa, Haydeé apartó la vista hacia el ventanal, disimulando la molestia que le subía por la garganta, pero no podía discutir después de todo, fue el acuerdo que consiguió si quería vivir sola. - No es necesario, pronto será la audición para la Filarmónica.... y estoy concentrada en eso- dijo rápidamente, cambiando de tema- la preparación ha sido intensa, pero estoy emocionada..... y siento que esta vez tengo una buena oportunidad. - Para qué preocuparte por eso?- respondió su madre sin perder el tono elegante- soy patrocinadora, Ruppert Grissom es un viejo amigo y si se lo pido, sabes que te dará cualquier puesto que le pidas.... podría darte prioridad, podrías tenerlo todo asegurado hoy mismo. - No.... no quiero favores, si no entro por mérito, entonces no tiene sentido- Haydeé entrecerró los ojos con fastidio. - Princesa.... no necesitas demostrar nada- Leigh Anne se recostó en su silla con una expresión que mezclaba decepción y resignación- solo debes saber jugar bien sus cartas, no entiendo por qué insistes en hacer todo como si fueras una más. - Quizás porque quiero ver qué puedo hacer sin apellidos de por medio- respondió ella, esta vez con firmeza. Alton, ajeno al fuego cruzado, simplemente tomó otro sorbo de su café y miró su reloj suizo con paciencia mientras el pianista comenzó a tocar una pieza de Debussy, y en el aire volvió a flotar esa atmósfera de perfección cuidadosamente mantenida, pero dentro de Haydeé, algo no encajaba, ni el vestido de The Row, ni el café de 80 dólares, cada reunión con su familia le recordaba como todo se sentía, tan ajeno; y en el fondo de su mente, muy al fondo, una idea persistente e irritante tomó forma, qué estará haciendo ese idiota de Lennox ahora mismo?, se cuestionó, pensando en lo tranquilo y feliz que habrá amanecido sin el chelo amenizando su mañana. - Por cierto, cariño, recuerdas a Lawrence Crest?, el hijo de Jolie, mi íntima amiga de toda la vida- la voz de su madre la sacó de sus cavilaciones mientras Leigh Ann dejó la taza sobre el platillo con la suavidad de quien está a punto de dejar caer otro innecesario comentario. Haydeé no respondió de inmediato, solo giró los ojos muy lentamente hacia su madre, temiendo a dónde se dirigía esa “casualidad”, consciente de que esta repentina invitación a desayunar aparentemente no fue por el simple deseo de verla. - Acaba de regresar de su estadía en Mónaco- continuó Leigh Anne con fingida indiferencia, aunque la emoción mal disimulada brillaba en su sonrisa- estuvo trabajando con inversores del principado, y ahora ha vuelto con proyectos interesantísimos, sabías que vive en un penthouse divino en el centro, con vista directa al parque del obelisco?!- Alton asintió sin demasiado entusiasmo, aún hojeando las noticias económicas del diario- y por si fuera poco, va a asumir la presidencia de la empresa de su padre.....a su edad!!....eso es verdaderamente admirable- agregó casi como si ensayara para una entrevista matrimonial- Haydeé se inclinó apenas hacia delante, apoyando los codos sobre la mesa. - Sigue teniendo el mismo look de nerd de película ochentera?- preguntó con tono sarcástico- porque si me vas a empujar a una cita disfrazada de desayuno, al menos quiero saber si aún usa calcetas blancas hasta la pantorrilla con sus horribles mocasines y sus agujetas color verde. - Ay, princesa, qué cosas dices- su madre soltó una breve risita controlada, aunque su incomodidad era evidente- Lawrence es un jovencito muy correcto y educado, con valores, y no debería importar como vista, no todos los hombres tienen que parecer modelos italianos para ser buenos partidos. - Tampoco todos los hombres tienen que ser partidos, mamá!!- murmuró ella, girando su taza entre los dedos- acaso no puedo tener una conversación sin que me empujes a una boda invisible? - No exageres- replicó Leigh Anne, reacomodando su servilleta con elegancia forzada- solo sugerí que te reúnas con él para conversar, Lawrence ha preguntado por ti... y por cierto, fue idea suya y como sé que estás tan ocupada con tu audición, pensé en ayudarte con tu agenda, ya le he dicho que puede pasar por ti el viernes en la tarde. Haydeé se irguió con lentitud, el clink de su taza al dejarla sobre el platillo fue el único sonido que se oyó por unos segundos, aunque no necesitaba palabras, su mirada demostraba lo molesta e incómoda que se sentía. - Me armaste una cita a ciegas con alguien que no veo desde que jugaba con mi flauta de plástico? - Es solo un encuentro, no un compromiso- respondió su madre sin perder la sonrisa- sé amable..... además no tienes nada que perder. - Mi tiempo no te parece suficiente?!... además de mi paciencia, por supuesto. Alton finalmente levantó la vista, observándolas a ambas con la tranquilidad de quien prefiere mantenerse fuera del campo de fuego, aunque tampoco iba a permitir que su hija despreciara a un excelente partido a uno de los herederos más importantes de su círculo, un hombre que si bien no era atractivo, sí tenía una gran fortuna aguardando su regreso, siendo el único heredero de su familia y por consiguiente, su fortuna unida a la de ellos significaba un nuevo nivel de poder y riqueza. - Creo que deberías ir....no hace daño ampliar tu círculo, además tu madre y Jolie solo quieren lo mejor para ti- dijo con voz diplomática, como si se tratara de un acuerdo de negocios que debía formalizarse por cortesía. Haydeé miró a su padre de reojo, él solía no meterse en las imposiciones de su esposa, Alton había sido un padre consentidor y sumamente complaciente, procuraba escuchar a sus hijos y permitirles tomar sus decisiones sin importar que eso le hubiera ocasionado serios problemas con Leigh Anne, sin embargo, ahora parecía especialmente interesado en que conociera a ese joven, lo que solo implicaba que prácticamente habían cerrado un compromiso para ella y solo era cuestión de tiempo para que buscaran el modo de presionarla para que sucumbiera a sus intenciones. - Lo pensaré- Haydeé aseguró mirándolos a ambos, aunque por dentro hervía, por fuera, solo sonrió con los labios, sin alegría alguna, sabía que en este punto de su vida debía elegir muy bien sus batallas así que optó por cambiar de tema con suma frialdad- vieron el nuevo programa de residencias musicales en Florencia?.... aún no abren convocatoria, pero estoy considerando postularme después de la audición. Leigh Anne ni siquiera fingió interés, solo suspiró, como si tuviera que resignarse a que su hija siempre nadaría contra corriente, mientras Alton sonrió disimuladamente, sabía perfectamente que la respuesta de su hija solo implicaba una pausa para buscar el modo de salirse con la suya y evitar el encuentro con Lawrence, desgraciadamente esta vez no iba a ser tan fácil. Y Haydeé en medio de ese asfixiante desayuno, por primera vez en semanas, sintió que prefería mil veces una pelea con Lennox a una conversación elegante y sutilmente impositiva como esa, en la que un matrimonio por conveniencia era su única obligación en la vida, algo que no había resultado tan bien, al menos, para su hermano mayor.
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