Los tacones de Haydeé resonaban con furia contra el mármol del edificio, el eco del pasillo parecía amplificar su rabia con cada paso, la joven aún podía oír la voz perfectamente modulada de su madre repitiendo su orden disfrazada de dulzura: “Ya le dije que puede pasar por ti el viernes”.
- Claro que sí, mamá!, organízame la vida mientras estoy ocupada!!- gruñó entre dientes, ajustando la correa de su bolso mientras avanzaba como una fiera desatada.
Haydeé subió al tercer piso sin usar el elevador, como si cada escalón pudiera drenarle la frustración mientras no dejaba de murmurar nada halagadores improperios hacia el escenario que su madre planeó con alevosía y ventaja, en tanto sus dedos buscaban con desesperación las llaves dentro del bolso con movimientos bruscos, revueltos e impacientes, la joven sacó una libreta, un estuche de partituras, un tubo de brillo labial, su protector solar, prácticamente saco todo lo de la bolsa sin que sus llaves aparecieran.
- Agh...no puede ser..... no puede ser- repetía, revolviendo con ambas manos como si el interior del bolso ocultara un inexistente fondo.
Desgraciadamente para ella, las llaves no estaban así que no le quedó de otra más que intentar recordar su contraseña para abrirla con el lector digital, aún con el rostro encendido, algo que no había usado en varios meses pues prefería el método tradicional, la joven presionó el botón sin mucho éxito, por lo que lo intentó repetidamente, pero el panel no le respondía en lo absoluto, ni una luz, ni un pitido y ella estaba demasiado furiosa para darse cuenta de los infructuosos que eran cada uno de sus intentos.
- No, No, NO- una risa sin humor le brotó mientras presionaba con más fuerza como si con eso pudiera revivir la batería agotada.
Y entonces, como si el universo quisiera asegurarse de que el momento fuera aún más humillante, escuchó una inconfundible voz detrás de ella.
- Problemas con la puerta o ahora decidiste dedicarte al canto?!
Haydeé se giró lentamente, apretando los labios, y ahí estaba Lennox, de pie a mitad del pasillo, recargado con la informalidad de alguien que ya adivinaba lo que pasaba, el cabello despeinado, la camiseta negra cayendo por su cuerpo sin ninguna forma, y esa sonrisa torcida que le resultaba insoportablemente familiar.
- Te divierte, mapache?!- espetó ella, manteniéndose digna a pesar del desorden.
- Muchísimo....a decir verdad- repuso acercándose sin prisa, mirando la cerradura sin vida- vaya, parece que la tecnología también se cansa de ti!!
- Perdí mis llaves!- dijo, intentando sonar indiferente.
- O la casa te está pidiendo que te mudes de regreso a tu reino de cristal.... virtuosa del tormento!- la joven bufó y cruzó los brazos, mordiéndose la lengua para no hacer un espectáculo mayor de si misma.
- Acaso no tienes algo que hacer, además de darme lecciones sobre cerraduras?!
- No....hoy no tengo nada que hacer.....y amanecí tan bien y tranquilo que estoy libre para presenciar este karmático episodio de "Vecinos al borde de un colapso".
- Vete al diablo!!- mascullo girándose con toda dignidad, para no tener que soportar su arrogante satisfacción.
- Estás segura de que quieres hablarle así al tipo que tiene destornilladores, una batería externa y una ligera debilidad por auxiliar a damiselas, con aires de reina, en apuros?- Haydeé lo miró con una mezcla de desprecio y necesidad, no quería aceptar su ayuda, por supuesto que no cuando era casi seguro que se lo recordaría en cuanta oportunidad tuviera, pero estaba sola y a su suerte y sus opciones eran muy limitadas, por lo que tuvo que tragarse su orgullo y dignidad.
- Tú....tienes.... tienes todo eso?- cuestionó tratando de no lucir ansiosa ni desesperada.
- Tal vez....no lo sé!!- exclamó encogiendose de hombros.
- Agh!!!- gritó frustrada- eres un.....- y aunque tenía muchos insultos que otorgarle se quedó callada cuando notó la forma tan divertida y expectante en que Lennox la miraba como si esperase escuchar alguna fuerte grosería saliendo de sus labios- si no puedes ayudar, no estorbes!!- replicó tratando de mantenerse en su papel de niña educada.
- No te enojes.... solo tienes que preguntar y pedirlo con educación.
- Y si grito por ayuda a administración?
- Podrías.....pero tienen horario de comida justo ahora, además.... cuándo han resuelto algún problema sin necesidad de un memorándum?!....aunque... yo sí tengo algo de tiempo- Haydeé cerró los ojos un segundo, respirando hondo, Lennox tenía razón y lo único que podía hacer era aceptar su ayuda, buscar un cerrajero o regresar a casa de sus padres, y la última opción era la peor de todas.
- Por favor, Lennox.... podrías ayudarme?- y no tuvo más opción que tragarse su orgullo.
El hombre la miró como si acabara de ganar una apuesta y levantó las cejas, asintiendo con satisfacción.
- Vaya, ya era hora que usaras mi nombre y una palabra amable en la misma frase- y de inmediato giró sobre sus talones y volvió a su departamento por sus herramientas, dejándola en el pasillo, aún molesta, aún hirviendo y con una parte de ella odiando lo mucho que su día ya no podía empeorar más.
Lennox no tardó en regresar bien armado con una gran caja de herramientas, que extrañamente, ante los ojos de Haydeé, lo hizo lucir muy varonil, algo que no era común en su círculo social, la chica lo miró de arriba abajo sintiendo como su boca se secaba, por lo que tuvo que apartar su mirada del hombre que debía resultarle todo menos atractivo.
- Muévete, princesa..... deja que el proletariado haga su magia- y en cuanto sus labios se abrieron la magia se desvaneció y Haydeé transformó su rostro en uno que delataba molestia e indignación.
- Y hazlo rápido- respondió la joven con los brazos cruzados y el ceño fruncido- no quiero que los vecinos piensen que estamos teniendo un momento..... amistoso.
- Tranquila, dudo que alguien crea que podemos ser amigos- dijo mientras se arrodillaba frente al panel de la cerradura- eres demasiado... premium.
- Y tú demasiado....segunda mano- replicó sin perder el ritmo.
- Mira qué vocabulario- Lennox soltó una risa baja mientras conectaba una batería portátil al sistema digital- acaso así saludan en los desayunos con los Windsor?
- No te proyectes..... no todos desayunamos cerveza y tostadas quemadas mientras conversamos sobre fútbol!!
- Tienes razón- murmuró sin levantar la vista- yo desayuno avena.....y a veces hasta con sonatas de por medio.....y sabes que es lo mejor?!- cuestionó con un medía sonrisa de lado que fastidió a Haydeé- totalmente gratis, aunque no es tan buena.....pero.... uhum.... uno se acostumbra a lo que hay!!
La joven torció la boca, aunque no le afectaron sus palabras, pues creía que Lennox poco o nada sabía de música y no necesitaba más que ver sus atuendos para darse cuenta de lo común que era, y por consecuencia sus gustos musicales debían ser igual de pedestres.
- Cuando uno es ignorante y no tiene buen gusto.... cualquier cosa le parece mala!!
El hombre se enderezó con una sonrisa que anticipaba su triunfo, mirándola desde su altura con una arrogancia desesperante que Haydée sabía adelantaba un comentario punzante.
- Y yo que creía que no estabas tan mal.... supongo que eso confirma tu teoria.... no tengo tan buen gusto como pensaba.
El rostro de Haydeé se transformó con total furia, sus ojos se abrieron y sus mejillas se inflaron mientras su cara se tiñio de rojo, apenas y levantó una mano con la intención de golpearlo en el pecho.
- Eres un im.....- pero Lennox dio un paso atrás y el pitido de la cerradura interrumpió la acción, el hombre sacudió las manos con un aire teatral y, con una exagerada reverencia, abrió la puerta como un mayordomo de hotel cinco estrellas.
- Adelante, señorita.....su castillo espera.
La joven bajó el brazo apretando el puño con mucha fuerza, pero ella era quien tenía la educación y clase, por lo que se aguantó las ganas de golpearlo, simplemente alzó la barbilla con elegancia dando un paso al interior, mientras Lennox no pudo evitar echar un vistazo al interior, el departamento no era más amplio que el suyo, sin embargo, lucía mejor, mucho mejor, con líneas limpias y modernas, decorado con buen gusto y evidentes lujos, como el brillante piso de mármol claro, paredes en tonos neutros, un enorme ventanal con cortinas de lino, una sala con mobiliario de diseñador y una cocina abierta que parecía sacada de una revista.
- Vives así y aun así tienes tiempo de arruinarle la vida al prójimo con un chelo?!- masculló.
- Ya puedes retirarte, portero- dijo Haydeé, girando sobre sus tacones, pero antes de que pudiera cerrar la puerta, Lennox la detuvo con la mano.
- Listo..... y creo que con esto estamos a mano.
Haydeé se giró lentamente hacia él, primero con una mirada confundida, que no tardó en transformarse en una sonrisa astuta en los labios.
- A mano?.... tú y yo?....no, no,no, no....ni lo sueñes.
- Te acabo de salvar del colapso nervioso!...y si eso no vale estar a mano, no sé que diablos quieres?!
- Y lo agradezco- respondió, asintiendo con fingida solemnidad- pero no, Lennox.....ese favor especial que me debes.... no lo desperdiciare, lo cobraré cuando realmente lo necesite....en verdad crees que soy tan ingenua para cambiarlo por algo que cualquier cerrajero pudo hacer?!....me subestimas!!- afirmó con arrogancia.
- "Ese favor”.... era esto!
- Oh no..... esto fue un mini servicio técnico, el favor, el verdadero, sigue en pie- debatió con una sonrisa de victoria mientras se apoyaba levemente en la puerta- y te aseguro que cuando lo cobre será.....inolvidable.
Y antes de que él pudiera replicar, pum!, la puerta se cerró en su cara con una suavidad elegante, dejándolo de nuevo en el pasillo, solo con su caja de herramientas y la rabia chispeando en su pecho.
- Al menos espero que no me tortures el resto del día con esa pesadilla de chelo!!!- gritó hacia la puerta, apretando los dientes, pero solo el silencio le respondió.
Lennox resopló, pateando suavemente el rodapié y se giró para recoger sus herramientas, mascullando contra si mismo por lo ingenuo que fue al creer que su vecina se conformaría con tan poco.
- Maldita sea.... y encima me trata como si fuera uno de sus empleados!!- reclamó el hombre regresando a su departamento, cerrando la puerta con un golpe seco que hizo temblar el marco y aún mascullaba, más contra sí mismo que contra ella- "El favor, el verdadero”..... quién se cree que es?, la Reina de la mafia?!- y sin intención arrojó la caja de herramientas sobre la mesa del comedor, que era más una extensión de la cocina que un espacio propio, y se dejó caer en el sofá, el único que existía en la estancia, hundiéndose en los cojines gastados que no sabían lo que era el terciopelo ni por accidente, e irremediablemente clavó la vista en su sala, funcional, sobria, más cable expuesto que adorno, más practicidad que estética.
Miró la lámpara industrial que había armado con tubos de plomería, la mesa de madera heredada de más generaciones de las que podía recordar, y que apenas había restaurado con barniz barato, acompañada por las dos únicas sillas que quedaban, austeramente adornada con una planta, una suculenta casi inmortal que se negaba a morirse, al igual que él se negaba a salir corriendo de aquel edificio con tal de no darle la razón a esa mujer, su refrigerador, que aunque de segunda mano al menos tenía los alimentos suficientes y necesarios para su estilo de vida, y una estufa que, con trabajos, le regalo a su madre antes de morir.
Observó el viejo microondas que ya solo servía de adorno, y su sencilla cafetera que cumplía sus funciones más basicas, colocada encima de un bello trastero de madera que su padre tallo para la familia y que aún se mantenía dignamente en pie; y luego recordó el departamento de Haydeé, el mármol, la luz natural perfecta, los sillones italianos, los libros acomodados por colores como si viviera en una galería de arte y ese aroma ridículamente costoso que aún sentía pegado en la nariz.
- Y para qué vives aquí, princesa?!- soltó en voz alta, con tono de burla mientras se rascaba la mandíbula- bien podrías tener todo un piso o mudarte a una mansión con tu colección de chelos dorados....pero no, aquí estás, fastidiandome.
Lennox frunció el ceño, pues nuevas interrogantes empezaban a colarse en su mente, y si estaba arruinada? o, si tal vez todo se trataba de una rebelión contra sus padres que la había dejado sin fondos?, quizas una tragedia financiera silenciosa, de esas que se esconden tras un buen perfume?, o probablemente era su castigo por haber despilfarrado una fortuna en arte y tonterías?, por lo que ahora tenía que vivir en austeridad, como penitencia burguesa, o, peor aún, una moda?, una fase existencial de “quiero conocer la vida real” para sentirse más profunda mientras seguía almorzando en clubes donde el jugo de naranja cuesta lo mismo que su renta mensual?, Lennox suspiró, tapándose los ojos con el antebrazo.
- Y a mi qué carajos me importa?!- se dijo, como si necesitara convencer a alguien- vive donde quieras, pero ojalá le falle otra vez la cerradura y ahí sí le cobro el favor con intereses- el pobre hombre se quedó así, con el ceño fruncido y el estómago gruñéndole gracias a que no había desayunado, pero antes de levantarse a buscar algo, bufó- y que ni se le ocurra tocar el chelo.....no hoy.
Aunque en el fondo sabía que sí lo haría y él, inevitablemente, se quedaría escuchando, y sería por todo el día, pues esta noche no tenía evento, y aunque sus intenciones eran poder trabajar en paz y tranquilidad, su vecina no le extendería esa cortesía.
Haydeé, por su parte, no había avanzado más de tres pasos dentro de su departamento cuando estalló en una carcajada ahogada, dejando caer el bolso sobre la consola junto a la entrada.
- De verdad pensó que abrirme la puerta era suficiente?!- murmuró en voz alta, alzando las cejas con una sonrisa ladina, girandose hacia la pared que compartían- por abrir una puerta, crees que saldaste tu cuenta?
La joven se acercó lentamente, cruzando la sala con pasos suaves sobre la alfombra persa, su mirada se clavó con intención en la delgada pared, como si pudiera ver a través de ella y con mucha delicadeza, apoyó una mano contra el muro, aún divertida.
- No eres tan simple, verdad?, aunque parece que sí.....creí que lo sabrías: las deudas no se saldan tan fácilmente.... y mucho menos conmigo.
Su voz se volvió un susurro amenazante, mientras se giraba con elegancia y dirigía la vista hacia la ventana, allí, esperando con elegancia, descansaba su chelo, un Davidov Stradivarius de cuerpo oscuro y barniz brillante, cuidadosamente colocado en su soporte de estructura metálica curvo, junto a la silla de terciopelo azul oscuro y el atril que sostenía la partitura de la Sonata para chelo y piano en re menor, Op. 40 de Shostakóvich.
Lo miró durante varios segundos en silencio, pensativa, parte de ella reconocía que Lennox la había ayudado y que podría agradecer su gesto siendo comprensiva, pero por dentro su orgullo volvió a escupirle sus odiosas palabras.
"Y yo que creía que no estabas tan mal.... supongo que eso confirma tu teoria.... no tengo tan buen gusto como pensaba.”
La risa se le borró del rostro mientras sus ojos se entrecerraron y su nariz se ensancho por la agitada respiración.
- Pues prepárate, vecinito- musitó con una decisión gélida- porque si vamos a hablar de mal gusto.... te voy a dar una clase magistral.
Y con absoluta decisión se acercó al instrumento, retirando el paño de seda del arco con la lentitud ceremoniosa de una ejecutante profesional, y de inmediato se sentó frente al ventanal, cruzó las piernas y ajustó el chelo con una delicadeza que rozaba la reverencia, soltó un último suspiro hondo, colocó el arco y lo deslizó con fuerza sobre las cuerdas, ensayando un acorde tenso y vibrante que casi retumbó en el departamento, pero para fortuna de Lennox, justo cuando se preparaba para atacar con furia la sonata de Shostakóvich, dispuesta a rasgar la paz de su vecino con cada nota, alguien llamó a su puerta; tres golpes secos y seguros, Haydeé frunció el ceño, conteniendo una maldición, sin mucho afán bajó el arco con obvio fastidio, alzando la voz hacia la puerta.
- Déjame en paz.....mapache!! - exclamó aún con el ceño fruncido, mientras se levantaba con agresiva elegancia, dejando el arco apoyado sobre el respaldo de la silla.
Por alguna razón, Haydeé creyó que Lennox había llegado de nuevo hasta su puerta con la intención de fastidiarla, así que abrió la puerta de golpe, dispuesta a enfrentarse al sarcasmo del hombre con una réplica afilada.
- Qué quieres aho...?!- se interrumpió de inmediato y su expresión paso del enojo a la sorpresa.
Frente a ella, impecable y serena como siempre, se encontraba Rosalie Lehmann, la hermana menor de su padre, una hermosa mujer que a sus cuarenta años tenía esa clase de elegancia que no se aprende, todo en ella era natural, medido, y sin aparente esfuerzo, tenía una figura esbelta, con proporciones estilizadas y una postura recta que hablaba de años de autocontrol y una autoestima cuidadosamente pulida, sus facciones eran finas, de líneas definidas pero suaves, con pómulos marcados, nariz recta y labios delgados que se curvaban apenas en una sonrisa precisa.
De piel clara, sin imperfecciones visibles, de un tono marfil perfectamente cuidada del sol, su cabello lo lleva en un corte bob liso, de tono castaño oscuro, que enmarcaba su rostro con simetría impecable, destacando sus ojos almendrados, afinados por pestañas delineadas.
Su cuello era bellamente largo y delicado, sus manos delgadas, con uñas cuidadas pero sin adornos estridentes, en definitiva, cada parte de su físico está envuelto en absoluta sobriedad y refinamiento que se acentuaba en la pulcritud de su atuendo, conformado por un conjunto monocromático de pantalón slim blanco marfil de la firma suiza Ermant & Vaux, con una blusa de seda italiana con una sutil línea negra vertical que rompe con elegancia la paleta clara, diseño de la casa Altea Fiorini, encima lucia un blazer largo en tono n***o, de caída perfecta y hombros estructurados, creación de la marca parisina Maison Duret, cuyas piezas no se venden en tiendas, solo por encargo.
A sus pies, llevaba unos stilettos de cuero nacarado diseñados por Elira Veil, una diseñadora croata cuyos modelos solo circulan en editoriales de moda europeas, en su brazo, un bolso estructurado de piel blanca y bordes negros, con detalles en paladio mate, de la firma Sajuna Couture, hecho a mano en Budapest y por encargo, todo un atuendo, rematado por un fino reloj minimalista de la colección privada de Norr Skov; en resumen, ella era una presencia digna de admirar.
En una mano, Rosalie sostenía una taza de café para llevar con tapa dorada y en la otra, una pequeña bolsa de papel de una panadería carísima que no tenía sucursales, porque no las necesitaba, y ante la actitud de Haydeé enarcó una ceja, divertida por la agresiva bienvenida.
- Vaya... si esa es la forma en que estás recibiendo a tus visitantes, entonces el desayuno con Leigh Anne y Alton fue incluso peor de lo que me contaron- y hasta su tono de voz era elegante y meticulosamente controlado, no alzaba el tono más de lo necesario y la elegancia desbordada en cada palabra que recitaba.
- Tía Rosalie!!- masculló Haydeé, bajando ligeramente el tono, casi expresando alivio- creí que eras otro tipo de tortura!!- remató observando brevemente y de reojo la puerta de su vecino.
- Oh, ya veo- dijo Rosalie con una sonrisa ladeada, cruzando el umbral como si fuera su propia casa- con esa energía, pensé que ibas a lanzarme el chelo por la cabeza.
- Estuve a punto- contestó la joven cerrando la puerta detrás de ella- no sabes el día que tuve!!
Rosalie se detuvo a medio paso, dándole una mirada inquisitiva mientras recorría con ojos expertos el lugar, pero sí tenía una idea de los alcances de su hermano y su cuñada.
- Claro que lo sé, vengo de su casa- replicó con simpleza, mientras dejaba la bolsa sobre la barra de la cocina- Leigh Anne estaba al borde del desmayo porque te negaste a reunirte con su prospecto estrella y Alton hablaba como si fueras una acción en baja....qué les hiciste exactamente esta vez?
- Además de vivir aquí?- resopló Haydeé, arrojándose al sillón con el ceño fruncido.
- Mmm, sí..... eso los saca bastante de quicio, pero yo quiero saber porque mi cuñada estaba a punto de colapsar tan dramáticamente....por supuesto en una versión más objetiva y menos fatalista!
Haydeé negó con lentitud, pero aún mascullando en su interior, mientras Rosalie, sin apuro, se sentó en el borde del sofá opuesto, cruzando las piernas con su particular elegancia.
- Qué tanto te dijeron?!- preguntó la joven, sin mirarla.
- Bueno.....que tu madre organizó una cita sin tu consentimiento- respondió Rosalie con tono diplomático- que tú estallaste en pleno desayuno y que, según Alton, estás emocionalmente descompensada por tocar el chelo en exceso y vivir “en un sitio insalubre junto a personajes inadecuados”- declaró imitando la voz grave de su hermano con una mueca divertida.
Haydeé apretó los dientes, por supuesto que esa era la versión oficial, una en la que ella se atrevía a desafiarlos, a ellos, y sus constantes preocupaciones paternales.
- Tal vez en eso tengan razón y no estaría mal que lo expulsaran!!
- “Lo”?- Rosalie la observó con una ceja alzada- te refieres a tu misterioso y atractivo vecino?- y en ese instante Haydeé parpadeó, sabiendo que había hablado de más- y sabemos ya quién es realmente?- insistió con un dejo de picardía, adelantándose un poco en su asiento.
- Nadie.....solo un tipo molesto, insufrible y con cero respeto por la música.
- Ah, ya veo!!- exclamó su tía tomando un sorbo de su café- entonces.... por qué lo tienes tan presente?- una pregunta que provocó que Haydeé le lanzara una mirada asesina, pero Rosalie se limitó a sonreír, acomodándose con calma, pues esta parte de la historia parecía más suculenta que el drama existencial de su cuñada.
- Agh....como sea, quieres que te cuente la versión completa del desayuno o prefieres hablar del vecino que te abre la puerta como un mayordomo inglés?
Sin embargo, la mujer sonrió con malicia, escuchar sobre un vecino que sacaba de sus casillas a Haydeé, en definitiva, estaba en su lista de prioridades, desgraciadamente el gesto de reproche que le lanzaron le dejó en claro que esa era una historia que probablemente no escucharía.
- Uhummm.... sería más entretenido lo del vecino, pero supongo que mi cuñada y sus prospectos de matrimonio son algo que en verdad deseas sacar de tu sistema.... así que....que remedio!- replicó elevando un hombro con gracia.
- Así es....y si quieres saber.... me engañaron!- soltó Haydeé con autoreproche- literalmente, me embaucaron....y yo debí sospecharlo, no es común tanta amabilidad!!
- Tanto así?- Rosalie alzó una ceja con curiosidad
- Como lo oyes- resopló- me invitaron a desayunar al Club como si solo quisieran saber cómo iba todo con la audición, que si el repertorio, que si el director..... pero en cuanto el pianista empezó a tocar "Clair de Lune", mi madre sacó su artillería fina.
- Artillería?- preguntó su tía con una sonrisa entretenida, sentándose con elegancia al lado de la joven.
- Y en medio de la charla, casi como si fuera un detalle sin importancia, me dijo que Lawrence Crest acaba de regresar de Mónaco, en donde tenía un flamante penthouse en el centro, el joven pródigo que va a asumir la presidencia de la empresa de su papá y, por supuesto, que es un hombre encantador, respetuoso, exitoso, pulcro, educado, con todas las virtudes que la alta sociedad adora!!- indicó emulando el tono estudiado de su madre.
- Lawrence?, el hijo de Jolie Crest?- Rosalie se recargó contra el respaldo con una carcajada ahogada- Dios mío, no me digas que Leigh Anne está intentando endilgarte a ese pobre infeliz?!
- Te lo juro- exclamó con el ceño fruncido- apenas pregunté si seguía teniendo pinta de nerd ochentero, mi madre evadió la pregunta como si le hubiera lanzado una bola curva!!
- Porque seguramente sigue pareciendo un niño atrapado en el cuerpo de un contable cincuentón- replicó su tía, riendo abiertamente- con ese suéter de rombos y mocasines blancos… en pleno verano.... no lo supero....y su madre siempre tan a la última moda, acaso no pudo enseñarle algo de estilo a su criatura?!- cuestionó retóricamente pues era bien sabido que Jolie era una madre dragón que se preocupó por todo lo referente a su hijo a niveles psicóticos, lo que no incluyó sus atuendos.
- Exacto!- y la joven rodó los ojos- siempre me he preguntado lo mismo...pero eso no es lo peor, mi madre incluso se atrevió a decirme que él había preguntado por mí y que ya arregló una "reunión", una cita, tía....una jodida cita!- Rosalie chasqueó la lengua con una mezcla de fastidio y burla.
- Por supuesto.... para ellos no se trata de amor, ni siquiera de compatibilidad mínima, solo quieren cerrar tratos con apellidos.... es lo único que les importa y parece que no aprendieron nada con el desastre de tu hermano.
- Y si es un degenerado?... y si es un infeliz o un obsesivo insufrible? o peor un maltratador?!
- Eso da igual- respondió la tía con sarcasmo- mientras tenga cuentas en Suiza y pueda firmar contratos con su nombre en oro, tu madre ya lo considera un candidato ideal.
- No entiendo por qué insisten.... no pueden dejarme en paz?!- exclamó Haydeé, mientras Rosalie suavizó el gesto, bajando la voz con cierta melancolía.
- Porque creen que una hija soltera es un proyecto inconcluso....si lo sabré yo!!
Haydeé miró a su tía y cómo su mirada brevemente se perdió, conocía su historia, todos en la familia la sabían, pues fue un tema recurrente en cada reunión, a veces como lección, otras como burla y la mayoría como reproche, pero Rosalie nunca agachó la cabeza ni se dejó arrastrar por las sugerencias e insistencias de sus padres, heredadas tras su muerte a Alton.
- Cómo lo haces?!.... cómo lo hiciste?!- cuestionó la chica tratando de encontrar fuerza en la historia de su tía.
- Uhum....no fue fácil cariño, imagínate llegar a casa de tus abuelos con Grant, un joven ingeniero electromecánico, el único hombre que amé, y el único que jamás fue bienvenido..... fue la locura para ellos, los gritos de tu abuela que aseguraba morirse, los insultos de tu abuelo a la nula fortuna que mi novio tenía.....- la mujer hizo una pausa tragando el nudo en su garganta con elegancia- las amenazas de Alton hacia Grant, a quien iba a matar por haber siquiera pensado que podía estar conmigo.....y la condescendencia de Leigh Anne.... tratando de aconsejarme con ese dulce tono de voz...... y ahí supe que no sería fácil, lo ví en los ojos de él, el dolor y el sentimiento de inferioridad.... tratando de alisar su pantalón comprado en el súper mercado.... mientras escuchaba en silencio cada palabra....por eso lo deje cariño, no por miedo o presiones, sino porque él merecía algo mejor que eso..... no por ellos.... por él- Rosalie suspiró, con la elegancia de quien ya ha hecho las paces con su pasado- y desde entonces, preferí quedarme sola, a pesar de sus muuuultiples intentos, nadie más que yo decide con quién compartir mi vida.
- Me parece lo más sensato que he oído hoy- afirmó Haydeé, con un dejo de admiración y cansancio, abrazando a su tía- aunque no tengo ni idea de que hacer....a mí, mi abuela no me dejó un fideicomiso- reclamó empujando levemente a la mujer.
- Pero sí una tía inteligente, hermosa y millonaria que te va a ayudar.....solo no te dejes arrastrar...... ya sabes cómo es Leigh Anne, si no le cierras la puerta tú, ella va a seguir empujando hasta meter a Lawrence por la ventana.
- Y qué hago?!- suspiro Haydeé con desánimo, pues si bien contaba con su tía eso no era suficiente para decir que tenía un plan, en realidad, sí necesitaba un plan y con urgencia, el viernes se aproximaba y prácticamente ya estaba a la vuelta de la esquina.