La camioneta avanzaba por las calles en penumbra, con el sonido relajado del motor y el zumbido lejano del aire acondicionado de fondo, la adrenalina del espectáculo aún no se había disipado del todo, pero ahora que las luces, los gritos y las manos insistentes habían quedado atrás, el grupo comenzaba a soltarse más, recuperando el tono de camaradería que los caracterizaba.
- Vieron a la del vestido rojo?- preguntó Nick desde el asiento trasero, soltando una carcajada- me dijo que tenía tres hijos y que uno de ellos era mayor que yo.... y aun así me pidió que me quedara a dormir.
- La que me ofreció un trago tenía un anillo de bodas en cada dedo- añadió Jordan, riendo- me sentí en un episodio raro de “Esposas desesperadas”.
- Eso pasa cuando en casa no reciben la atención que necesitan- dijo T con ese tono de quien está por dar un sermón- y me refiero a toda la atención, emocional, física...mental, porque no se trata solo de sexo, se trata de verlas, escucharlas, hacerlas sentir importantes.
El silencio posterior fue corto, T solía dar esa clase de consejos, lo que era un tanto extraño pues era un hombre soltero de cuya vida sentimental se sabía apenas que vivía fuertemente atado al amor de una mujer con quien no pudo estar, y aunque el momento se estaba volviendo extrañamente solemne siempre podían contar con Matías, quien, con la cabeza reclinada contra el vidrio, soltó una risotada, aligerando el momento.
- Y tú te estás escuchando?.... casi me haces llorar, T.
- En serio- insistió T- no cometan ese error, no den por sentado a sus parejas, que luego terminan buscándonos a nosotros para recordarles que siguen vivas.
- Escuchaste eso, Lennox?- intervino Zack con una sonrisa maliciosa- ahora que ya no eres el único soltero del grupo, aplica el consejo.
Lennox, que iba como era habitual en el asiento del copiloto, apoyado en el respaldo y mirando por la ventana, giró los ojos lentamente, consciente que el tema para esa plaga no había terminado.
- No empiecen otra vez....
- Vamos, solo falta que ahora tú le invites otro desayuno.....un poco más.....austero, claro esta- se burló Henry- en un lugar que no exija vender un riñón.
- Lo que me intriga- siguió Nick- es si ya le preguntaste si se está enamorando de ti... porque estoy seguro que de eso pides tu limosna, recuerda que así empiezan la historia de todas esas novelas románticas.
- Oh, sí, sí- ironizó Matías con tono melodramático- “La chelista refinada y el stripper rudo, una historia de amor que nació del desprecio y floreció en un desayuno de clase alta”.
- Pudranse.....eso no va a pasar, ni muerto- soltó Lennox, intentando que dejaran el tema por la paz.
- Oh!, ni muerto!- repitieron varios a coro, soltando carcajadas.
- El “ni muerto” que abre paso al beso épico en la lluvia.....eso ya lo vimos en Netflix, compadre!- aseguró Matías.
Lennox los miró uno por uno, con los brazos cruzados sobre el pecho y un suspiro cansado.
- Saben qué?, están más fastidiosos que las divorciadas de hace un rato.... y eso ya es decir mucho.
- Pero nos quieres igual!- respondió Zack, riendo mientras el grupo imitaba besos ruidosos.
El pobre hombre negó con la cabeza, consciente que esa burla fue resultado de su imprudencia pero ya no tenía más opción que escuchar sus comentarios hasta que la camioneta finalmente se detuvo frente al edificio donde vivía, y con un suspiro de alivio, abrió la puerta apresuradamente, recogiendo su chaqueta del asiento.
- Descansen, malditas plagas- les dijo con fingido desdén mientras se bajaba.
- Duerme bien, novio modelo!- le gritó Jordan mientras Lennox cerraba la puerta de golpe.
Y en cuanto Lennox comenzó a alejarse, los que quedaron dentro de la camioneta estallaron en carcajadas y, sin ponerse de acuerdo, comenzaron a tararear dramáticamente el inicio de la Sinfonía No. 5 de Beethoven, ese inconfundible “ta-ta-ta-taa”, como si anunciaran la tragedia de un hombre atrapado en su propio teatro romántico.
Lennox solo levantó una mano mostrándoles el dedo de en medio en señal de despedida sin mirar atrás, caminando con paso firme hacia su departamento, aunque mantenía el gesto serio, una media sonrisa se le escapó, lo que por supuesto negaría hasta el final, pero esas plagas sabían cómo hacerle sentir parte de algo.
El hombre llegó hasta su departamento con pasos cansados, cerrando la puerta tras de sí con un suspiro largo y arrastrado, se despojó del sombrero fedora, lo colgó con cuidado en la percha junto a la puerta y comenzó a quitarse la sudadera, ligeramente empapada por el sudor del espectáculo.
Sin encender más luces que la del baño, se desvistió lentamente y se metió bajo el chorro de agua caliente, dejando que le cayera con fuerza sobre los hombros, cerrando los ojos, apoyó una mano contra los azulejos, dejando que el vapor envolviera su cuerpo mientras su mente repasaba las bromas de sus compañeros.
- “La farsa se va a volver realidad”, tarados- murmuró en voz baja, con una sonrisa socarrona y cansada- claro, claro... y yo voy a terminar casado con la virtuosa del tormento, con una foto nuestra sobre la chimenea de los Lehmann mientras Alton me abraza con ternura paternal- ya me lo imagino, el yerno ideal.... stripper por las noches, hacker por las mañanas, y con la audacia de llamarle “Leigh” a su suegra, seguro no le da un infarto, le da un maldito colapso sistémico- el joven hizo una pausa y chasqueó la lengua- aunque pensándolo bien, el primero que me manda desaparecer con algún exmilitar retirado es Alton, ese tipo no sonríe sin tener un plan detrás.
Y procedió a enjuagarse la cara y se restregó el pelo antes de apagar el agua, para salir envuelto en una toalla, dejando un rastro de vapor a su paso; ya en su habitación, se lanzó la camiseta sobre el torso y un pantalón cómodo, mientras seguía divagando en voz baja, hasta que se dejó caer en la cama como un saco de papas arrojado desde el tercer piso y por un instante se quedó mirando al techo, medio sonriendo.
- No, en serio, yo, novio de Haydeé?, yo, en cenas familiares con los Lehmann, brindando con vino francés mientras Leigh Anne se atraganta con los canapés? y qué, les cuento que también soy stripper?..... claro que sí!, venga la embolia, señora y hábleme después de que salga del hospital.
Se rió más fuerte y irremediablemente pensó en Haydeé, lo que provocó que su expresión se relajara lo suficiente.
- Y ella... por favor, esa mujer antes se muda a Mongolia que aceptarme como algo más que un fastidio con patas......besarme a mí sería para ella como besar un caracol- exclamó rodando sobre el colchón, enterrando la cabeza en la almohada mientras seguía metido en su monólogo- esto es ridículo, un hacker stripper y una chelista snob... suena como el título de una pésima comedia romántica, “Amor en Fa Mayor con Striptease”, solo falta un perrito y una boda falsa.... y qué tal cuando se enteren que el supuesto dueño de empresa también se quita la ropa por dinero?, eso sí sería un giro digno de una telenovela, Leigh Anne directo al psiquiatra, mínimo, o al menos a cambiarse de apellido.
Lennox cerró los ojos, con una sonrisa todavía curvándole la comisura de los labios y se dejó envolver por el silencio, hasta la mañana siguiente, alejado de los aplausos y con la esperanza de que el maldito chelo del infierno no le despertara antes de la hora acordada.
Al día siguiente, Haydeé estaba sentada con la espalda recta, las piernas cruzadas alrededor de su chelo y los dedos sobre las cuerdas, su vista, sin embargo, estaba fija en el reloj de pared, cuyos segundos parecían avanzar con una lentitud intencionada, como si el tiempo mismo se burlara de ella.
- Aprovechado!!- masculló entre dientes, apretando el arco sin llegar a usarlo- chantajista, dictador de horarios..... quién se cree que es?- la joven volvió a mirar el reloj, faltaban apenas dos minutos para las diez, dos largos y eternos minutos- si no fuera porque llega a su madriguera a las tres de la mañana como un mapache callejero, no tendría que esperar para ensayar- bufó, golpeando suavemente el mástil del instrumento con los nudillos- pero claro, el mundo debe girar en torno a su sagrado descanso.
Y justo cuando el minutero parecía estar por tocar el número mágico, su teléfono vibró sobre la mesita lateral, el repentino zumbido la hizo soltar un grito ahogado, y por poco deja caer el chelo, sin intención y con un suspiro irritado, se estiró y miró la pantalla, y su cuerpo se tensó al ver el nombre en el identificador de llamadas.
Mamá.
- Perfecto- rodó los ojos, sabiendo que ignorarla solo traería consecuencias peores, así que se aclaró la garganta, adoptando un tono neutro que intentaba, en vano, parecer alegre- hola, mamá!
- Haydeé- la voz de Leigh Anne sonaba tan aguda y controlada como una cuerda a punto de romperse—. Espero no interrumpirte en alguna de tus… actividades musicales, solo quería recordarte que el evento de caridad en el club es este fin de semana, Margot ha trabajado muy duro en él y sería inaceptable que no te presentaras- Haydeé cerró los ojos con pesar, recostando la cabeza en el respaldo del sillón.
- No creo que sea necesario que vaya, en realidad nunca lo es, siempre termino arrinconada, sonriendo con un vaso de agua mientras todos fingen que no existo.
- Si fueras menos introvertida y más como Margot, eso no pasaría- la voz de Leigh Anne tenía una capa fina de desdén pulido que siempre lograba su objetivo de hacerla sentir mal- tal vez deberías intentar integrarte un poco, involucrarte.....Margot no solo participa, brilla e insisto, tú deberías aprender algo de ella.
- Y para qué?- resopló la joven con tono resignado- todos van a prestarle atención a ella, al evento, al buffet, a todo menos a mí.
- Por supuesto que no a ti, Haydeé- respondió Leigh Anne, como si fuera lo más obvio del mundo- la importante es tu hermana y la causa de caridad, si quieres ser el centro de atención, organiza tu propio evento, como hace Margot.
Haydeé presionó los labios, sintiendo esa mezcla conocida de incomodidad y resignación revolverse en su pecho, el reloj ya había dado las diez en punto con un pequeño "clic", y ella giró levemente la cabeza hacia él, observándolo como si fuera una puerta que acaba de cerrarse delante de ella.
- Claro, como sea.... haré lo posible por asistir.
- Haz más que eso, porque es lo mínimo que se espera de ti.....y además estaba pensando- dijo Leigh Anne con una pausada frialdad que auguraba problemas- y ya que deses tanto ser el centro de atención, tal vez sea bueno que te involucres más en causa beneficas, para la siguiente ocasión le diré a Margot que te incluya en la organización así nosotros no tendríamos que justificar tu falta de involucramiento en las actividades familiares.....y así te harías más visible.
- Claro, mamá, nada más emocionante que pasar el tiempo con Margot en su pequeña dictadura, tal vez debería pedirle que organicemos un desfile en mi honor o que me suban a un pedestal- Haydeé bufó, lanzando una carcajada hueca.
El silencio al otro lado fue breve, pero suficiente para que Haydeé sintiera el cambio, en un instante la voz de Leigh Anne se volvió más antipática, aunque aún envuelta en ese velo de cortesía que usaba como máscara.
- Tú siempre tan dramática, a veces pienso que no debiste tocar el chelo sino volverte actriz de teatro.....eres imposible!- exclamó con fastidio- de cualquier manera también te informo que deberás llevar a Lennox al evento del fin de semana, es preciso que el resto de la familia lo conozca- Haydeé se enderezó como si el respaldo del sillón hubiera desaparecido.
- Qué?!, no....no....no..... por qué?!, no, mamá, apenas nos estamos conociendo… no es que nos vayamos a casar ni nada por el estilo…
- Ay, por favor, Haydeé- el suspiro exasperado de Leigh Anne cruzó el auricular como una bofetada invisible- el rumor de tu relación ya se esparció gracias a tus imprudencias y no pienso quedar como una idiota frente a la familia, tus caprichos son cosa tuya, pero no pongas en juego nuestra imagen por un arranque.
- No fue un capricho!- intentó defenderse, pero su madre no le dio oportunidad.
- Jolie va a estar ahí además de Lawrence y como te atreviste a humillar al pobre chico en la puerta de tu edificio, no pienso permitir que nos expongas aún más si tu supuesto novio desaparece justo ahora.... vas a llevarlo, Haydeé.
- Mamá… precisamente por Lawrence creo que no es adecuado, van a pensar que lo hice solo para burlarme de él.
- Tal vez lo hiciste- replicó la mujer con un dejo ácido- pero eso ya no importa, lo que importa es que Jolie no crea que todo fue una artimaña para despreciar a su hijo, si desaparece el tal Lennox, vas a confirmar esa idea y no voy a romper una amistad de años solo por tu insensatez, así que lo quiero ahí.
El tono final no admitía discusión, Haydeé lo sabía y aún así abrió la boca para replicar, pero su madre fue más rápida.
- Y no olvides preparar un par de melodías adecuadas, porque vas a tocar en el evento.
- Qué?- exclamó la joven aún más incredula- a qué te refieres con que voy a tocar?
- A que Margot necesita una presentación musical para abrir el evento y me pareció oportuno que lo hicieras tú, sería un buen gesto de tu parte.... si es que quieres comenzar a ser una Lehmann útil.
- No voy a tocar en ese evento, mamá- dijo Haydeé con firmeza, apretando los dientes.
- Lo siento pero ya estás anunciada- replicó Leigh Anne con naturalidad- todos esperan verte, Margot creyó que era un gesto necesario y prudente, y yo estoy de acuerdo- y por supuesto que la joven ya sabía que detrás de esa idea también estaba metida su hermana.
- Prudente?!, no habría sido más prudente preguntarme antes?
- Haydeé, por favor...- suspiró la mujer con fastidio, como si ella fuese la agraviada- un toque elegante y distintivo, además eres parte de esta familia y es tu deber apoyar a tu hermana, no veo cuál es el problema, solo tocarás un par de melodías, nada complejo, lo haces todo el tiempo.
- No es lo mismo, no quiero ser la decoración musical de Margot....otra vez.
- Pues ve acostumbrándote- respondió su madre con un tono gélido- además, estás preparando una audición para la filarmónica, no?, pues velo como un ensayo, una oportunidad de fogueo, estará presente el señor Grissom, el presidente de la filarmónica, y sería buena idea que te viera en acción, ya Margot se encargó de invitarlo- Haydeé tragó saliva, por supuesto que Margot había pensado en todo pero no por amabilidad o cariño sino por ella- así que prepárate- continuó Leigh Anne sin esperar respuesta- ya tengo listo un repertorio y te lo enviare para que elijas, por supuesto que es algo sobrio y clásico, nada demasiado solemne pero tampoco moderno, simplemente que transmita clase- y desde luego esa elección tampoco le correspondía, sin embargo no tenía caso seguir discutiendo, ya ni siquiera se molestó en responder, solo respiró de manera cada vez más tensa- bueno....- continuó como si diera por terminada la conversación- nos vemos el sábado en el club.
- Ajá- musitó Haydeé, derrotada.
- Ah, y Haydeé....- añadió justo antes de colgar- no olvides llevar a Lennox y por favor, trata de… arreglarlo decentemente, es un evento de caridad, no una fiesta en el granero de alguien.
Y sin más, colgó, mientras Haydeé se quedó mirando al vacío como si acabaran de asignarle una misión suicida.
- Fantástico...- susurró- llevar al mapache, enfrentar a Lawrence, tocar como telonera de Margot… y todo en un solo evento- la jovencita apretó la mandíbula, mientras soltaba extraños gritos de desesperación- voy a matarla o matarme....o matar a alguien, lo que ocurra primero- Haydeé dejó el teléfono sobre el sillón tan despacio como si temiera que estallara- arreglarlo…- repitió con sorna- claro, qué sigue?, ponerle una correa?- bufó, hundiéndose en el sillón, cubriendo su rostro con ambas manos.
Ese fin de semana pintaba para ser un espectáculo y uno en el que ella no tenía escapatoria, menos cuando Margot había metido sus narices con absurdas sugerencias que su madre respaldaba sin cuestionar.
-Y ahora qué diablos voy a hacer…?!- murmuró Haydeé, hundiendo la cabeza entre las manos.
El celular yacía a su lado como un cruel recordatorio de su situación, todo se había complicado y lo peor era aceptar que no lo previo, si tan solo hubiera sabido que la mentira se volvería en su contra, pero recriminarse ya no tenia el menor sentido, lo importante ahora era resolver su predicamento.
- Cómo se supone que voy a llevar a Lennox a ese evento?.... cómo?...le dejo una nota en la puerta?, le lanzo una piedra envuelta en una carta como si estuviéramos en primaria o le hago una cita formal y le explico con PowerPoint por qué necesita usar algo que no tenga cierres metálicos ni botas de constructor?- y de nuevo bufó- va a decir que no.... claro que va a decir que no y si dice que sí, va a chantajearme....ya lo veo venir, seguramente terminare haciendo un trato ridículo, horas restringidas de ensayo, o peor..... algo peor, y si me obliga a mudarme?-Haydeé se tapó la cara con ambas manos, dejando escapar un sonido entre frustración y desesperación- por qué acepté esta estupidez?, en qué momento pensé que esto era una buena idea?.... y lo peor es que no tengo opción, claro....si no voy al evento, mi madre me lo va a restregar hasta el fin de los tiempos, cada Navidad, cada llamada, cada cumpleaños, “¿recuerdas ese día que humillaste a tu hermana y fallaste a la familia?”- repitió imitando la voz de Leigh Anne con un tono agudo y empalagoso- como si fuera pudiera olvidarlo....
La joven hizo una pausa, se sentó derecha y miró hacia la pared que la separaba del departamento de Lennox.
- Tengo que llevarlo, no hay opción, pero cómo se lo voy a pedir?, si me acerco amable, va a saber que quiero algo..... ese maldito mapache tiene un radar para el chantaje emocional y si intento sobornarlo… peor, con lo orgulloso que es, seguro me cierra la puerta en la cara o me la lanza en la cara directamente- Haydeé se puso de pie mordiéndose las uñas mientras daba vueltas sobre la alfombra como una leona atrapada en una jaula- esto es peor que enfrentarme a mi madre!- exclamó, alzando los brazos- mucho peor, al menos ella solo me juzga, pero Lennox se burla y eso es diez veces más insufrible…- hasta que se detuvo de golpe, tragando saliva, el evento era en dos días y ahora, no solo tenía que tocar, tenía que convencer al mapache de asistir, vestirse bien y no arruinarlo todo- estoy condenada- murmuró, dejándose caer nuevamente en el sofá.
Y por primera vez, se preguntó si no habría sido más fácil simplemente decir la verdad, pero ya no tenía esa opción.
Así durante los siguientes dos días, Haydeé se obligó a sí misma a actuar como la vecina ideal, nada de sonatas antes de las 10 de la mañana, nada de ruidos, ni siquiera una pisada fuera de lugar, caminaba como si el suelo crujiera con alarma, y cuando salía de su departamento y se cruzaba con Lennox en el pasillo o junto al buzón, le dedicaba algo parecido a una sonrisa, no algo genuino, por supuesto que no, sino una de esas muecas educadas que rozaban lo socialmente aceptable sin comprometer la dignidad.
Lennox, por su parte, no estaba manejando bien la situación, la primera vez que ella le dijo “buenos días” sin acompañarlo de un bufido, la miró como si acabara de declararse devota de la ópera de Mongolia.
- Te golpeaste la cabeza o estás enferma?- le preguntó, con la ceja arqueada y alejandose de ella como si fuera radioactiva.
- Solo.... estoy intentando ser civilizada- respondió ella, forzando una sonrisa que más bien parecía una mueca contenida.
Y desde entonces, había tratado de provocarla, le hacía comentarios al pasar sobre su “instrumento de tortura con cuerdas”, la llamaba virtuosa del tormento con exagerado respeto, y cada vez que la veía salir a tirar la basura, hacía alguna broma sobre que las arpías también reciclan.
Pero Haydeé aguantó, cómo aguantó, se mordía la lengua, respiraba profundo y lo miraba con serenidad estoica, y luego, apenas cerraba la puerta de su departamento, enterraba la cara en el almohadón del sofá y murmuraba insultos contra su existencia, su barba, sus cejas, y hasta sus malditas botas de trabajo.
- Maldito mapache con patas de oso....- le susurró al cojín el segundo día mientras lo apretaba como si fuera el cuello del propio Lennox- ni siquiera sé cómo se aguanta a sí mismo!
Pero no tenía opción, Leigh Anne le había recordado el evento de caridad tres veces por día, como si la memoria de Haydeé fuera la de un pez dorado y no la de una mujer al borde del colapso emocional, una vez por llamada, otra por mensaje de voz y una tercera con un correo electrónico lleno de signos de exclamación y en fuente Times New Roman tamaño 14, como si fuera una amenaza escrita con etiqueta de protocolo, y lo peor, todas las veces le recordaba con tono imperativo que no olvidara llevar a Lennox, como si ella pudiera olvidarlo siquiera un segundo.
Así que ahí estaba, otra vez, sola, frente a su espejo del pasillo, arreglándose el cabello mientras repetía en su cabeza una y otra vez cómo se lo pediría, sin que sonara a súplica o que pareciera que se estaba humillando.
- Dios mío....dame paciencia, porque si me das fuerza, le lanzo el chelo a la cabeza.
Y sin más alternativa u opcion, salió al pasillo con el corazón en la garganta, lista para tocar la puerta de su vecino y enfrentar el chantaje, o la burla, o quizás ambas; pero antes se detuvo frente al espejo con el ceño fruncido y las manos en la cintura, con un último y hondo respiró, tratando de lucir segura.
- Ok.... - dijo en voz baja, mirándose fijamente- solo… dilo, “Lennox, podrías acompañarme a un evento del club este fin de semana?”, casual, directo, sin rogar, fácil.... muy fácil- y de verdad lo intentó- Lennox, podrías acompañarme al evento del club este fin de semana?
No sonaba mal, pero tampoco sonaba convincente, ni natural, con autoridad, ni seguridad, con nada, en realidad.
- No, no, no..... suena como si le estuviera pidiendo que me done un riñón- así que lo reintentó- hey, Lennox.... - intentó con tono despreocupado, como si fuera una mujer moderna y empoderada que no temía pedir favores- este sábado tengo un evento, algo sin importancia....quieres venir?, digo.... si no estás ocupado.... con tus extrañas salidas nocturnas o algo así....- y la joven rodó los ojos- extrañas salidas nocturnas o algo así?..... perfecto!, seguro eso lo convence, estúpida.
Suspiró profundamente y se plantó frente al espejo, esta vez adoptando una postura que había visto tantas veces en su hermana Margot, la mano sobre la cadera, los labios entreabiertos, la mirada ladeada con un toque de dramatismo y la boca en una sonrisa sutil que decía “sé que me deseas”.
- Lennox.... -entonó con voz más grave, susurrada, y hasta ladeó el cuello como si posara para una portada de revista- este sábado hay un evento.... quiero que vengas....conmigo.
Un silencio y Haydeé soltó una carcajada histérica.
- Por favor!, si me ve haciendo esto me encierra en un manicomio o se desmaya del susto, o quizás algo peor, me imita con esa voz de broma que usa y me cierra la puerta en la cara diciendo “gracias, pero no acepto propuestas de duendecillas histéricas”- Haydeé se desplomó sobre el sillón como si el peso de su dignidad caída la hubiera empujado, y golpeó el cojín un par de veces con los puños antes de cubrirse el rostro con ambas manos- cómo se supone que lo haré sin todas las cualidades que tiene Margo?!- refunfuñó a punto de llorar y con un puchero en el rostro- está bien, Haydeé, eres una mujer adulta, has tocado en salas de concierto, has enfrentado al jurado de audiciones....puedes con un mapache, puedes pedirle a tu vecino con complejo de mafioso que finja ser tu novio en un evento familiar sin desmayarte en el proceso.
Volteó hacia la puerta de su departamento, como si así pudiera infundirse de valentía.
- Vamos..... no es tan difícil- y con el poco valor que logro reunir se levantó, caminó decidida hacia la puerta… y se detuvo justo antes de girar la perilla- tal vez después- murmuró, volviendo al sillón.
Y tres minutos después, se levantó otra vez.
- Ahora sí.
Y se detuvo otra vez.
- O no.
Así pasó otros cinco minutos, yendo y viniendo como una demente escapando de su propio juicio, hasta que, harta de sí misma y de su ridículo ritual de cobardía, apretó los puños y se plantó frente a la puerta.
- Basta, ridícula!.... actúas como una niñita, no seas infantil!!- y ahora si giró la perilla, saliendo al pasillo y cerró la puerta tras de sí antes de permitirle a su cerebro reaccionar.
Por supuesto que eso no implicaba que estuviera tranquila, al contrario, todo si cuerpo era un muestrario de nerviosismo, con su respiración agitada, ese leve temblor en las manos y el innecesario sudor en su ropa, y aún así caminó decidida, o eso intentó, hasta la puerta de Lennox.
Y con más ansiedad de la que se permitía admitir, tocó, un golpecito y luego otro, y otro más fuerte, y estaba tan ansiosa que no notó que había tocado con la urgencia de quien huye de una catástrofe nuclear, pero así era ella, una sinfonía de pánico con cara de compostura.