Capítulo 19

2229 Words
Mi corazón latía con fuerza mientras observaba la puerta cerrarse tras la salida de YoonGi. La tensión en el aire era palpable, y mi mente se nublaba con pensamientos confusos. JinSu, por otro lado, se acercó con calma, llevando consigo la taza de té, seguía sonriendo de forma indescriptible. — Parece que las cosas se han complicado más de lo que pensábamos —Comentó JinSu, su voz tranquila contrastaba con la intensidad de los eventos recientes. —Asentí, incapaz de articular palabras en ese momento. Mi mente estaba en un torbellino, tratando de procesar todo lo que había sucedido y anticipando lo que vendría a continuación. JinSu se sentó a mi lado, colocando la taza de té en la mesita cercana — Tendrás que agradecerme por este favor —dijo, su mirada penetrante buscaba la mía, y sentí que sus palabras iban más allá de la situación actual. — Debo volver a Mullae —Susurré, sintiendo la urgencia de liberar la carga que llevaba. Él asintió con comprensión, pero no presionó. En cambio, se limitó a esperar, dándome el espacio para compartir lo que necesitaba. Inspiré profundamente y comencé a relatar los eventos recientes, desde mi encuentro con Leon hasta la revelación de YoonGi sobre su deseo de protegerme. — No entiendo por qué se preocupa tanto. No tengo nada que ofrecerle. Además, ahora con esto de los moretones, me siento aún más atrapada. Y… No puedo quedarme aquí —Mi voz temblaba con la mezcla de frustración y confusión que sentía. JinSu escuchó en silencio, su expresión se volvió más seria. — Nathalie, sé que esto es difícil para ti, pero YoonGi no es el único que está preocupado por ti. Hay más en juego de lo que puedes ver en este momento. —JinSu eligió sus palabras con cuidado, como si estuviera sopesando cuánta información compartía. — ¿A qué te refieres? ¿Qué más está en juego? Vuelves con tus frases extrañas, no lo comprendo—Pregunté, sintiendo que cada respuesta solo generaba más preguntas. — Hay cosas en las que YoonGi y yo estamos involucrados, cosas peligrosas. No puedo entrar en detalles ahora, pero necesitas entender que no estás sola en esto. —JinSu habló con solemnidad, su mirada fija en la mía. —Mis pensamientos se agitaron aún más. La revelación de que tanto YoonGi como JinSu estaban conectados a algo más allá de lo que yo entendía añadía algo que me revolvía el estómago. Antes de que pudiera procesar completamente esta nueva información, JinSu continuó — Respecto a los moretones, lo siento. No deberías tener que enfrentar algo así. Cuando noté los moretones en el club, supuse que alguien del lugar podría estar involucrado —Su tono era algo despreocupado. — Lo siento, debo irme. —Me levanté, sintiendo un nudo en la garganta. Él me siguió y tomó mi brazo reteniéndome, di un respigón por la firmeza de su agarre. — No puedo permitir que te vayas. Ahora, respecto a YoonGi... —JinSu pareció elegir sus palabras con aún más cuidado—, su protección puede venir de un lugar más profundo de lo que puedes ver en este momento. Tal vez sea difícil para él expresarlo de manera clara, pero su preocupación es genuina. —Asentí, sintiendo una mezcla de confusión y gratitud. Mis emociones estaban en un constante vaivén, pero la presencia de JinSu me brindaba una gran sensación de inquietud — Debes tranquilizarte, siéntate, prepararé algo para ti —JinSu se levantó con la misma calma que le caracterizaba, y se dirigió hacia la cocina para preparar más té. Mientras observaba su figura desaparecer de mi vista, me di cuenta de que este círculo en el que YoonGi y JinSu estaban involucrados era más complicado de lo que yo había imaginado. A medida que el té se preparaba, una pregunta persistente se formó en mi mente: ¿qué más estaba oculto en las sombras de mi vida? El aroma del té llenó la habitación mientras JinSu regresaba con una taza en sus manos. Sentí que este era solo el comienzo de una serie de revelaciones y desafíos que me esperaban. Tomé la taza con mis manos temblando, ni siquiera hacía frío por la calefacción, pero sentía unas inmensas ganas de gritar y llorar de la desesperación. — JinSu… Realmente debo irme, o me meteré en problemas. —Él tomó un sorbo de su té e hizo un movimiento con su cabeza para que yo hiciera lo mismo. Hice una expresión de angustia y lo vi sonreír. — No te preocupes, yo lo soluciono… Por ahora, tendrás que satisfacer a YoonGi —Lo miré con los ojos llenos de terror. — N-No estaré con él… — Eres bastante rara, Nathalie —Quitó la taza de mis manos y se me acercó peligrosamente, su respiración estaba en mi cuello y habló en mi oído — Si se supone que eres una puta, ¿no? — Aléjate —Lo empujé sintiéndome muy preocupada por su constante cambio de intenciones, tal vez solo estaba jugando conmigo a propósito. Me levanté para salir del apartamento — Dile a YoonGi que tuve que irme, mañana lo veré. Detrás de mí, unas zancadas sonaron fuertes y unos brazos me abrazaron con fuerza, no al punto de lastimarme, me sostuvo por la cintura y mis brazos a los lados. Su cuerpo pegado al mío me hizo temblar. — ¿Ya no estuvimos aquí antes? No puedes irte —Aspiró mi cabello sin soltarme — Incluso si te vas, no puedes llegar a Mullae, ya Leon sabe que estoy contigo justo ahora, ¿o dónde piensas quedarte? Tengo entendido que eres una paria sin amigos. —De un tirón me dio vuelta, mis costillas dolieron increíblemente y comencé a llorar en silencio, el agarró mis brazos a los costados — No tienes alternativa, Daki. Odiaba ese nombre. Lo odiaba como no tenía nadie idea. Odiaba ser tratada como los demás querían, yo solo deseaba irme lejos y nunca volverlos a ver, todas esas personas que se comportaban bien conmigo terminaban siendo aquellos que se aprovechaban de mi buena fe. En estos momentos, quería solo desaparecer. — ¿YoonGi sabe sobre esto? —Cuestioné tratando de mantener lo poco que me quedaba de dignidad. Estaba casi segura de que YoonGi debía tener la mínima idea de mi trabajo nocturno, no encontraba las razones por la cuales tuvo que ir justamente a mi aula en aquel momento. — Absolutamente no, nada de nada. —Me soltó y miró curioso al verme llorar — ¿Te da miedo que le diga a YoonGi lo que haces a sus espaldas? Porque eso está muy mal, Nat. —Recriminó yendo por su teléfono, tecleó algo, pero yo solo lo miraba con desprecio — Él está comenzando a involucrarse mucho contigo, pero, ni siquiera eres sincera con él con respecto a ti. Y por su parte, no quiso leer el expediente que le entregué. — No deberías hablar mucho… También hiciste mal, él es tu amigo —Él siguió tecleando en su celular y tomó una foto mía, me mantuve quieta y me ignoró — Muy bien —Refunfuñando me senté en el sofá, él siguió en su celular, distraído. Mordí mi labio inferior con los ojos llorosos y levanté un poco la tela de la camiseta del uniforme. — Ay… —Susurré resoplando. Por mi piel se extendía una mancha violácea con zonas rojizas, toqué por encima verificando que no tuviera una fractura, dolía demasiado pero no parecía nada realmente grave. — Demonios —Oí susurrar a JinSu. — ¿Por qué no mostraste eso antes? —Él dejó su celular inmediatamente y me miró con preocupación. — No es grave. —Respondí enseguida y bajé la camiseta, cubriéndome. — Podrías tener un desangre interno y no te darías cuenta. —Se quejó y apartó mis manos para poder subir la prenda. La sangre subió a mis mejillas y no sabía si era por la vergüenza o la ira. — Estoy bien. —Lo manoteé y volví a presionar la tela hacia abajo. — No seas terca. — Realmente estoy bien. —Volví a responderle. — Déjame revisarte una última vez —Pidió desesperándose — Si llega a ocurrirte algo, YoonGi me matará. —Estuve viendo como iba y traía sus herramientas de trabajo hasta donde yo estaba, se sentó a mi lado y esperó a que yo cediera. — Está bien, pero date prisa. —Resoplé y levanté la camiseta. Él con cuidado estuvo revisando, di leves quejidos, pero ninguno me hizo mover, no dolía tanto ahora. Miré su rostro concentrado y una pregunta me vino a la cabeza — ¿Por qué él fue al aula? Está en otro bloque, no tenía necesidad de pasar por ahí, así que no es casualidad. — No tengo detalles de eso, tendrás que preguntárselo tú misma. —Volví a resoplar sintiéndome frustrada. — ¿Qué quieres de mí? —Él terminó de inspeccionarme y guardó todos sus implementos, no me miró — Vas… Pides ese tipo de cosas, luego amenazas con que solo es el inicio, vienes a tratarme como si nada frente a YoonGi… No sé ni como mirarlo a la cara —Sus ojos no se encontraron con los míos a pesar de que lo busqué con urgencia. Al no responderme, bajé mi camiseta y esperé pacientemente a que YoonGi llegara. Ciertamente, estuvimos menos de 10 minutos y todo eso ocurrió, era abrumador su actitud frente a mí y yo no sabía como lidiar con eso. Trataba de no hacer muchas preguntas, pero estaba alterada, no sabía donde estar quieta sin lucir como una drogadicta en rehabilitación. En unos minutos YoonGi llegó con unas bolsas de compra, me indicó que me fuera a bañar y me entregó las bolsas sin profundizar mucho. Hice lo que me dijo, en esta ocasión sí pude detallas mejor la habitación en la que antes había estado encerrada, al parecer era la de YoonGi. Cerré la puerta a mis espaldas, y pude escuchar las voces de JinSu y YoonGi hablar al fondo. — Ya puedes irte —Fue YoonGi hablando, JinSu respondió algo que fue inentendible para mí. Respiré más tranquila sabiendo que se iría. Di varios pasos y puse las tres bolsas que tenía en mis manos sobre la cama. Observé la habitación de YoonGi, que resonaba con un aire moderno y elegante. Las paredes estaban pintadas en tonos neutros, proporcionando una sensación de calma y serenidad. Muebles de líneas limpias y minimalistas ocupaban estratégicamente el espacio, otorgándole una apariencia ordenada y sofisticada. Una cama espaciosa, con sábanas impecables, se encontraba en el centro de la habitación. A ambos lados, mesitas de noche con lámparas de diseño contemporáneo agregaban un toque de estilo. Un escritorio organizado revelaba la meticulosidad de YoonGi, con una computadora portátil y algunos documentos que sugerían una vida ocupada y responsable. El suelo de madera brillaba bajo la luz tenue de las lámparas, y pequeños detalles personales, como libros cuidadosamente colocados en estantes, rompían la esterilidad de la decoración. El aroma a limpieza y un sutil toque de algún ambientador flotaba en el aire. Decidí abrir una de las bolsas y encontré ropa nueva, simple, pero de buen gusto. YoonGi había elegido prendas cómodas y modernas, como si hubiera pensado detenidamente en mis necesidades. Agradecida por este gesto, me dirigí hacia el baño. El baño seguía la misma estética moderna que la habitación. Azulejos blancos y grises revestían las paredes, y el suelo relucía con un brillo pulido. Un espejo grande sobre el lavabo reflejaba la imagen de alguien que aún se sentía perdida en un torbellino de acontecimientos. La ducha, con su mampara de vidrio, invitaba a relajarse. Me sumergí en el agua caliente, dejando que los problemas se desvanecieran por un momento. A medida que el vapor llenaba el baño, cerré los ojos, intentando encontrar claridad en medio de la confusión. Al salir de la ducha, me envolví en una toalla suave y me enfrenté nuevamente al reflejo en el espejo. Mi rostro reflejaba no solo la fatiga física, sino también el peso emocional de los últimos acontecimientos. Con determinación, me vestí con la ropa que YoonGi había proporcionado. Cuando salí del baño, YoonGi estaba esperando afuera, su mirada preocupada se encontró con la mía. Parecía que había estado esperando, quizás para asegurarse de que estaba bien. — Espero que hayas encontrado ropa cómoda en las bolsas. No quiero que sigas usando tu uniforme en este estado —Dijo con su característica seriedad. Asentí agradecida, mi mente seguía dando vueltas. Estaba agradecida por la preocupación de YoonGi, pero al mismo tiempo, la intriga y la incertidumbre se apoderaban de mí. Estuvimos sentados, mi cabello húmedo caía a los costados y mi nariz estaba rojiza. — YoonGi —Su mirada me miraba con completa atención — T-Tú… —Carraspeé mi garganta sintiendo que era incapaz de hablarle si lo miraba a los ojos, la culpa me seguía carcomiendo — ¿Qué hacías allá? Él levantó los hombros desinteresadamente. — Solo cruzaba —Desvió la mirada al notar mi incomodidad, quería gritarle que no era su culpa. — ¿Estás seguro? —Insistí. Una fina línea hizo con sus labios apretados y negó. — La verdad, Nathalie —Me miró con sus oscuros ojos, lucía confundido — Tuve que leer tu expediente.
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