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1935 Words
Al día siguiente estaba preparando mis cosas ya que debía abandonar mi vida actual y convertirme en otra persona a partir de mañana. Llevé mis manos a la cadera y despedí un resoplido. —¡Debemos hablar ahora! —intervino Tobías en presencia de Félix y Deborah, otra agente. Caminé hacia él con desinterés e hice una mueca burlesca al notarlo tan molesto. —Y ahora qué demonios te pasa. —¿Me puedes explicar, esto? —levantó su teléfono y me demostró un video. Le presté atención y mi visión se volvió borrosa al notar que era mi oficina y esas dos personas desenfrenadas tocándose, era Félix y yo la noche anterior. —¿Por qué rayos tienes esto? —grité. —Todos lo saben. —confesó Deborah mirándome con una mirada culposa. Giré a Félix que miraba el video con interés. —Y tú por qué no haces nada. —le pegué en el pecho con la palma de mi mano, por lo que me observó con rudeza y sostuvo mi muñeca. —Solo tuvimos sexo —me crucé de brazos imitándolo—. Todos lo han hecho en las oficinas. —Solo tuvimos sexo —imite su voz—. Pero ten un poco de compostura, imbécil. —comenzó a reír. Liberé un quejido con mi voz y volví a Tobías que proseguía contemplando el maldito video. —No puedo creer que lo hayas hecho con Feuerstein. —opinó en un tono decepcionante. —Oye, ¿acaso mueres de celos que en mi lugar no hayas sido tú? —agregó Félix con enojo. —Yo no soy una cualquiera que se acuesta con todos. —lo enfrenté. —Además yo soy su amigo, quiero el bien para ella y tú no eres —se acercó con altura—, capaz de llevar una mujer como ella, no estás a su alcance. —se burló. —Sé que amas que peleen por ti —se rió Deborah al mirar la estúpida discusión. La miré burlesca y asentí. —Son discusiones sin importancia. —Estoy de acuerdo —me miró—. Aunque tienes suerte, hace tiempo que intento captar la atención del apuesto Félix y nada. —la miré extrañada. Félix era un arrogante y patán. Opté por no expresar mi parecer, no me era de incumbencia, en realidad me daba exactamente igual. Volví a mi oficina y me senté en el sillón agobiada, pensando mil maneras de ese reencuentro con Edward Stein. Recordé aquellas tardes de mi adolescencia cuando me adormecía en sus brazos. Me sentía fatal por los estados deplorables de mi madre que cada vez empeoraban. Fruncí mi ceño y apoyé mi cabeza en el respaldar. —Oye. —una voz me hizo salir del trance y presté atención al sujeto e hice un mohín. —Y ahora qué quieres. —apoyó sus manos sobre el escritorio y me miró penetrante. —Quiero hablar, sobre lo de anoche. —curvé una sonrisa burlesca. —¿Me extrañas? —entoné una voz sensual. —No juegues con fuego —acarició mi mejilla—. Te puedes quemar. —No te tengo miedo Félix, no eres más que un patán que me desea —me puse de pie y caminé hacia su dirección con sigilo y sensualidad—. Desde el primer día que ingresé aquí, tú no podías quitarme la mirada de encima —sonreí—. Te gustaba, me deseabas y nunca te di con el gusto. No aguantaste más y perdiste tu dignidad rogando por un poco de diversión —Félix borró su sonrisa rápidamente. Toqué su masculinidad, sabía que por dentro quería estrangularme. —Me das pena —mantuve mi postura rígida ante él—. Tú te diviertes hiriendo a las personas, porque temes que rompan esas murallas que creaste, murallas impenetrables —se aproximó a mí con una expresión frívola —No eres feliz. —me alejé por inercia y plasmé mi mano en su mejilla con fuerza. —Tú no eres nadie para darme lecciones de vida, si soy feliz o no es asunto mío. —¿Es malo que alguien se interese por ti? —confesó mientras sobaba su mejilla. —¿Tu? ¿Interesado por mí? ¿Todo porque lo hicimos anoche? —Tu sabes que eso no tiene nada que ver —lanzó una mano al aire y caminó hacia la puerta furioso—. Eres imposible. —terminó por decir y a continuación vino un portazo. Pegué un respingo por el impacto y después de mucho tiempo sentí una molestia en mi pecho, una molestia llamada dolor. No sé por qué, pero lo que me dijo me había afectado. Pegué un gruñido y volví a sentarme en mi sillón. * Salimos a festejar con Tobías nuestra última noche de libertinaje. Estaba algo ansiosa para empezar con la misión. De él no podía esperar lo mismo estaba esquivo de hablar ese tema. Nos encontrábamos en una mesa tomando un par de cervezas en el club donde siempre venían agentes, entre otros. Era nuestro espacio a decir verdad. —Que te perturba. —tomé un trago de cerveza. —Cómo puedes estar tan tranquila. —fruncí mis hombros y miré hacia la pista donde había una extensa multitud bailando. —Es mi trabajo, Tobias. —¿Estás consciente de que tal vez tengas que relacionarte íntimamente con Stein? —gritó para que escuchara su voz, la música impedía la audición. Se me estremecía cada parte del cuerpo, con solo pensar en eso. —Si no me queda de otra. —rezongue. —Mataré a ese tipo con mis propias manos si te toca. —sonreí ante su ataque de sobreprotección. —Se cuidarme sola Tobías. —tomó de mi mano. —Soy tu amigo, siempre te protegeré a pesar de que te sientas la mujer más independiente del mundo. —blanquee mis ojos. —Odio a ese tipo por todo lo que me hizo, será un placer matarlo. —Espero que tus sentimientos no jueguen de por medio. —entrecerré mis ojos. —No quiero hablar más del asunto. —advertí con seriedad. —¿Qué pasa con Félix? —Sales de un tema irritante y entras en otro más irritante. —sonrió pasando su mano por el mentón. —Debes contarme, jamás pensé que entre ustedes dos pasara algo. —Entre nosotros no pasa nada. —detestaba cuando Tobias me observaba como si fuera un tiro al blanco, esperando a que me lanzaran el anzuelo y embocara en el ángulo. —Vamos Isla. ¿Por qué le diste la oportunidad de estar entre tus piernas? ¿No lo odiabas? —Lo odio. —Feuerstein siempre te tuvo en cuenta —sonrió pesado—. Eres la envidia de todas. —bufé. —¿Envidia? ¿Por haber estado con Félix? —me reí burlesca—. Por favor, estos seis años que lo conozco jamás maduró. —Isla —me retó. Fruncí mis hombros sin importancia y continué observando la pista—. El será tu sombra. —No lo necesito, sé cuidarme sola —volví a él con una mirada arrogante—. Te tengo a ti, no necesito a otro que me cuide. —El mundo donde nos meteremos siendo tres es bastante arriesgado. —explicó con desgano. —Somos más inteligentes que todos esos monos repugnantes —deduje—. Además, tenemos todo un equipo detrás si queremos podemos matarlos a todos. —La CIA no es matar como animales para satisfacernos como hace la mafia. —me regañó, hice un mohín. —Ya lo sé Tobías, solo bromeo. —pegué una palmada en su fibroso brazo. Me analizó unos segundos y se dirigió a apreciar la pista de baile. Sabía que tenía ganas de bailar, pero eligió mal a su compañera, era pésima y sobre todo aborrecía todo ese tipo de diversión. Miré a un costado donde estaba el Dj y descubrí un movimiento extraño. Dos sujetos vestían como dos jóvenes que venían a divertirse, pero su expresión no era justamente "diversión". Ignoré totalmente a Tobías que hablaba de sus andanzas con distintas mujeres y me centré en ellos que caminaron hacia una agente que conocía muy bien. Observé que uno sacó un arma de su chaqueta y sigilosamente le apuntó en la cintura a la agente Torres. Me puse de pie rápidamente. —Tobías, están atacando a una agente. —mi amigo puso expresión de alarma y sacó el arma que tenía escondida en él. —Debemos dividirnos. —advirtió con seguridad. Caminé entre la multitud sin quitar la mirada de los sujetos arrinconando a Sila. Noté a Tobías en el otro extremo acercarse y congeniamos miradas, entendí que debíamos actuar. Me coloqué detrás del impostor y le apunté con el arma en su espalda, Tobías llegó al rato e hizo lo mismo con el otro. —Les conviene actuar como si nada y arreglaremos esto fuera. —susurré en su oído. Caminamos junto a los tipos y al llegar fuera, una recluta de hombres armados vestidos de n***o nos aguardaban. —Qué es esto —susurré. De pronto un dolor en mi estómago me derrumbo al piso, el maldito me había golpeado con su codo. —¡Isla! —gritó Tobías. Unas suaves manos me ayudaron a ponerme de pie, al mirarla era la Agente Torres que tenía una expresión de horror. —Me han descubierto Dumont —me susurró—. Vienen por mí. —No si podemos impedirlo. —ella tomó de mis hombros. —Tú tienes una misión mañana, debes mantenerte apartada. —miré sus ojos impregnados de miedo y rojizos como si a punto comenzara a llorar. —No podemos dejarte aquí. —murmuré. —Torres, vienes o te traemos a la fuerza. —volteé a los tipos. —Me entregaré. —negué aturdida. —Torres. —inmuté. Levantó su mentón con decisión y caminó hacia ellos. Apreté mis manos con ira. Tobías se acercó a mí y me miró. —Tania arreglará esto. —Me siento impotente. —Isla, nos pusimos al descubierto. —sonaba preocupado. —¡A la mierda! ¡A Torres le puede pasar cualquier cosa! —sostuvo de mis hombros con fuerza. —¡Cálmate! —bramó—. ¿Quieres que nos maten? —de pronto sonó nuestras agendas electrónicas al mismo tiempo. "La agente 009, ha sido raptada, localización dentro de la ciudad de Miami, equipo especial en camino" —Te lo dije, Isla —guardé la agenda y con seriedad comencé a caminar rumbo a mi casa—. ¡Oye! —Déjame en paz Tobías. —continué sin mirarlo. Estaba harta de todo esto, han muerto numerosos agentes en estos seis años que he estado aquí, y nadie hacía nada. Tania era una incompetente. Mientras tenga su trasero protegido el resto le importaba un bledo. Corté camino tomando un atajo por un callejón oscuro y sombrío, quería llegar a casa, pero sentí un ruido detrás de mí, giré alarmada, posando mi mano en el arma que tenía escondida en el cinturón de mi pantalón bajo la chaqueta. Un tipo salió tambaleándose de un cabaré acompañado de una mujer semidesnuda con un cigarro en la mano. Hice una mueca y seguí con mi caminata. Al llegar giré nuevamente, me sentía observaba y no me era nada placentero. En fin, traté de no tomarle importancia y me dirigí a mi departamento. Apoyé mi cabeza en la pared de metal del ascensor y liberé un resoplido. "Mañana seré una mujer imponente, traficante de drogas, Isla Dumont"
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