A lo largo de la noche hubo un desfile perfectamente coordinado de chicos con trajes elegantes trayendo y llevando platillos fuera del comedor, con expresiones neutras y un equilibrio asombroso a la hora de cargar bandejas.
Una parte de mí esperaba ver a Elizabeth, como de costumbre, haciendo una breve descripción del postre antes de servirlo, pero ella ni siquiera se asomó. A mi lado Thomas se desenvolvía bastante bien, actuando como si él fuera uno más del grupo. Dan y Sharon se reían sutilmente ante cada frase que alguno de los dos decía, tratando de aparentar seriedad después, y Madeleine discutía con James entre murmullos casi como si estuvieran dentro de una reunión de negocios, demasiado serios para pensar que algo de todo aquello les resultaba placentero. Por su parte, Halsey se inclinaba hacia Damon cada cierto tiempo con el propósito de susurrarle al oído, ganándose en respuesta un par de asentimientos o alguna pequeña sonrisa.
Nadie me ponía atención, aunque Thomas mantuvo una de sus manos sobre mi pierna todo el rato.
Cuando pusieron frente a mí el plato principal pensé en que debía calmarme; si Elizabeth había aceptado relativamente de buena manera el hecho de quedarse al margen de la cena, ¿por qué tendría que molestarme a mí? Pero a medida que pasaban las horas, muy en contra de mi voluntad, sólo me enfurecía más.
No hay nada en la mesa que me impida visualizar a detalle cada uno de los movimientos, cada una de las expresiones, de Damon, y en ningún momento vi el mas mínimo asomo de pesar por lo que estaba haciéndole a la pelirroja. ¿Cómo era posible que ella no tuviera derecho a estar presente aun cuando se esforzó más por organizar el evento que él? Se veía tan cómodo con Halsey, compartiéndole de su copa con helado, que me estresé.
Imaginé a Elizabeth en su cama, sola, mientras nosotros disfrutábamos realmente de un esfuerzo que había sido principalmente suyo. Para mí nada de eso era aceptable. Así que al final de la noche había acumulado una gran cantidad de indignación, frustración y furia que no sabía si podría disimular.
Halsey se levantó de pronto, llamando la atención. Todos dejaron sus conversaciones a medidas para observarla. Antes de ofrecer algún tipo de explicación se giró hacia Damon, extendiéndole el brazo con una radiante sonrisa sobre el rostro. Él, menos entusiasta, se puso de pie sin aceptar la ayuda, pero en cuanto logró incorporarse la rodeó por la cintura con un brazo.
—Iremos a cumplir con nuestro deber.
—Recuerden que debe parecer una interacción casual—dijo Madeleine. James la secundó, asintiendo con la cabeza.
—No puede haber algún gesto demasiado comprometedor.
—Pero, al mismo tiempo, debe parecer que están flirteando.
—De forma que mañana o dos semanas después puedan decir que ocurrió porque estaban un poco ebrios.
—Y que, en caso de que debamos alargar aún más la situación, sea factible utilizar las imágenes como prueba de que tienen algo.
Damon ladeó la cabeza un par de milímetros, pensativo.
—Entonces salgo allá afuera, me acerco a Halsey, pero no demasiado, me río con ella, pero no demasiado, la abrazo cada cierto tiempo, pero no demasiado, y al final de la noche la beso, con suerte demasiado… entendido.
—Nada de besos.
—¿Por qué no?
—Porque no podemos desmentir algo como eso, Damon, no te hagas el idiota.
—No le hagas caso, sólo te está molestando—James posó una mano sobre su hombro, conciliador, y entonces me di cuenta de que era el único que se esforzaba por entenderla. Probablemente él sufre las mismas crisis nerviosas gracias a Halsey.
Madeleine apretó los labios en una línea fina.
—Lo sé, pero de todas formas me estresa.
—Ven, amor, vámonos antes de que Mads te arroje los cuchillos a la cara.
Damon se mordió el labio inferior, divertido, en lo que se dejaba guiar fuera del comedor.
—Le gusta fingir lo contrario, pero todos sabemos que me ama.
Madeleine resopló, cruzándose de brazos, sin atreverse a desmentir lo que dijo el castaño. A la salida de ambos se creó un denso silencio, ligeramente incomodo, que mi novio decidió interrumpir.
—Dios, ¿cómo es que se llama esto? ¿Mousse de chocolate? Creo que voy a tomar un poco más, está buenísimo.
Sharon, que me hizo un profundo interrogatorio los cinco primeros minutos de la cena, antes de que todos decidieran pasar de mí, asintió antes de lanzarse a un pequeño discurso sobre por qué ese es su postre favorito. Thomas le puso atención con una amabilidad paciente, volteándose hacia mí de vez en cuando con el objetivo de incluirme en la conversación.
Hace rato, en lo que intentaba beber mi copa de vino sin mirar con particular aversión a Damon, me puse a analizar si de verdad yo quería, o podía, quedarme los seis meses aquí. No han pasado demasiadas cosas, no va ni una semana, pero me pareció importante determinar si es que me siento lo suficientemente cómoda con el castaño a mi alrededor.
Más allá de que últimamente hasta la forma en la que respira me parece moralmente incorrecta, no creo que sea lo que yo definiría como mal chico. Puede que nuestras formas de pensar no coincidan, o que de vez en cuando me parezca un idiota, pero, de momento, no tengo material suficiente para concluir que en serio lo es. No hay nada solido en su historial con respecto a mí que lo encasille como mala persona. Y Thomas parece tan feliz con su mejor amigo y todos los lujos que pensábamos pagar para obtener que no puedo pedirle que nos vayamos sin tener primero una razón válida.
Mi novio es uno de los mejores chicos que he conocido en toda mi vida, en cada aspecto posible, y ha hecho muchos sacrificios por mí, supongo que yo podría intentar que esto funcione por él.
Otra media hora se consumió entre recetas ofrecidas por Sharon y anécdotas de Madeleine sobre el top diez de las cosas más estúpidas que ha hecho Damon desde que ella lo conoce. Fue inevitable no coincidir con Tom; da la impresión de que se busca muchos problemas innecesarios. En algún punto simplemente dejé de estar tensa, y entonces yo también comencé a reírme del castaño. Olvidé mi enfado y las comparaciones mentales que yo misma me hice sobre Halsey y mi prácticamente nula belleza si nos encontramos dentro de la misma habitación. Dejé de pensar en exceso sobre problemas que ni siquiera me incumben y disfruté de lo que quedaba de la cena.
Después de acabarme cinco copas en un corto periodo de tiempo tuve la súbita necesidad de ir al baño. Me excusé con todos los presentes y salí lo más rápido que me permitieron mis piernas, luchando para no tambalearme al punto de caer. Jamás he tenido buena resistencia al alcohol, pero eso de perder la coordinación con tan poco me pareció ridículo.
Bufé cuando me costó reacomodar el vestido gracias a que mis manos se movían de una forma extraña. Una vez en la sala me encaminé hacia el ventanal, atraída como cada día por la imagen surrealista y lumínica de la ciudad. Estuve ahí hasta que me pareció que todas mis extremidades eran cien por ciento controladas por mí. Luego giré con la intención de regresar al comedor, no obstante, antes de poder lograrlo mis ojos dieron con una imagen que en definitiva no me esperaba.
Los pies se me trabaron cuando quise dar un paso al frente. A pocos metros, casi sobre la barra, Damon besa a Halsey como si la vida se le fuera en ello. Ambos se mueven con frenesí, las manos de él están por todas partes, recorriendo el cuerpo de ella, y los brazos de Halsey están entrelazados tras el cuello de él con fuerza, acercándolo cada vez más hacia sí misma.
Ninguno notó que tenían compañía. Estaban tan concentrados en lo que hacían que temí ver que alguno comenzaba a sacarse la ropa.
Tras la sorpresa inicial llegó el desconcierto. ¿No se supone que no tienen ningún tipo de relación?
Fruncí el ceño hacia el enredo de manos y piernas que eran, tan adheridos al otro que la tensión s****l me alcanzó hasta a mí. Y después comprendí que debía irme antes de que advirtieran mi presencia. ¿Qué se supone que les diría, en caso de que me pillaran mirando?
Intenté retroceder, pero como ocurre siempre que me siento mínimamente nerviosa por algo, me tropecé con mis propios pies. Antes de que pudiera detenerme ya estaba en el suelo, cayendo estúpidamente con un margen de tiempo pequeñísimo para poner las manos. El golpe no fue especialmente doloroso o estrepitoso, pero bastó para llamar la atención. Halsey empujó a Damon por los hombros, mirándome desde su lugar con las pupilas dilatadas y los labios hinchados. Todavía parecía exaltada cuando logró enfocarme, quizás un poco pérdida en el efecto Damon, pero luego, apenas entendió lo que pasaba, hizo exactamente lo que menos habría querido que hiciera:
—¿Abigail?
Dirigir la atención hacia mí.
Damon se dio la vuelta apenas escuchó ni nombre. Lo primero que noté fue que traía el cabello despeinado, las mejillas sonrojadas, los labios rojos y la respiración acelerada. Me vio ahí, tendida en su sala con una pierna extendida, una semi encogida, los brazos hacia atrás y el cabello cayendo desordenadamente sobre parte de mi rostro, y la mejor reacción que se le ocurrió fue alzar una ceja.
Sentí calor en la cara, intuyendo que ya se me habrían enrojecido las mejillas, y agradecí mentalmente a la chica estilista de hace un rato por ponerme una gran cantidad de rubor. Lo que menos necesito es que se den cuenta de mi vergüenza.
Damon se aclaró la garganta.
—¿Poniéndote cómoda para poder espiarnos?
Y con eso la humillación fue sustituida por la irritación que llevo sintiendo toda la noche.
—¿Por quién me tomas, idiota?
Ahora fue el turno de Halsey de enarcar las cejas, sorprendida. De nuevo, dudo que alguien se refiera a Damon con algo que no sea un adjetivo similar a “Dios griego” muy seguido, aunque a diario merece un aluvión de insultos. Vi que volvía a empujarlo con suavidad para poder apartarse de él, caminando hacia mí con pasos estilizados y zancadas amplias.
—¿Disculpa?
Halsey se detuvo enfrente, extendiéndome una mano.
—Oye, si eres capaz de llamarlo por lo que es sin miedo automáticamente me agradas.
Damon frunció el ceño.
—Ah, ¿entonces ahora se pondrán las dos en mi contra?
Me impulsé con ayuda de la pelinegra, nuevamente intimidada y ligeramente apenada por armar una escena enfrente del que debe ser uno de los rostros más hermosos del país.
—Gracias—murmuré, luego tragué saliva para elevar el tono—. Lamento interrumpirlos, juro que fue un accidente. Me caí y…
—Nos dimos cuenta, no es necesario que expliques cómo pasó, pero agradecemos las intenciones.
—Damon, Dios, deja de ser tan insoportable, casi me arrepiento de haberte besado.
—¿Casi?
Halsey sonrió sin despegar los labios.
—Sí, bueno, por mucho que me frustre admitirlo esa es una de las cosas que sabes hacer muy bien.
—Ok, demasiada información.
La pelinegra regresó la mirada hacia mí, ahora sonriendo ampliamente.
—Lo siento, este chico es una de mis adicciones; nada para comentar en público pero, desde luego, una tentación que no puedo ignorar—tras echarse el pelo sobre el hombro, ajena a la mirada divertida que Damon estaba dándole, soltó un suspiro—. Sospecho que eres una buena chica, torpe pero agradable, y por eso mismo confío en que esa escena que acabas de presenciar no será mencionada fuera de esta habitación ¿cierto?
—¿Quieres saber si voy a contarle el chisme de ustedes dos besándose a la prensa?
—Básicamente.
—No, puedes estar tranquila.
—Bien… pero en general sería mejor si no se lo mencionaras a nadie.
—Es decir, ¿a Thomas?
Asintió levemente.
—Ni siquiera a él.
—Thomas no diría nada. Es la persona más leal que conozco, tanto que a veces parece estúpido.
—Hey, no vas a insultar a mi novio en mi presencia—Damon alzó las manos en señal de rendición.
—Es en buen plan, si dudara de su inteligencia no lo habría invitado a mi casa.
—De todas maneras—intervino Halsey, con su tono comedido y diplomático—, me sentiría más cómoda si no lo supiera. Para ser justas, tú tampoco sabrías que nada de eso pasó si no nos hubieras visto.
Entreabrí los labios, dispuesta a debatir, pero lo cierto es que ella tiene razón.
—De acuerdo, no le contaré.
—Excelente, ahora bien, no es por echarte pero… Damon y yo estábamos en algo que me gustaría concluir.
Probablemente el castaño leyó lo que pensaba en mis ojos, ya que al instante se apresuró a añadir:
—No tengo que darte explicaciones, pero descuida, no será sobre la barra en la que desayunas.
Comentario que, de hecho, me resultó reconfortante. No quiero tener la imagen de ellos dos desnudos encima del sitio en el que pongo mis platos con hot cakes.
—Bien… diviértanse, supongo.
De camino al comedor se instaló en mi pecho una sensación de incomodidad que no pude definir. Eso había ido mejor de lo que podría haber esperado, no obstante, si pudiera retroceder el tiempo para evitar todo ese escenario lo haría.
Era posible que siguiera teniendo las mejillas sonrojadas cuando tomé mi lugar en la mesa. Thomas, que seguía hablando con Sharon, se volteó de inmediato, observándome con los ojos brillantes y una sonrisa.
—Te tardaste, ¿no?
—¿Me creerías si te dijera que estoy un poco ebria? Fue complicado poner el vestido en su sitio.
—¿La peor parte? Sí te creo—Sharon se silenció al segundo en el que Tom dejó de mirarla, pero mantuvo la vista sobre ambos porque Dan ahora estaba inmiscuido en la conversación de Madeleine y James—. Todavía me acuerdo del otro día, cuando empezaste a pelear con una desconocida en el parque después de beber menos de media botella.
Sharon soltó una risita, y yo volví a sentir que el calor se acumulaba en mis mejillas.
—No era necesario mencionar nada de eso.
Thomas depositó un beso sobre mi frente, luego cepilló mi cabello con sus dedos.
—Estábamos pensando en trasladar la reunión a la sala de estar.
—¡No!
—¿Por qué no?
La exclamación, que llegó antes de que lograra detenerla, captó la atención del resto de los presentes. Dudaba que fuera un secreto para Madeleine o James lo que pasa entre Damon y Halsey, en especial porque no da la impresión de que sean muy cuidadosos cuando están en un “ambiente seguro”, pero, al mismo tiempo, la pelinegra parecía desesperada por asegurarse de que guardaría silencio al respecto.
—Elizabeth está ahí, viendo una película.
James alzó las cejas.
—No creo que le importe si nos unimos, ¿o sí?
—Es que estaba llorando, cuando pasé por ahí, y… era una película de romance, yo creo… ella se veía muy… ahogada en sus sentimientos. No deberíamos incomodarla.
Thomas arrugó el rostro en preocupación.
—Con más razón deberíamos hacerle compañía.
—No, ella no recibe bien la atención de alguien que no sea Damon, sólo se enfadaría—dijo Madeleine, sacudiendo una mano en el aire para restarle importancia al asunto—. Podemos quedarnos aquí otro rato, es lo mejor.
Esa frase resonó dentro de mi cabeza incluso después de que todos se mostraran de acuerdo con Madeleine.
“Ella no recibe bien la atención de alguien que no sea Damon”
¿Qué demonios significa eso? Me mordí el labio inferior, pensativa, porque ahora es mucho más claro el hecho de que hay una historia que desconozco detrás de la relación de ambos.
Al cabo de un rato Halsey regresó al comedor. James la observó mientras ella se dejaba caer en su silla, como sospechando que había tardado demasiado para sólo “cumplir con su deber”, pero luego volvió a enfocarse en Madeleine. Damon no venía detrás.
—¿Todo en orden?—le preguntó Thomas directamente, ojeando los alrededores en busca de su mejor amigo.
—Sí, Damon fue un momento al baño.
—Ah, vale.
Halsey me miró, de pronto, con una extraña sonrisa en los labios.
—Así que ustedes planean casarse. ¿No es muy pronto?
—No. La verdad fue una decisión fácil de tomar; Abby es el amor de mi vida—Thomas levantó mi mano para depositarle un beso. Automáticamente sonreí, si bien mis pensamientos están en otra parte.
—Qué lindo, no me veo así de enamorada. Pero tú pareces amarlo de verdad, ¿o no, Abigail?
Parpadeé. De pronto fue como si ella estuviera buscando algo en mi expresión. En ningún otro momento de la noche se fijó en mí. Sentí que debía darle la impresión correcta.
—Por supuesto.
—Me alegra oír eso. La conexión que tienen debe ser inmensa si piensan pasar el resto de sus vidas juntos siendo tan jóvenes.
—Lo es.
Tom no se daba cuenta de la tensión en la sonrisa de Halsey.
—No creo que haya algo, o alguien, capaz de separarlos.
Pero yo, por el contrario, podía ver que algo había cambiado en el corto periodo de tiempo que transcurrió desde la última vez que la vi, en la sala, hasta este preciso instante.
—No, no lo hay. ¿Te estás refiriendo a alguien en particular? Porque ya aclaramos el rumor que surgió cuando salí con Damon. Para eso es esta cena.
—Lo sé, no hablo de él, eso sería absurdo. Es el mejor amigo de Thomas.
La observé, en silencio, mientras percibía la mirada de mi novio sobre mí. Tom pierde los nervios cada vez que soy “imprudente”, o que no me hago la tonta, como vendría siendo más conveniente, pero lo cierto es que Halsey empezaba a incomodarme. Sus preguntas están cargadas de un doble sentido irónico, y me ve como si supiera algo que yo no. Es estresante, no creo haberle dado motivos para que se comporte así.
Por otro lado, el resto de los presentes se giraron en sus asientos para mirarnos.
—Bien—justo en ese instante el castaño hizo acto de aparición, cruzando la puerta sin cortarse por la tensión del ambiente—. En cualquier caso, ni Damon ni ninguna otra persona tiene algún tipo de poder sobre mi relación con Thomas, por si querías oírlo directamente.
Damon se detuvo antes de sentarse, observándome con el ceño fruncido.
—¿Y ahora qué hice?
—Excluiste a Elizabeth de la cena, pero ese ya es un tema aparte—me puse de pie bajo las diferentes reacciones que estaba recibiendo por mi actitud. Pensé en que debía huir cuando sospeché que estaba siendo más odiosa de lo que es aceptable—. Gracias por la comida, fue un placer conocerlos. Espero verlos en otra ocasión, ahora mismo estoy muy cansada y creo que lo mejor es que vaya a… dormir.
Me giré procurando no mirar hacia Tom, un tanto avergonzada por ser el centro de atención. A mis espaldas lo escuché murmurar.
—Lo siento, generalmente ella no es así. Ha tenido un par de días difíciles, aun no nos acostumbramos a la ciudad, pero ustedes han sido muy amables…
Me dejé caer de cara al colchón, extendiendo los brazos a mis costados. La cama podría ser mi lugar favorito de todo el departamento. Luego repasé mentalmente todo lo que había hecho durante la noche y tuve el repentino deseo de que la tierra se abriera y me tragara. No me arrepiento de mis interacciones con Damon; sigue indignándome su actitud, pero sí de todo lo demás. Quizás no manejé la situación de la mejor manera. Madeleine debe pensar que soy un auténtico dolor de cabeza.
Entonces oí que la puerta se abría. Me di la vuelta, sentándome, para descubrir que Elizabeth se había adentrado a la habitación. Se apoyó contra la madera cuando cerró, haciendo el menor ruido posible. Si estuviéramos en una película de suspenso temería que sacara de pronto un cuchillo para apuñalarme, la expresión de su rostro es tensa e incómoda.
—Dudé mucho sobre venir o no, pero creo que mereces ser advertida.
—¿Disculpa?
La pelirroja se separó de la puerta lentamente, avanzando apenas dos pasos.
—No deberías involucrarte más en la relación de Halsey con Damon—hizo una pausa, como esperando que sus palabras tuvieran algún efecto sobre mí—. En general, no deberías crear ningún tipo de lazo con Damon. Ya sabes, limitarte a estar aquí con tu novio hasta que simplemente se vayan.
—Yo no… no entiendo a qué viene esto.
Fruncí el ceño. No es que esté planeando convertirme en la mejor amiga del castaño, o que crea que tal cosa es posible, pero Elizabeth se expresa de manera que da la impresión de manejar alguna información importante que yo desconozco. Se comporta como si tuviera muchos motivos para venir a la habitación, asegurándose de que no hay nadie más cerca, sólo para decirme todo eso.
—Sé que los viste, hace un rato, porque por desgracia yo también.
—De acuerdo, entonces sabrás que no los interrumpí de forma intencional. No me había dado cuenta de que estaban en la sala.
—Pero de igual forma ahora posees información valiosa. Si la prensa se llega a enterar…
—Ya le aseguré a Halsey que no abriré la boca. No me interesa ventilar datos sobre una vida que no es mía.
—Sólo digo que muy a menudo puede ser tentadora la idea de enredarse con el tema de la fama—sacudió una mano en el aire, yo intenté comprender cuáles son exactamente sus intenciones—. Sé lo atrayente que resulta Damon; no serías la primera chica que trata de vincularse a su vida más de lo que le corresponde…
—Aguarda, no… basta. ¿Qué estás insinuando?—Elizabeth guardó silencio, apretando sus labios en una línea. Me puse de pie bajo su atenta mirada—. Estoy aquí porque Thomas me trajo. Damon ha sido muy amable en cuanto a darnos alojo, pero realmente no me interesa que nos relacionemos más allá de lo que es cordialmente necesario. Créeme que el drama, los rumores, nada de eso es compatible conmigo.
—Está bien, es sólo una sugerencia; mantente alejada de todo esto.
Entreabrí los labios, desconcertada. ¿Cabe la posibilidad de que haya más de lo que ha dicho directamente detrás de su “advertencia”?
—¿Lo dices por Halsey?
Elizabeth extinguió la distancia, acercándose hasta que las puntas de nuestros zapatos se rozaron. Apoyó una mano sobre mi hombro, sonriendo con dulzura.
—Lo digo por tu bien.