Hice el amago de avanzar, encogida sobre mí misma por lo preocupada que me siento en este preciso momento, pero Dan alargó un brazo, frenándome. Noté que miraba hacia los lados antes de acercarse un poco más para susurrarme al oído.
—No te preocupes. Madeleine se encargará.
Metros más allá, atrapada entre el mar de curiosos que abandonaron sus lugares para ver qué diablos estaba pensando, su hermana no parece muy dispuesta a intervenir. Está tensa, sí, pero aparte de eso da la impresión de que los pies se le pegaron al piso por el desconcierto y la frustración. Dudo que este espectáculo forme parte de su itinerario para la noche.
—No lo sé, Dan, yo la veo muy tranquila—dije, ante lo cual él estudió nuevamente el entorno con el fin de asegurarse que nadie me hubiera escuchado llamarlo por su nombre.
—Créeme, ella debe ser la más preocupada. Algo se lo ocurrirá, está pensando.
—Sí, pero ¿mientras tanto?
A Dan se le olvidó que no deben relacionarnos de ninguna forma, quizás porque le pareció peor no encontrar alguna manera para consolarme, y dejó caer una mano sobre mi espalda, dándome tres palmaditas antes de bajar el brazo y alejarse un par de pasos.
La verdad es que él tampoco tiene una respuesta, y es probable que también esté angustiado, pero se supone que Damon debe manejar estas situaciones por su cuenta.
Apreté los dedos en torno al dobladillo de mi bellísimo vestido con nerviosismo, deseando que Thomas apareciera a mi lado de pronto.
—Mantén tu distancia.
Cuando Damon habló, con la voz enronquecida en un murmullo cargado de amenaza, súbitamente se hizo el silencio. Todos se mostraron interesados y expectantes a lo que tuviera para decir, porque fue el primero en pronunciarse.
El otro chico, que hace un rato descubrí se llama Anthony, avanzó de nuevo hacia él con toda la intención de retarlo.
—Vete a la mierda, idiota, ¿crees que porque tu papi es millonario puedes tener lo que te plazca?
Halsey, dos pasos por delante de mí, también intentó avanzar, quizás temiendo que se empiece a filtrar información delicada que podría afectarle, pero James la retuvo enseguida, clavándola en el sitio.
—Los de seguridad se encargarán—dijo—, si Damon no continua caminando.
El castaño de hecho planeaba marcharse sin mirar atrás, pero Anthony le dio un segundo empujón que, al parecer, le enfureció lo suficiente como para encararlo.
—No te humilles, y no me hagas perder el tiempo.
Anthony, tres tonos más rubio que Tom, soltó una risita cargada de burla. A mí se me crisparon los nervios. Esto no va a conducir a nada bueno, ¿por qué no han intervenido ya? ¿Quieren que aparezca primero la sangre?
—Vi el video de tu última pelea, imbécil, y no te tengo miedo… ese tipo casi te mata, ¿y qué hiciste para defenderte? Tuvieron que salvarte.
—No tengo ninguna intención de rebajarme a tu nivel. Déjame en paz.
Damon intentó retroceder, pero entonces el chico hizo un movimiento rápido y asestó un puñetazo al aire, que el castaño esquivó por muy poco. Hubo una exclamación general, pero el grito de Madeleine se oyó por encima.
—¡Seguridad!
Aproximadamente diez hombres altos y fornidos salieron disparados hacia Anthony, que aprovechó la confusión del instante para ir nuevamente por Damon. Esta vez el impacto llegó aún más veloz y directo a su pómulo, girándole el rostro con fuerza. Me llevé la mano a la boca por inercia, entre sorprendida y angustiada. No me esperaba eso, y Damon tampoco, ya que se mantuvo estático el tiempo suficiente como para que otro golpe diera de lleno en sus labios, sacando, por fin, la sangre.
La densidad de personas apiñadas en un mismo sitio les dificultó a los guardias la tarea de llegar antes del desastre, pese a que claramente podrían haberse evitado parte del drama si se hubieran movilizado a tiempo, lo que el rubio pensaba aprovechar. No obstante, cuando Damon clavó una mirada centelleante y furiosa sobre él, con la respiración agitada y el rostro enrojecido, dos tipos tiraron de Anthony para que el castaño no se abalanzara sobre él.
El rubio forcejeó, airado. Pero no lo dejaron ir. Damon permaneció rígido un par de segundos, como decidiendo qué hacer (o luchando con sus impulsos), en lo que dos hombres se aproximaban a él con sigilo sólo por si acaso.
Halsey casi se desinfló sobre los brazos de James.
—Qué idiota, ¿cómo él…? ¿Cómo…?
Él la sostuvo contra sí, indicando a otras personas que se acercaran para ayudarle a hacerse cargo, mientras le acariciaba el pelo.
—Está bien, no pasa nada. Vuelve a la fiesta, Sharon sigue adentro.
Madeleine, en el mismo sitio, comenzó a teclear en su teléfono, quizás haciendo un cálculo de los daños o programando desde ya cómo borrará este incidente de la memoria de todos. Los presentes empezaron a murmurar entre sí otra vez. Anthony siguió luchando en vano. Y Damon continuó sangrando, ahora con la mirada distante y perdida.
A nadie pareció importarle la sangre.
Busqué a Thomas con la mirada, pero no aparece. Dan caminó hacia Madeleine, mirándome un instante antes de concluir que yo ya no soy en absoluto su problema. Cuando el castaño giró sobre sus talones, yéndose bajo la luminosidad de los múltiples flashes disparados por los paparazis, por fin reaccioné.
—¿Van a dejarlo ir? ¿Así?
En su escape, me oyó.
Dan puso una mueca, como si ahora yo le pareciera muy molesta.
—Damon es irritable, eso ya lo sabes. Nadie quiere lidiar con él en momentos como este, y dado que no es necesario hacerlo… es mejor que se calme por su cuenta.
—Pero… está sangrando.
—Sólo fue un golpe, sobrevivirá.
Damon comenzó a irse, pasándose una mano por los labios. Y yo actué antes de ponerme a analizar lo que hacía, siguiéndolo.
Aparté a Halsey sin mucha delicadeza y con menos tacto aun a todas las otras personas que se encontraban rodeándola, obstaculizando mi camino. Cuando Madeleine advirtió lo que hacía volvió a exaltarse.
—¡Deténganla!—gritó, pero nadie supo a quién se dirigía particularmente.
En mi cabeza resonaron muchas de las palabras que dijo antes como un eco, alarmantes y contundentes: Como es lo que Damon quiere, nadie puede relacionarlos. Por eso nos encargaremos de que asistan sin que sea evidente o remotamente posible que parezcan sus invitados. Es necesario que pongan de su parte. Manténganse alejados, de bajo perfil y en las sombras, lejos de Damon.
Estuve obedeciendo toda la noche, ¿pero cómo podría continuar haciéndolo? Si Damon parece afectado.
Toqué la acerca y por fin pude avanzar en libertad, pasando junto al tal Anthony sin darle siquiera un vistazo.
Dan jadeó a mis espaldas.
—No pueden reconocerla—y su voz sonó lo bastante fuerte como para que no se perdiera entre la multitud.
La lucidez me llegó de pronto en cuanto otro estallido de flashes me envolvió, apenas los camarógrafos se dieron cuenta de mis intenciones. Pero ya no hay punto de retorno. Estoy segura de que me captaron en una infinidad de fotos mientras me esforzaba por alcanzar a Damon, con mi cabello batiéndose tras mi espalda y la urgencia de llegar a su lado.
*******
Media hora antes
—Estos tragos son más fuertes de lo que pensaba.
Tom se inclinó hacia mí, arrastrando las palabras como si le costara ordenar sus ideas.
—Eso puedo verlo.
Estaba por besarlo, pero tengo entendido que en este tipo de lugares las personas no acostumbran a ser afectuosas en ese sentido, así que me arrepentí en última instancia. Aunque se me ocurren toda clase bromas para tomarle el pelo a Thomas por su estado de ebriedad, lo cierto es que yo también he tomado más de la cuenta, subestimando las bebidas costosas que supuse le sirven a estas personas importantes, y me ha dado por ser mucho más desinhibida y cariñosa de lo habitual. Hace un rato enterré mi rostro en su pecho, incapaz de soltarlo, mientras pensaba en que sería buena idea fugarnos juntos a un pueblito de Italia.
Mi novio se pasó una mano por la cara, espabilando, con la vista fija en las dos chicas, que si mal no recuerdo son actrices, que discuten frente a nosotros en voz baja.
—Iré al baño un minuto, tengo algo de nauseas.
—Dios, Tom, ¿vas a vomitar en el lanzamiento de un perfume?
Dejó de parecerme gracioso cuando hizo una mueca. Tal vez fue la iluminación, pero me pareció ver que el rostro se le ponía ligeramente verde.
—Tal vez.
Y luego giró sobre sus talones, yéndose deprisa por el sitio en que alguien sugirió que se encuentran los baños. No tuve tiempo de preguntarle si quería que lo acompañara, inyectando una nota de súplica para que no me dejara sola en medio de toda esta gente. Por lo que me quedé de pie, puntuando mentalmente atuendos y probando un poco de esto y de aquello con una postura que, según yo, me hacía ver tan interesante como los demás… al igual que he hecho la mayor parte de la noche.
Hasta que la incomodidad me invadió.
Las primeras dos horas del evento fueron casi alucinantes. No hubo oportunidad para aburrirse o centrarse en otra cosa que no fuera lo que estaban presentándonos, y poco importó quiénes eran quién. No estuve nunca antes en una gala similar, y en realidad no me hacía una idea de cómo sería, pero en cuanto acabó la primera fase me di cuenta de que me había quedado sin aliento. Todo fue mucho más artístico y planificado de lo que imaginé, y las fotografías promocionales de Halsey y Damon definitivamente te envolvían en el idílico romance que supuestamente han estado viviendo.
Y luego, cuando se encendieron las luces y nos arrojaron a una amplia habitación con el propósito de culminar con algo semejante a una fiesta elegante, se hizo inmediatamente evidente que hay una diferencia abismal entre estas personas y yo. Nadie se preocupó por hablar conmigo más de lo necesario, y yo no estaba segura de poder decir una frase completa sin exponerme. ¿Se darían cuenta de lo encandilada que me siento si halago la forma en la que caen sus vestidos, o la pulcritud de cada detalle?
Pocas veces me he adherido tanto a Tom como hoy, sacándole todo tipo de conversaciones. Y él, persiguiendo otros objetivos, no dejaba que ninguna bandeja desfilara frente a nosotros sin detenerla.
Seguir de pie, sola, se convirtió en un asunto asfixiante. Me despegué de mi rincón e intenté moverme por el mismo sitio en el que mi novio desapareció, importándome muy poco ser invasiva y fastidiosa con él. Pero me perdí. Esta casa es enorme, hay incontables giros y todos los pasillos son parecidos. Rodeé una esquina con la paciencia pendiendo de un hilo, pero entonces noté que, a diferencia de los demás, este tramo no está vacío.
Retrocedí en modo automático y me refugié tras la pared adyacente, adhiriéndome a ella con temor de que me hubieran percibido. Cuando transcurrieron varios segundos y siguieron oyéndose los besos comprobé con gran alivio que no.
Tendría que haberme ido enseguida.
Pero Damon habló.
—¿Por qué estás tan tensa?—jadeó, hablando tan bajo y con el timbre tan seductoramente enronquecido que hasta yo me estremecí.
—Hay muchas personas allá afuera, me preocupa que puedan pillarnos.
—Fuiste tú la que se me lanzó encima.
—Es que ¿tienes idea de lo atractivo que luces vestido así?
—No hay un día en el que no me vea atractivo.
—Sí, pero ¿a este nivel? No creo que seas consciente del poder que posees ahora mismo. Y necesito disfrutar de eso. Estamos por terminar.
—Puedes visitarme siempre que quieras.
—Y no dudes que estaré tentada a hacerlo… sólo… no creo que debamos seguir enredándonos en esto.
—¿En qué? Hablas como si tuviéramos que preocuparnos por algo.
—¿Y no es así?
—No.
—¿No sientes que las líneas podrían desdibujarse? ¿Si empezamos a tontear cuando ya no podemos usar la excusa de que es por el trabajo que lo hacemos? He visto una infinidad de películas con esa misma trama y nunca termina bien para los dos. Alguien confunde las cosas.
—Esta es la vida real, Halsey, y yo tengo nuestra relación muy en claro. No me interesa conseguir más de lo que has estado dándome. Y sé que no va a pasar. En ese sentido, no eres mi tipo.
—¿Sabes? En otras condiciones me sentiría ofendida, pero oírte decir todo eso es increíblemente perfecto.
Hubo una pausa. Supuse que volvían a besarse.
—Elizabeth me odiará mucho más si me aparezco nuevamente por tu departamento. —Mi vida y mis decisiones no son su problema. Es momento de que lo entienda.
—Es poco probable que lo haga, y considerando lo perfecto que eres… a mí también me costaría olvidarte.
Ahora sí, definitivamente están besándose. Halsey llevó el tema de los sonidos a otro nivel, y a mí me embargó una aprehensión poco experimentada antes.
Hace mucho rato debería haber regresado sobre mis pasos, dándoles la privacidad que obviamente ellos estaban buscando, pero por alguna razón me resultó imposible dejar de escuchar. No pienso quedarme a oír toda la potencial escena a continuación, así que giré sobre mis talones para alejarme.
Un grito, agudo y parcialmente ahogado, me paralizó a dos pasos de donde estaba. En cuanto se repitió concluí que provenían de una muy alterada Halsey.
—¡No le hagas nada! ¡Déjalo!
—¡Me juraste que no tenían nada! ¡Dijiste que todo era publicidad!
—Lo es…
—¡No, mentirosa! ¿Tanto te costaba admitirme en la cara que sí has estado revolcándote con este imbécil? Si tan jodidamente perfecto te parece, ¿por qué ocultarlo?
Esa voz, brusca y enfadada… el presentimiento de que la situación repentinamente se había puesto mal comenzó a expandirse por mi pecho.
—¿Quién eres?—Damon sonó genuinamente desconcertado.
—¿Ahora fingirás que no me conoces?
—No es… no es nadie…—y Halsey dio la impresión de estar a punto de echarse a llorar, pero por los nervios—… Anthony, no es necesario que hagas esto aquí y ahora. Estamos en un evento, es de mala educación echarlo a perder con dramas innecesarios.
—¿Dramas? ¿Esto te parece un drama? ¡Me mandaste a la mierda cuando me viste hablando con Sharon, y ni siquiera lo hice por el motivo que tú te imaginaste! Ah, claro, pero si yo te descubro besando a este imbécil entonces soy dramático, inseguro y probablemente indigno de ti, porque no estoy dejándote jugar conmigo como te gustaría.
—Anthony…
Halsey sonó desesperada.
—Ah, ya entiendo lo que pasa—Damon, todavía a un volumen más bajo de lo normal, se mostró ligeramente… ¿decepcionado?
—No, Damon, no te vayas… Espera…
En menos de dos segundos el castaño pasó como un rayo frente a mí, visiblemente enfadado. Le siguió Halsey, con los brazos extendidos al frente y el rostro contraído por la preocupación. Y a ella, muy de cerca, un chico con las manos hechas puños.
No titubeé, pegándome a ellos con el corazón martilleando fuertemente dentro de mi pecho.
Damon pasó habitación tras habitación determinado, con la frente en alto, la espalda recta y la vista al frente. Todos interrumpían lo que hacían para mirarlo, así de imponente como parecía, y él les ignoraba. Percibí cada mirada que se clavó en mi espalda, siendo la última de la cadena humana que se dirigía deprisa al exterior.
Cuando alcanzamos las escaleras el chico desconocido se adelantó, empujando a Damon con tanta fuerza que lo envió varios escalones por debajo. La pelinegra y yo nos frenamos al instante, por la sorpresa, sin ser capaces de seguir caminando. Ninguna de las dos esperó, realmente, un ataque directo. Y Damon se volteó hacia él con el rostro encendido por una emoción mucho más agresiva.
Las personas se congregaron a nuestro alrededor entre murmullos, como si todo formara parte de un guión y ya cada uno supiera qué rol cumplir y en dónde situarse. A Halsey le llegaron sus refuerzos, y Dan se situó a unos pocos pasos de mí, probablemente intuyendo que estoy medita en el asunto por cómo también salí detrás del castaño.
Busqué a mi novio con la mirada, pero su cara no se ve por ningún lado.
Entonces un nuevo movimiento por parte del desconocido me alertó, siendo que éste avanzó peligrosamente hacia Damon, queriendo ser el primero en iniciar la pelea.
El nudo de mi garganta creció.
Tengo que hacer algo.
******
Actualidad.
Cerré mis dedos en torno a su brazo, aliviada. Las luces y las voces a gritos que intentan llamar nuestra atención se intensificaron ante el contacto, quizás porque lo más razonable viniendo de Damon habría sido que se apartara al instante. Pero él, sorprendiéndome incluso a mí, no actuó como se esperaba.
Irguió la espalda un poco más y tensó los músculos, negándose a voltear.
—¿Qué diablos haces?—cuestionó entre dientes, acelerando el paso.
Me forcé a seguirle el ritmo, bajando lentamente mi mano hasta la suya para entrelazar nuestros dedos. Es la única forma de caminar a su lado sin separarme. Sin embargo, fue una idea terrible.
Los gritos aumentaron de tal manera que una cuadra más allá continuábamos oyéndolos como si estuviéramos entre esas personas, y el sonido de las fotografías al ser disparadas opacó incluso que pudiera escuchar mi propia respiración. El castaño se frenó en seco, consternado, y lanzó un breve vistazo por encima de su espalda. Le escuché susurrar “Seguridad”, por lo que asumí estaría articulando en dirección a Madeleine para asegurarse de que nadie fuera a perseguirnos.
Luego se volteó y prácticamente me arrastró fuera de la visibilidad, ocultándonos detrás un auto varios metros adelante.
—¿Por qué estás aquí?
Entreabrí los labios, pero nada salió de ellos. Honestamente desconozco la respuesta.
—¿Te quedaste muda?—su ceño fruncido acentuó lo que ya sabía; que sigue furioso.
—Es lo que Tom habría querido.
Y no mentí. Mi novio no lo dejaría solo sabiendo que lo necesita. Pero admito que no lo seguí precisamente por eso.
Damon revisó detrás de mí como si el rubio fuera a materializarse a mis espaldas de repente.
—¿Dónde está él?
—En algún baño. Vomitando, seguro.
—¿Y lo dejaste solo?
—Estaba buscándolo cuando te encontré peleando con ese chico.
Damon me miró fijamente, estudiándome la expresión.
—¿Qué tanto oíste?
—Sólo la última parte.
—¿Y por eso viniste detrás?
—Estás sangrando; me preocupé—dije, justificándome.
Lo cierto es que apenas puedo apartar la mirada de sus labios. El líquido carmesí ha llegado en hilillos hasta su mentón, empezando a secarse. Tiene rastros de sangre incluso en su mejilla, supongo que porque se ha pasado la mano, y la g****a de la que ha estado emanando es perfectamente visible. Si estira la boca es probable que desate una pequeña cascada otra vez.
—Bueno, era evidente que no moriría.
—No seas imbécil y acepta mi compañía, que estoy en este lugar por tu culpa.
—Lo dices como si te hubiera traído a rastras.
Sus dedos, en algún punto, se habían adherido a los míos con el mismo ahínco. Distraídamente bajó la mirada hasta ellos, dándose cuenta de que no nos hemos soltado, y me liberó, apartando el brazo como si se hubiera quemado con algo.
Para disipar el silencio incomodo estudié los alrededores, sorprendida por descubrir que no hay personas caminando por la calle. Esta ciudad jamás queda desierta.
—¿Qué buscas?
—¿No te parece raro que no haya nadie aparte de nosotros?
—No. Por el lanzamiento cerraron varias calles adyacentes.
—Ah.
Volví a mirarlo, porque pasar de él ya sería demasiado deliberado, y decidí que había que hacer algo con su diminuta pero significativa herida.
—¿Hay alguna farmacia por aquí?
—No lo sé, ¿por qué?
—Para comprar un poco de alcohol y algodón. Lo necesitas.
—¿Qué? No. Estoy bien.
Damon introdujo una mano dentro de su bolsillo, tomando su teléfono. Luego lo situó frente a su rostro y dio la conversación por finalizada.
—No es verdad.
Los hematomas anteriores apenas son perceptibles sobre su rostro sin una gota de maquillaje, pero me da la impresión de que el puñetazo de hace un rato le enrojeció la piel de tal forma que todas esas pequeñas heridas volvieron a destacar.
Él, de nuevo, me ignoró. Arrugó el rostro un segundo antes de llevarse el teléfono a la oreja.
—¿Randy? Sí, necesito que vengas por mí a la dirección que voy a enviarte… sí, pero algo pasó, y no regresaré por él… ¿En el Bentley? Sí, está bien…
Solté un pequeño suspiro, abrazándome a mí misma porque el aire gélido del exterior empezó a hacerme tiritar. Damon escuchó con paciencia lo que le decían, pero yo no pude seguir otro instante ahí, viéndolo con la cara así, sin tomar cartas en el asunto. Además, si no me movía mis dedos comenzarían a cristalizarse.
Me aparté de él y empecé a caminar por la calle, esperando hallar alguna farmacia o sitio donde tuvieran algo útil para desinfectar cortadas.
Damon resopló.
—Eh, Randy, está bien… no tardes, ya te envío la ubicación.
Le escuché soltar una maldición por lo bajo antes de advertir que me seguía.
—¿A dónde vas?
—¿Yo?
—No, la otra chica castaña e insoportable que hace lo que le da la gana aunque no sea conveniente.
Bufé.
—Mira quién habla de ser inoportuno.
—Roux… quédate quieta.
Pero yo avancé calle tras calle sin darle importancia a sus estúpidas demandas. Lo cierto es que no puedo simplemente pararme a su lado sin tener algo distrayéndome, porque entonces mis ideas se tornan confusas y comienzo a preguntarme por qué estoy con él y no con mi novio.
—j***r, ¿vas a hacer que corra detrás de ti por todo el estado?
Finalmente me atrapó, tirando de mi brazo para obligarme a parar. Le lancé una mirada furibunda, descubriendo que la suya transmite mucha más molestia.
—Yo no persigo a nadie y tú no vas a ser la primera, compórtate.
—Y yo no te he pedido que lo hagas. Por lo que tú tampoco puedes exigirme nada.
—Thomas literalmente va a matarme si de tejo vagar sola por un lugar en el que jamás has estado.
—Sólo intento ayudarte, ¿por qué no me dejas hacerlo?
De hecho, es posible que ahora mismo se trate de tener la excusa perfecta para ocupar la mente en una tarea sencilla de llevar a cabo, y no, desde luego, en la linda tonalidad de sus ojos.
Damon exhaló con pesadez.
—Alguien vendrá a buscarnos. Si te quedas tranquila y no terminas de extinguir mi paciencia pasaremos por una farmacia de camino al departamento, y todos felices, ¿te parece?
Torcí los labios.
—No tienes que hablarme como si fuera estúpida. Pero sí, me parece.
—Qué bueno. Dios me libre de incumplir alguno de tus caprichos.
El tonito sarcástico y odioso que usó me impulsó a golpearle el brazo, ganándome una protesta de su parte.
Quise enfadarme, por algún motivo, cuando noté que esa tontería ya me traía sonriendo.
Y me sentí aliviada al observar que él, abiertamente, también estaba haciéndolo.
Supongo que odiarlo es casi tan fácil como adorarlo.