—No, es bueno, podemos usarlo, pero todavía tienes tiempo de mejorarlo.
—Supongo que sí, Laila, pero si no me dices cómo ¿qué diablos esperas que le arregle?
—Creemos que le falta fuerza, ¿bien? Parece la crítica que cualquier persona haría. Y las tuyas suelen ser más acertadas.
Comencé a hacer un par de anotaciones al borde del margen, puntualizando todas las señalizaciones dadas por Laila que tendré que tomar en cuenta para la corrección.
Algo que en verdad me estresa de ella es que nunca puede decir libremente lo que piensa. Primero se asegura de ser irracionalmente amable, aunque sus palabras no estén en consonancia con su verdadera opinión, y luego, a medida que expulsa una cantidad de elogios innecesarios, va soltando lo que sí quería expresar. Da muchos rodeos.
Colgué la llamada tras despedirme, pensando en editar el artículo que terminé hace un par de días para enviarlo de vuelta a la revista.
Mi trabajo es bastante flexible, especialmente porque adelanté muchísimo desde que decidí viajar, sabiendo que preferiría tener tiempo libre después, pero me lo tomo en serio. He aprovechado estos últimos días para completar lo atrasado.
Acomodé todas mis cosas en una pila ordenada sobre la mesa, necesitando un pequeño descanso para beber agua y destensar los hombros, no obstante, apenas me puse de pie la puerta de entrada se abrió, distrayéndome. Damon entró seguido de un grupo de personas, todas ellas moviéndose con frenesí y hablando al mismo tiempo. Elizabeth, que ha estado preparando algún postre en la cocina desde hace rato, se dirigió hacia ellos como si la vida se le fuera en eso. Comenzó a quitar abrigos para colgarlos personalmente en el perchero, a dar bienvenidas y a elogiar atuendos.
El castaño se frenó en el centro de la habitación, mirándome con las manos apoyadas en sus caderas, y fue el único en calma en medio de ese pequeño mar de cuerpos agitados. De pronto habló, haciéndose oír por encima del resto.
—Elizabeth, llévalos a mi habitación. Iré en un minuto.
La aludida intercambió la mirada entre los recién llegados y Damon, claramente inconforme, pero no replicó.
Le sostuve el contacto visual al castaño dos segundos antes de concluir que, como siempre, no existe ninguna buena razón por la que debiera quedarme ahí, con él. Tomé mi teléfono y le di la espalda, resuelta a marcharme.
—No es necesario que te vayas. Estaré en mi habitación, y así te ahorras el tener que escapar de mí.
—No pensaba hacerlo—dije, dándome la vuelta para enfrentarlo, aunque fuera obvio que sí. Damon bufó.
—Has estado evitándome.
—Claro que no.
—Sí, y me gustaría saber por qué.
Desde la pelea hoy es la primera vez que sale del departamento. Por lo que vi en internet, su cumpleaños se acerca, y todos presumen que, como cada año, ha dedicado estos días a la planificación de otra fiesta épica que pasará a la posteridad. Mi teoría es que todas esas personas que le acompañan tienen algo que ver con eso, ya que retomará sus obligaciones laborales oficialmente mañana, cuando las marcas y heridas sean tan insignificantes como para poder cubrirlas con maquillaje.
—Puedes pensar lo que quieras, me trae sin cuidado.
Damon curvó los labios hacia un costado, como burlándose de mí.
—En quince días es mi cumpleaños, y voy a celebrarlo. Thomas es de los invitados más importantes, y él te querrá ahí—se acercó, pasando por mi lado para ir finalmente a la habitación—. Veamos qué patética excusa te inventas para huir.
Elizabeth le rozó un brazo en cuanto empezó a caminar en sentido contrario, hacia mí, pero los ojos fijos en él.
—¿Quiere que prepare algo? ¿Un aperitivo? ¿Sirvo alguna bebida?
—Sí, algo de Brandy por favor.
—Muy bien.
Damon cerró la puerta detrás de sí, y sólo entonces noté que mi mirada continuaba suspendida en su espalda.
La pelirroja me lanzó un vistazo, pero luego procedió a ignorarme. Y yo, como ha sido habitual por días, me refugié en el cómodo aislante que es la habitación.
La belleza y cuidado que pusieron en la decoración todavía me impresiona como el primer día, ningún ruido del exterior perturba una vez la puerta se cierra (a menos que sean demasiado fuertes) e incluso la alfombra es un buen sitio para echarse.
La nueva rutina que me he forzado a llevar, la cual consiste en correr despavorida cuando Damon se asoma un milímetro en mi campo visual, me ha llevado a replantearme lo que haré durante estos seis largos meses.
El plan original no estaba muy bien diseñado, pero se supone que Thomas y yo tendríamos más semanas para pasarlas juntos, perdiendo el tiempo, haciendo recorridos, comprando en tiendas de recuerdos, haciendo listas interminables sobre dónde podríamos rentar un departamento, sobre lo que podríamos incluir a nuestras nuevas vidas… Que hubieran adelantado todo el cronograma ya aprobado sobre su integración al nuevo trabajo descontroló lo que por mucho tiempo yo asumí que pasaría. Y ahora que estoy todo el día en una casa que no es mía, sintiéndome como una incómoda huésped, no se me ocurren formas productivas de matar el tiempo.
He intentado leer los libros de Thomas, que son más aburridos que interesantes, y usar todo lo de Damon que está a disposición, sin éxito. Lo primero terminó frustrándome y lo segundo no me parece del todo correcto. Además, sigo ofreciéndome a ayudar a Elizabeth cada vez que la veo atareada, pero ella apenas me permite lavar mis utensilios.
Este lugar, por muy hermoso que sea, se siente como una jaula. Y tampoco me atrevo a salir.
Es como si lo que antes quería hacer ya no tuviera sentido, y en ocasiones me da la impresión de que hay algún enorme problema cerniéndose sobre mí, pero ni siquiera sé cuál es.
Apenas tomé mi teléfono una idea cruzó fugaz por mi cabeza, lo que ya es casi una rutina, y, como de costumbre, traté de concentrarme en cualquier otra cosa para no ponerle más atención de la debida.
Desde luego, fracasé. Y sin poder controlarme comencé una búsqueda en internet para conocer todos los detalles sobre los últimos movimientos de Damon.
No es necesario especificar; con sólo escribir su nombre aparece una cantidad enorme de resultados.
Oculté la cara en la almohada dos segundos, sintiéndome avergonzada, arrepentida y juzgada como en las veces anteriores, antes de respirar hondo y dedicarme a la tarea.
Aun cuando no soporto topármelo en persona, he comenzado a seguirle la pista online. La verdad es que necesito mantenerme enfocada y verlo como lo que es; olvidar el absurdo episodio en el que sólo podía pensar en lo jodidamente atractivo que es, así que todos estos días he mantenido la esperanza de encontrar la confirmación a todas mis sospechas de que es más idiota de lo que ya me ha parecido. Me he encontrado varios artículos en los que lo tildan de problemático, pero, en general, las personas le adoran.
Si bien hay muchos foros que dirigen su odio hacia las cosas que hace o decide no hacer, en realidad no he hallado ningún argumento que justifique tales comentarios. Pero sí muchas fotos, trabajos que ha hecho y sitios a los que va cada día.
Me obsesiona la idea de atraparlo, sin embargo, para este punto ya no sé qué diablos hago. Si consigo algo, ¿quién me asegura que la información será verídica? ¿Y qué haré entonces? ¿Decirle que no me agrada en lo absoluto mientras sigo viviendo en su casa porque no tengo la energía mental necesaria para irme cuando todo está, de alguna forma, en el aire?
Hay una página, en específico, que relata absolutamente cada minuto de su día visible antes las múltiples cámaras que al parecer tienen. Hacen que cada paso dado por él suene como algo espectacular, pero los detalles son excelentes. Gracias a una breve cronología logré enterarme de ciertas cosas, como que hay muchas personas disgustadas con su necesidad de “hacer siempre lo que le place”.
Estaba leyendo, pero de pronto el arrepentimiento fue mayor a todas las otras emociones que sentía.
¿Por qué le doy tanta importancia a Damon? Si se supone que la meta es dejar lo que sea que haya fallado en mí aquel día en el pasado, no debería encontrar formas de incluirlo en mis pensamientos.
Durante la cena evité mirarlo, pero elogié el atuendo que lleva puesto porque en un determinado momento Thomas se giró hacia mí, como impresionado, para decir “ese abrigo es increíble, ¿no lo crees, Abby?” antes de gesticular hacia el castaño, quien humildemente replicó:—Costó mil dólares; más le vale serlo.
Pero, con todo y mis esfuerzos, la atención se desviaba constantemente hacia él.
—¿No siente que la calefacción está muy alta, señor? Porque con esas prendas que lleva encima…
—No, estoy bien.
—Vi un video tuyo esta mañana, de una pasarela en Milán, y te juro que no pareces el mismo niño torpe que chocaba con todo lo que se le atravesaba.
—Supongo que por eso me siguen contratando.
—Él es muy talentoso, considero que su carrera está infravalorada.
—Bueno, Elizabeth, no van a darme un premio Nobel por hacer lo que hago.
—Entiendo por qué tienes a tantas chicas detrás.
—¿Qué? ¿Envidia?
Tom resopló.
—En absoluto. Abby es todo lo que alguien podría necesitar.
Y yo me sonrojé. Damon desvió la mirada hacia mí, analítico, luego frunció los labios en una mueca.
—Eso es discutible…
—Idiota—farfullé, irritándome aún más por ver sus ojos brillando en diversión después de que cayera en su provocación.
—Quizás no un premio Nobel—retomó la pelirroja, desconcertándome durante un segundo—, pero un poco más de reconocimiento no vendría mal.
Damon pareció sinceramente hastiado, como si le estresara que ella siempre intentara alabarlo.
Mi novio, dándose cuenta de la tensión creciente, tomó las riendas de la conversación.
—Oye, idiota, tu cumpleaños está cerca. He oído que haces las mejores fiestas. Varios chicos de mi equipo han asistido, y quiero un lugar en la primera fila, porque soy tu invitado de honor ¿cierto?
—Claro; tu trabajo consiste en disfrutar y luego hacerte cargo del desastre a la mañana siguiente.
—Olvídalo. Nuestras maletas están finalmente deshechas porque Abby se encargó.
Damon parpadeó en mi dirección. Percibí su mirada sobre mi perfil, en lo que yo masticaba, pero no duró demasiado allí.
—Habrá una temática. Aun no decido cuál, pero en cuanto lo haga Elizabeth los acompañará para que compren algo que combine.
—¿Qué ideas tienes en mente?
—Es un secreto.
—¿De verdad? Merezco saber. Somos compañeros de piso.
—No, este es mi piso, y tú sólo estás quedándote porque soy muy compasivo. Así que lo descubrirás junto con lo demás.
Al final lo miré.
—No te imaginaba como un chico al que le gustara ese tipo de fiestas.
—Mi cumpleaños es el único día del año en el que no me molesta llamar la atención. Normalmente hay gente esperando descubrir qué haré cada año.
—Sus fiestas son increíblemente exitosas—comentó Elizabeth—. Y sirven de publicidad. Siempre gana muchos seguidores por eso.
—No estoy segura de que pueda asistir—mencioné de pronto, en medio del silencio que ya se había extendido—. A la fiesta, quiero decir.
Elizabeth enarcó una ceja sin despegar la mirada de su plato, Damon no dio indicios de haberme escuchado y Thomas se volteó hacia mí con las cejas fruncidas.
—¿Por qué no?
—A lo mejor estaré ocupada.
—¿A lo mejor?
—Los de la revista han estado asignándome varias tareas estos días.
—¿Quieres que hable con Laila? Esto es algo que no puedes perderte, cariño.
—No, no hace falta. Supongo que se trata de organización. Si logro poner todo en orden puede que me alcance el tiempo.
—No te sientas obligada a ir, Roux. Thomas debe aprender a divertirse sin ti.
Tom estiró su brazo para atrapar mi mano.
—Ahora mismo no me sobra tiempo, pero puedo ayudarte siempre que lo necesites.
Y yo, como siempre que él es excesivamente lindo y considerado al punto en el que no se me ocurre de qué manera reaccionar, le sonreí.
—Gracias, cariño. Pero yo veo cómo me las arreglo.
Un médico se tomó el trabajo de venir a eso de las nueve para revisar el estado de Damon, monitorear sus heridas y encargarse de seguir desapareciéndolas, como cada noche. Desde los sofás Tom y yo observamos todo sin hablar, porque no conseguí irme de la sala cuando el hombre llegó para atender al castaño sin levantar sospechas.
A mi parecer, mi novio no estaba al tanto de lo que pasa entre su mejor amigo y yo, pero entonces, en lo que al chico le cambiaban la venda, habló muy cerca de mi oído:
—Todavía percibo cierta tensión entre Damon y tú, ¿ha pasado algo de lo que no sea consciente?
Me tensé, pero no tuve claro por qué.
—No estoy segura que seamos compatibles, como para ser algo más que simples conocidos.
—¿No te agrada? ¿Ni un poquito? A ver, sé que me apresuré al traerte aquí, pero esperaba que fueran capaces de llevarse bien.
—No tengo nada demasiado personal en contra de él. Es sólo que no sé si me gusta su estilo de vida, o las decisiones que toma en base a eso. Igual, tampoco es que sea mi asunto. Él ya lo ha dicho muchas veces y tiene razón.; soy su huésped, y ya está.
—A lo mejor puede llegar a parecer un mal chico, pero no lo es. Aún está aprendiendo a sobrellevar todo lo que le ha tocado, y puede que por eso se equivoque tanto.
Evité poner los ojos en blanco.
¿Lo que le ha tocado? ¿Qué? ¿Ser billonario? ¿Poder conseguir prácticamente lo que desee? ¿Tener el trabajo de sus sueños? ¿Ser un tipo cada día más famoso y codiciado?
—Y no dice nada de eso porque le parezcas una molestia, que es lo que piensas. Simplemente no le gusta que se entrometan en su vida.
—Bueno, no tengo intenciones de seguir haciéndolo.
Aunque no sé cómo voy a deshacerme de esa parte de mi rutina en la que le acoso silenciosamente a través de las redes.
—De todas formas, cariño, jamás te obligaré a quedarte en un sitio en el que no te sientas cómoda—me rodeó por los hombros, llevándome contra su cuerpo. El doctor dijo algo a Damon, quien blanqueó los ojos como si estuviera harto de oír su voz para, después, apretar fuertemente los labios con el fin de reprimir una sonrisa—. ¿Quieres irte?
Entonces el hombre negó con la cabeza y apoyó una mano sobre el hombro de Damon, moviendo los labios con extrema lentitud, queriendo dejarle el mensaje muy en claro, y éste, un poco más serio, asintió, pasándose una mano por el cabello.
—No.
—¿Segura? Podríamos reservar en el Four Seasons, como tú querías, y luego ver a dónde nos mudamos.
—No. Ya no pienso en eso. Y tú estás bien aquí.
—Sí, pero esto es sobre nosotros, no sólo sobre mí.
—Si tú estás bien, yo también—sentencié, viéndolo a los ojos.
—¿De verdad?—presionó—. ¿No cambiarás de opinión en un par de días, horas, minutos?
—No. Puedes quedarte tranquilo.
—Bien.
Las cosas se encausaron de una manera menos tensa para mí por la mañana porque, de nuevo, dejaría de ser frecuente chocarme con Damon en cualquier espacio del departamento. Madeleine vino con otro grupo de personas, todos listos para encargarse de que la imagen del castaño fuese impecable. Esta semana es el lanzamiento del perfume y su aspecto debe ser perfecto hasta entonces, porque nada puede estropear un acontecimiento como ese.
Gracias al hecho de que muchas cosas fueron pospuestas, Damon tendría que esforzarse el doble para cumplir con sus compromisos en tiempo record. Y tuvieron que filtrar una conversación entre Halsey y él previamente preparada en la que ambos coqueteaban con la idea de salir juntos para que los chismes de la pelea quedaran, finalmente, en el olvido.
Para todos resultó más interesante analizar con lupa cada letra estampada en ese chat, dándole diferentes significados a una frase que en realidad no lo tenía. Y, en términos generales, fue beneficioso atraer nuevamente la atención hacia ellos estando tan cerca del evento.
La única persona que se irritó bastante con no tener más a Damon en casa las veinticuatro horas del día y con su flirteo ligero hacia Halsey fue, naturalmente, Elizabeth. Cosa que volvió a confirmar mi teoría; ella sigue sintiendo cosas por él.
Dentro de todo eso mi papel continuó siendo muy secundario, y me limité a concluir mis pequeñas tareas y trabajos desde las sombras. Hasta que el castaño se empecinó en volver a molestar. Como cada una de sus emboscadas, nos atrapó el miércoles por la noche cuando veíamos una película en la sala de estar, encendiendo las luces de un aplauso como la manera más fastidiosa que se le ocurrió para interrumpirnos.
Thomas se alejó de mí por la sorpresa, dejando de besarme. Miré a los ojos de mi novio con la respiración tan agitada como la suya, desconcertada. Entonces Damon se aclaró la garganta y comprendí lo que sucedía.
Tom extendió su brazo y bajó mi camiseta, reacomodándola hasta que dejó de verse mi piel. Desvié la vista hasta su amigo, frunciendo el ceño.
—Estábamos algo ocupados aquí, ¿sabes?
Mi novio se puso la almohada que trajimos desde la habitación sobre las piernas, echándose hacia atrás.
—¿Qué podemos hacer por ti?
Damon tiene ambas cejas alzadas.
—Maldición, si así se ponen viendo una película de Barbie…
—No molestes—resoplé.
Todos los filmes de Barbie son mis favoritos. Y siempre he amado la capacidad que tiene Thomas de complacerme aun cuando él preferiría ver otra cosa. Aunque, en esta ocasión hacíamos de todo menos prestarle atención a la pantalla.
—Qué carácter, Roux.
—¿Será porque acabas de interrumpirnos?
—No tienen derecho a quejarse. Están en mi sofá. Les doy una cama y vienen a mi puto sofá… deberían agradecer que no esté echándolos del departamento.
Crucé los brazos sobre mi pecho, todavía esforzándome por demostrar sólo fastidio aun cuando tengo las mejillas sonrojadas y una sensación enorme de vergüenza oprimiéndome el pecho. Esta no es ni de cerca la manera en la que me habría gustado ser encontrada por Damon.
—Se supone que no llegarías hasta más tarde—dijo Tom, peinándose el cabello.
—¿Estás dando a entender que cuando no estoy ustedes aprovechan para ir por cada rincón folla…?
—Tienes algo para decir ¿no?—intervine, ahora con toda la cara caliente—. Sino habrías seguido de largo a tu habitación. ¿Por qué no acabas con esto de una vez?
Con auténtica exasperación admiré cómo curvaba sus labios en una diminuta sonrisa burlona.
—De acuerdo… no sé si lo han notado, pero no suelo ser muy tolerante con las personas.
Bufé.
—¿En serio?
Y él me lanzó una mirada fulminante.
—Déjame terminar.
—Adelante.
—Lo que decía—retomó, inspirando—, es que tengo amigos, pero no los soporto por mucho rato. Y tú, Thomas, eres la rara y absurda excepción, porque a veces creo que tienes una personalidad de mierda…
Mi novio frunció el ceño, pero no pareció ofendido.
—¿Gracias?
—De modo que tengo esta idea de invitarte a todos los eventos importantes a los que necesito ir, sólo para tener una cara conocida por ahí, a ver si así no me siento tan miserable… y, en conclusión, quiero que vayas conmigo al lanzamiento del perfume—se giró hacia mí, mirándome—. Tú puedes acompañarlo, porque ambos son como un solo paquete.
—¿Un paquete?
Damon me ignoró.
—…O no, la verdad es cosa tuya.
—¿A qué hora es? Me encantaría apoyarte, desde luego, pero tengo ver si el horario es compatible con mi trabajo.
—El viernes por la noche. Empieza a las ocho, y alguien vendrá por ustedes una hora antes.
—Bueno, me parece perfecto. Nunca he ido a algo tan elegante.
Sería demasiado de mi parte utilizar la misma excusa del otro día, pero…
—A lo mejor estaré ocupada…
Damon sacudió una mano, airado.
—La invitación sigue en pie, tú ves si la usas o no—se alejó hacia su habitación, pero hablando de todos modos—. No hagan nada inapropiado en mis sofás, hablo en serio.
Thomas tenía una expresión interrogativa en su rostro cuando me volteé para mirarlo.
—¿Qué?
—Me cuesta creer que no odias a Damon.
—Sólo estaba bromeando. Por supuesto que iré.
—Sí, pero, ¿deseas hacerlo?
—Claro, dudo ser invitada indirectamente a otro lanzamiento de perfumes en la vida.
Tom tenía la intención de insistir más con el asunto, por lo que me apresuré a subirme encima de él, sentándome a horcajadas sobre sus piernas en lo que enroscaba mis brazos en torno a su cuello. Quedó con la boca entreabierta, exhalando con pesadez.
—Damon dijo nada de cosas indebidas—murmuró, como para decir algo.
Yo lo besé, demorándome para poder borrar cualquier pensamiento que estuviera allí antes empezar a distraerlo.
—¿Crees que me importa lo que Damon dice?—susurré, bajando una de mis manos por todo su abdomen con lentitud. Aunque el plan era que dejara de hablar, pronto me sentí tan involucrada en la situación como él.
Thomas echó la cabeza hacia atrás en lo que comencé a moverme.
—Afortunadamente no.
Luego me abrazó con fuerza antes de ponerse de pie, mis piernas enredándose alrededor de su cintura.
—Pero, aun así, él tiene razón; hay que darle uso a nuestra cama.
******
—¿Crees que debería salir corriendo?
Olive suspiró al otro lado de línea.
—No seas cobarde, por supuesto que no. Tienes que vivir esta experiencia por la dos.
—¿Por las dos? ¿Tú qué tienes que ver en esto?
Le eché un vistazo a mi reflejo por onceava vez, inquieta porque no puedo deshacerme del pensamiento de que mi pelo está en el lugar equivocado.
—Prometimos no desaprovechar las oportunidades de ser millonarias y exitosas que se nos presentaran, y más si eso puede beneficiar a la otra. Hicimos un pacto.
—Teníamos ocho años, Olive, y pensábamos que ser millonarias y exitosas consistía en comer helado todo el día. De todas formas, ¿cómo diablos va a beneficiarte que yo me someta a esta tortura? Me está dando un ataque de pánico.
Estaba por llevarme una mano al pelo, pero entonces recordé la mirada severa de Madeleine y sus palabras de hace un rato.
“Ni se te ocurra alterar en lo más mínimo tu aspecto ¿de acuerdo? El equipo dejó todo impecable y no hay ningún detalle en tu imagen que no sea perfecto. Mantenlo así. Ni siquiera te muevas un cabello. Aunque no entrarás por la puerta principal habrán muchos periodistas y, independientemente de que seas reconocida o no, tienes que verte más espectacular que nunca.”
Bajé el brazo, otra vez ansiosa.
—Si un cazatalentos ve tu potencial, tu carrera podría despegar, y ser tu mejor amiga resultará mucho más interesante y productivo entonces. Ahora deja de hablar como si esto fuera horrible, seguro te preocupas por nada.
—¿Potencial? ¿Carrera? Sólo estaré parada en algún rincón de la habitación mientras atrapo a cualquiera que pase con una bandeja de canapés. Nadie va a notarme.
—¿Y entonces qué te preocupa? Si no vas a llamar la atención.
—No lo sé—gemí, conteniendo el impulso de reacomodarme el vestido—. ¿Cómo estas personas pueden hacer esto todo el tiempo? Voy a morir.
—No seas dramática, Abby. Deberías estar feliz.
A diferencia de mí, cuando Olive se enteró de que yo estaría en el lanzamiento del perfume casi armó una fiesta. Incluso mientras me reprocha suena como si estuviera sonriendo.
—No es tan sencillo. El discurso que Madeleine nos dio fue como un golpe de presión. Ya ni siquiera sé si estoy respirando de una manera aceptable para sus estándares.
—Estarás con Tom, todo saldrá bien. Yo seguiré el evento por internet, y espero que me cuentes la mayor cantidad de datos posibles.
Guardé silencio. ¿Por qué de pronto quiero echarme a llorar?
—Se han filtrado fotos de Damon, alguien se las tomó sin que se diera cuenta y ya circulan por internet. Dios, qué divinidad de hombre. Por fortuna Halsey y yo no somos amigas, ¿tienes idea de lo hermoso se ve?
—No, no me lo he encontrado desde el mediodía.
—Parece salido del infierno. Aunque a veces se ve algo angelical, con esa mirada puede prender todo en fuego.
—Olive… comienzas a incomodarme.
—¿Por qué? Hablar de lo sexy que es podría ser una profesión.
Resoplé.
—Ya, claro.
—Sabes que sí.
—No me estás ayudando…
—Abby, tú eres incluso más impresionante que Damon, así que deja de dudar y ve a disfrutar de esto.
Respiré hondo, oyendo a Tom llamarme desde afuera.
—De acuerdo, puedo hacerlo…
Comencé a acercarme a la entrada, cautelosa.
—Claro que sí. ¿Qué es lo peor que puede pasar?