NARRADOR OMNISCIENTE —Mamá... Mamá... ¡Por favor, despierta! —suplicó el pequeño, quien estaba aterrado. Colocó sus manos en los escuálidos y macilentos brazos de la mujer que yacía inconsciente en el suelo, perdida en los placeres que le provocaba la heroína, y la sacudió con fuerza, creyendo que eso ayudaría a que la mujer abriera los ojos y los socorriera. Sin embargo, todo fue en vano. La mujer no despertó y el niño miró atrás, aterrorizado, hacia el pasillo que llevaba a la sala. Estaba en penumbras y le causó un escalofrío que le recorrió la columna vertebral y le erizó cada vello del cuerpo. Aunque, lo que más le horrorizó fue el sonido de los pasos rápidos acercándose. El pequeño contuvo el aire y un jadeo de pánico obstaculizó su garganta cuando la figura terrorífica de aquel

