NARRA FABIEN Al principio pareció muy contrariada y frustrada por lo que le había dicho, pero después batió las pestañas y se serenó. Se acomodó en la cama, sentándose con los pies flexionados, como si fuera un Buda. —De acuerdo —dijo, como si estuviera razonando en lo que yo había dicho y alzó las palmas, en mi dirección—. Estás molesto por lo que hice, lo entiendo muy bien y créeme, lo acepto. Debí haber esperado y no haberme apresurado a bajar. No parecía haber ironía, sarcasmo o burla en sus palabras. Estaba hablando muy en serio. —Okey... —dije y el confundido fui yo, pues lo primero que pensé es que haría una de sus rabietas y que pelearía conmigo por actuar de ese modo. —Ujummm —murmuró. Se quitó la toalla que tenía envuelta en su cabeza y se acomodó el cabello húmedo, antes

