Capítulo 2: Una mala noticia.

1620 Words
Narra Rodrigo No me gustaba esa “nueva vida” que debía construir, me negaba a tener que estar y hacer esto. —Aquí será tu lugar de trabajo. —¿Lugar de trabajo? Te refieres a una oficina ¿no? Mi tía me mira y niega con su cabeza. —Lo siento, Rodrigo. Tu madre fue clara conmigo y… estoy haciendo lo que ella me ha pedido. Este será tu nuevo cargo ahora. Miré el carnet de identificación que me había entregado y ahora sería una especie de auxiliar de un coordinador de la empresa de mi tío. —Pero… soy un profesional, soy especialista, tengo maestría y… ¿Esto? Le mostré el carnet y este frunce su boca. —Es lo que puedo ofrecerte. Mis hombros caen y mis ojos se nublan, era como una humillación, así lo sentía. —Rodrigo sé cómo te sientes, porque esto no es a lo que tú estás acostumbrado. Pero es tu momento de pensar sobre lo que ha ocurrido, darle tiempo al tiempo y luego, tratar de mejorar, enmendar lo que hasta ahora has hecho que sabes que no estuvo bien. —Ya lo sabes ¿no? —Victoria es una mujer reservada, lo ha sido toda su vida, pero por primera vez se ha abierto a sus hermanos de una manera tan… tan transparente. Que nos haya confiado a nosotros todas esas cosas, sus preocupaciones, miedos, todo eso, me hace saber que en realidad está preocupada por ti y tu futuro. —De estarlo, no creo que me hubiera enviado lejos. Me dejó sin nada, lo que creí que era de mi propiedad, me lo arrebató. Sé que hice mal, que actué mal por… por razones que solo yo entiendo, pero ella retiró su apoyo hacia mí. Acabo de salir de un maldito lío legal del que ella solo se dio la espalda. —No voy a cuestionar sus actos, porque sé que detrás de todo eso que hace, hay una buena intención. Es tu madre, eso no cambiará nunca. Es la única persona en el mundo que quiere verte bien. Ten eso muy presente. Mi tío me da un golpe en mi hombro y se retira sin más. Ella quería darme una lección de la forma más humillante. La primera semana fue la más horrible de todas, acoplarme a este lugar, limitado en muchos aspectos, me sentía solo, triste, arrepentido. Las semanas fueron pasando y aún sentía que me costaba acostumbrarme a este trabajo, a este estilo de vida. Pero por fortuna, al mes de esta en la empresa de mi tío Isaac, decide ascenderme a un cargo un poco más alto, nada comparado a lo que antes hacía, pero al menos, no era el maldito lava perros de alguien más. Todo ese tiempo la comunicación con mi madre fue nula, creo que pedía información a mi tío, pero no volví a recibir una llamada de ella. Solo sé que estaba en Madrid, creo que se tomaría un tiempo para descansar, lejos de la compañía mientras que mi primo Sebastián hace lo que yo debería hacer. Pasaron cinco meses desde que estaba en New York, cinco horribles meses en los que prácticamente me tocaba sobrevivir de todo. —Victoria vendrá a la ciudad este fin de semana. Estábamos en medio de una cena cuando mi tío mencionó que mi madre vendría. —¿De verdad? —Sí, fue lo que dijo. —¿A qué viene? —No lo sé, fue lo que mencionó. Asentí y seguí mirando mi comida. Por fuera demostraba estar bien, pero sentía temor de verla. ¿Vendrá para hablar conmigo? ¿será que ahora sí haremos las paces? Estuve tenso por esa visita, pero al final, no fue como esperé. El fin de semana llegó y volví a ver a mi madre. —Rodrigo —dijo en voz seria. —Mamá. Ella me repara y solo dice: —Estás más delgado. Pasó por mi lado y fue con mis tíos. Esa sensación aparece de nuevo, me quedé de pie en el recibidor con un vacío en mi pecho. —Parece que todo será igual —susurré para mí mismo. No la vi más durante su estancia en casa de mis tíos, quise llamar su atención, quizás hablarle de alguna tontería, pero al final me negué. Seguía resentido, mi ego estaba tocado. Solo la vi llegar y la vi marcharse, desde la ventana de la habitación que ahora tenía, la vi subir a su auto con regalos para las personas que ahora hacían parte de su vida. Dejé que el tiempo hiciera lo suyo, pero una vez más, estaba tomando una mala decisión. Los meses siguieron pasando y yo seguía aún en la compañía de mi tío, no tenía muchas alternativas, pues mis problemas del pasado, seguían afectando. Volver no era opción, ya no tenía socios, menos, amigos. En algo mi madre tenía razón y era que estaba echando a perder mi carrera, cuánta razón tenía. Lo arruiné. Los meses pasaron, la relación con mi madre no mejoraba, mi estancia en la empresa de mi tío seguía, tenía un cargo un poco más alto, pero inconforme aún por estar en donde estaba. Veía que la compañía Ellison había lanzado nuevos proyectos liderados por mi primo Sebastián y fue más humillante para mí, quería desaparecerme. Si tan solo pudiera volver en el tiempo, sin duda tomaría otras decisiones, pero como no es posible, me toca continuar con lo que ahora tengo. Me daba ánimos, pero a los días sentía que volvía a decaer. Pensé que quizás pronto podrían mejorar las cosas, pero nada fue como pasó por mi cabeza, pues la vida tenía otros planes para mí. Se venían cambios, no tan positivos como hubiese deseado, quizás eran lecciones, unas que me harían aprender por las malas. Parece que la vida me estaba mostrado que aún no había pagado por mis errores y que ese momento ya me había llegado. Estaba en mi oficina en medio de unas pilas de papeles cuando escuché mi móvil sonar, casi no lo encuentro debajo de tantas carpetas y archivos que me rodeaban, pero al final lo encuentro. —¿Hola? Puse el móvil entre mi hombro y mi oreja, así podría seguir haciendo lo que hacía. —Rodrigo, ¿eres tú? —Sí, ¿con quien hablo? —Hablas con Sebastián. Dejé de apilar los papeles y tomé de nuevo el celular. —¿Qué quieres? —Rodrigo, te llamo porque… La voz de mi primo se quiebra y supe que algo malo había pasado. —¿Qué pasa? —Es mi tía Victoria, ella… ella acaba de fallecer. Junté mis cejas incrédulo, negándome a lo que acaba de escuchar. —¿Qué acabas de decir? —Lo que escuchas, mi tía Victoria, ella… ella falleció. En ese momento sentí como un golpe en mi pecho, mi sangre se enfrió y mis manos empezaron a temblar. —No, no es posible. No puedes, eso no puede ser ella, ella, no… Mi teléfono cae al piso, llevo las manos a mi pecho y me pongo de pie, no sabía cómo reaccionar, mi cerebro, mi corazón, todo yo me negaba a eso que él decía. —Rodrigo, ya tengo los informes que… Mi tío entra a la oficina y me mira con su frente arrugada. —¿Qué pasa? ¿te sientes bien? Volví a caer en mi asiento, mis ojos estaban llenos de lágrimas, lágrimas que no pude controlar y se desbordaron por mis mejillas. En mis años de vida he escuchado cosas dolorosas, he recibido malas noticias, de esas que nos marcan para siempre, pero ninguna es tan dolorosa como esta que acababa de recibir. No lo entendía, no sabía que mi madre estaba enferma o que había algo mal con ella, pero luego recordé ¿Cómo podía saberlo? Hace mucho no tenemos comunicación. Creí que el tiempo mejoraría las cosas, que todo podría cambiar, pero el tiempo, mi ego, el orgullo y todo lo que me limitó a doblegarme ante ella, ahora me tienen aquí con un vacío en mi alma que sé, no podré llenar jamás. Sabía que algún día volvería a Madrid, que retornaría a esa ciudad hermosa donde tuve buenos años y a la vez los peores. Madrid me recuerda mis errores y duele, pero también viví días maravilloso. Luego de tanto tiempo, retorno a esa misma ciudad, para ver a mi madre, pero no de la manera que lo esperaba. —Rodrigo, has llegado. El cuerpo de mi madre reposaba aún en la morgue. Sebastián al verme va hacia mí y trata de abrazarme, pero no se lo permito. —¿Dónde está? —Están preparando su cuerpo. Aún no lo han entregado. —¿Qué le pasó? —Mi tía empezó a sentirse mal de repente, es lo que hasta ahora sé. Una de sus empleadas nos contó que parecía estar todo normal, ella estaba contenta porque iba a viajar a Londres a una especia de evento, creo que dijo que iba a un recital de baile. —¿Un recital? —Sí, no estoy seguro, pero dice que estaba bien. Ella volvió y se reunió un par de veces con el abogado en su casa, después, solo dijo que no se estaba sintiendo bien. Pensaron que podría ser un resfriado, alguna situación no tan grave, por lo que se fue a su cama a dormir. La mañana siguiente notaron que no había bajado y su ama de llaves subió para ver cómo estaba y no respondió. Cuando entraron a su habitación fue cuando descubrieron que estaba en su cama sin signos vitales. Era imposible no sentir culpa por lo que estaba escuchando.
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