Minutos después, ya dentro del coche, salíamos de la casa y yo, al menos, con la casi certeza que no la iba a volver a pisar jamás cosa que, sinceramente, no me preocupaba demasiado. Estaba claro que la relación entre Perla y yo estaba definitivamente rota, esta ya no tenía vuelta atrás y que ella, por mucho que rogara o insistiera Magdalena, cosa que dudaba fuera a hacer, no se merecía otra segunda o tercera oportunidad que yo no le pensaba otorgar. El trayecto entre Almuñécar y Granada se me hizo largo y tedioso. Los estragos de la noche anterior seguían pasándome factura y no veía la hora de llegar a casa, echarme en la cama y poder dormir a pierna suelta hasta volver a ser el de siempre. A mi lado, recostada contra la ventanilla, Magdalena durmió todo el viaje, haciéndome sentir envid

