— ¿Qué haces? –pregunté, confuso, el alcohol habiendo hecho mella en mi raciocinio ya que era bastante obvio de qué iba todo aquello. — ¿Tú qué crees? –contestó ella, sus brazos rodeando mi cuello de nuevo pero, esta vez, dando ella el paso y uniendo sus labios a los míos, besándome con pasión desbordada, su cuerpo desnudo apretándose contra el mío y sintiendo su coño lampiño arrebujado contra mi m*****o erecto, presionando este sus labios y vulva, húmedos y no precisamente por el agua. Confuso por lo que estaba ocurriendo, sumido en la bruma que el alcohol había provocado y que me impedía reaccionar, detener el asedio de Inés y comprender el significado de aquella situación en la que me encontraba, permanecí impasible mientras ella proseguía con su beso, percibiendo sus pechos desnudos

