— ¿Así que arquitecto, no? –Me preguntó Carlos Enrique buscando darme conversación –siempre me ha parecido una profesión fascinante. — Para mí lo es –le confesé, orgulloso como estaba de dedicarme a algo que me apasionaba, para lo que había luchado toda mi vida conseguir –aunque, como todo, tiene sus cosas. Eso sí, al menos en ella no me juego la vida cada día como sucede en la tuya. De momento, claro. — Y esperemos que no llegue –rió él, divertido — ¿sabes? Siempre he admirado a la gente como tú, personas que luchan por conseguir sus sueños. — Bueno, tú también lo has hecho ¿no? –Respondí sorprendido por sus palabras –has triunfado como torero que, por lo poco que conozco de ese mundo, no es algo fácil de conseguir. — No, no lo es pero ¿quieres conocer un secreto? –Me susurró –siempre

