A eso de media mañana me presenté en la oficina de mi jefe. Iba con una carpeta abultada con papeles y una actitud muy profesional. Mi compostura contrastaba con mi vestimenta. Mi atuendo era menos protocolar de lo habitual. La falda era corta y mostraba claramente el relieve de mis voluptuosas, firmes y redondas nalgas. Traté de obviar ese detalle y mostrarme seria. La secretaria me hizo pasar y al entrar Jorge me observó enigmáticamente. —Necesito hablar con la señora Bauman, María Luisa —dijo Jorge a la secretaria—. No pase llamadas y que nadie nos interrumpa, por favor. La puerta se cerró y Jorge se levantó de su escritorio. Caminó hasta el sofá de cuero marrón y tomó asiento ahí. Desde ahí me contempló. Yo giré mi cuello para observarlo, pero seguí de pie en el mismo lugar. Sabía qu

