En las mañanas, despierto en el cálido nido que es nuestra cama. Me dejo acariciar por aquella sensación placida, luego, cuando estaba mi esposo en casa, me urgía que me follara. Despertar y dejar que la v***a de Tomás es lo único que deseo hacer al despertar. Pero ahora mi esposo no está en casa. Al levantarme, muy temprano, me dispongo a comenzar el día. Me meto a la ducha de agua tibia, enjabono los hombros, mi vientre plano y mis muslos largos. Me pongo crema después. Cuando lo hago, últimamente, pienso que el líquido blanco, que froto contra mis grandes y firmes senos, es semen. Es una estupidez. Me visto. Primero, la ropa interior, siempre sexy. Favoreciendo una falda moderna y estilizada; ajustada y elegante, que marque bien mi culo generoso y respingón, los seductores muslos. Mi

