—¿Querés que te coja? ¿Eso querés? —pregunté. Y como era de esperar, la única respuesta que recibí fue un rotundo silencio—. ¿Sabés qué creo? Que en el fondo lo querés. Puede que suene demasiado soberbio, pero creo que incluso cuando te vi en el supermercado, con ese uniforme pornográfico deseabas que te coja. Disculpá si sueno muy arrogante. Pero vos también sabías que te deseaba en ese momento ¿No? —mis dedos bajaron lentamente, y se hundieron nuevamente en sus glúteos—. ¿Qué habrás pensado cuando me viste de la mano de tu mamá? Pendeja calentona. De seguro fantaseabas con que dejaba el cuarto de Daniela en medio de la noche y venía al tuyo a culearte ¿no? Esa era mi fantasía, claro está. Pero en ese momento no me pareció descabellado pensar que la compartíamos. De todas formas, ni siqu

