La situación no podía ser más bizarra. Fer estaba recostada boca abajo. Le débil claridad que se metía por la ventana me permitía ver su imponente cuerpo semidesnudo. Su ropa interior negra estaba bajada hasta las rodillas, y su pomposo orto manchado con semen (por mi semen) estaba expuesto. Había levantado su torso con la ayuda de los brazos, y había girado la cabeza para escupir esas palabras cargadas de veneno. —Fue mamá. Todo fue idea de mamá. —¿Qué? —pregunté, sin terminar de comprender lo que esas palabras podrían significar—. ¿Qué cosa fue idea de tu mamá? Fer volvió a hundir la cabeza en la almohada. Eso me irritó muchísimo. Estaba claro que lo había dicho para molestarme, pero eso no significaba que fuera mentira. De hecho, parecía todo tan inaudito, que de alguna manera eso te

