Hazel no entendía por qué, pero sus palabras lejos de brindarle alivio le provocaron una inquietud extraña y simplemente no pudo emitir ni siquiera un leve sonido, si era lo que quería por qué no podía aceptar sin sentir ese inquietante desasosiego comprimiendo su corazón, sin embargo, Dastan interpretó su silencio como una confirmación de lo que temía, ella solo pensaba en no lastimar a Kael pues sabía que una destitución quebraría al hombre, y esa sola idea basto para enfurecerlo aún más.
- Qué necesidad hay de todo esto si no me deseas?- reprochó con la mandíbula tan tensa que el rostro le dolía- acepta lo que te ofrezco y sigue tu camino!- y sin importar lo sincero de sus palabras, Hazel seguía sin comprender la incapacidad que tenía para aceptar el rechazo o refutar cualquier argumento que le era dado.
Solo podía verlo fijamente con el rostro lleno de una confusión que a Dastan le pareció tan dulce e irresistible, que sin pensarlo demasiado, se aferró a la mínima posibilidad de encontrar una esperanzadora respuesta, suavemente llevó sus manos a las mejillas de la joven acariciando con ternura su delicada piel y mirándola fijamente se acercó con cautela, al grado que su respiración se entremezcló con la de ella mientras inclinaba el rostro buscando sus labios, pero Hazel apartó la cara en el último momento.
Irremediablemente, Dastan sintió cómo un frío lo invadía por dentro, ese gesto lo lastimó más de lo que jamás habría imaginado, ella ni siquiera lo miraba pero su postura era tensa, aunque se debía a una razón muy diferente a la que él concebía, Hazel creía que no debía corresponder, a pesar de sentir un fuerte impulso por hacerlo, algo en su consciencia le gritaba que se detuviera.
- Entiendo- exclamó Dastan con la voz tensa y llena de dolor.
El hombre permaneció ahí, inmóvil, con las manos aún en el aire como si no pudiera procesar lo que acababa de suceder, Hazel no dijo nada, pero su rechazo fue más fuerte que cualquier palabra, Dastan asintió lentamente, con una resignación que se reflejaba en cada línea de su rostro, no dijo nada más, solo se apartó de ella y comenzó a desabrochar los botones de su saco antes de quitárselo con un movimiento brusco, dejándolo caer sobre el piso, luego, sus dedos fueron a su corbata, aflojándola con impaciencia antes de deslizarla por su cuello y arrojándola lejos sin cuidado.
- Qué sucede?- Hazel preguntó en voz baja, frunciendo el ceño y observándolo con desconcierto sintiendo un extraño calor asentarse en su estomago, sin embargo, él apenas la miró, sus ojos, normalmente tan intensos, se tornaron opacos y cansados.
- Dile a nuestros padres que salí a correr un rato- respondió con voz ronca, como si le costara pronunciar esas palabras.
Y sin más, se giró y comenzó a caminar con pasos decididos hacia el otro extremo del balcón, Hazel tardó un segundo en reaccionar antes de dar un paso adelante, alarmada por lo que aparentemente pretendía.
- Espera, estamos en el segundo piso!- reclamó asustada incapaz de saber si debía detenerlo o simplemente correr por ayuda.
Pero él no respondió, ni siquiera se detuvo y ante la mirada incrédula de su acompañante, Dastan saltó sin dudarlo, Hazel ahogó un grito y corrió hacia el borde del balcón, no pudo negar que el terror se apoderó de todo su ser, provocando que su corazón latiera con fuerza y sus ojos se abrieran en su totalidad, sin embargo, su respiración se detuvo al ver lo que había abajo.
Donde antes estaba Dastan, ahora se erguía una enorme criatura de pelaje n***o como la noche, sus músculos poderosos se tensaban bajo la luz de la luna y sus ojos, de un azul profundo y electrizante, brillaban con intensidad sobre su majestuosa forma, simplemente era imponente y magnífico, era el lobo más grande y hermoso que Hazel había visto jamás.
Era una presencia tan imponente que consiguió que el pecho de la joven se comprimiera y un escalofrío le recorriera la espalda cuando los ojos de Sarkan se conectaron con los de ella por un instante, y en su mirada no había reproche, ni rencor, solo algo primitivo e insondable que le revolvió el estómago.
Pero fue algo momentáneo, pues Sarkan no se quedó más tiempo, con un leve gruñido, se giró y echó a correr internándose en la espesura del bosque con una velocidad sobrehumana, mientras Hazel se quedó ahí, aferrada a la barandilla del balcón, con la respiración entrecortada y un extraño temblor en sus manos, sus instintos se encendieron reaccionando de una forma sin igual, por primera vez, sintió que su alma quería correr tras él.
Sin embargo, seguía aferrada a la idea de que no era correcto porque no era en realidad lo que deseaba y antes de regresar al salón con los invitados, le regaló una última mirada a la imponente presencia que ya no estaba ahí, pero que había dejado su aroma como un rastro invisible que Hazel podía seguir, de decidirlo.
Los días que siguieron a la cena transcurrieron en un silencio incómodo y pesado, Hazel no volvió a ver a Dastan desde aquella noche en que su lobo desapareció en el bosque, al principio, pensó que volvería a verlo eventualmente, sobre todo con los constantes preparativos de la investidura, pero los días comenzaron a pasar uno detrás del otro, haciendo más evidente su ausencia.
Las murmuraciones en la casa principal comenzaron a hacerse notar, nadie decía nada abiertamente, pero Hazel podía sentir las miradas de los sirvientes y de los miembros de la manada cuando pasaba, algunos parecían preocupados, otros simplemente curiosos pero ya todos habían notado la poca cercanía que tenían y considerando el ímpetu que los lobos llegaban a tener cuando encontraban a sus parejas resultaba muy peculiar para todos.
Fue apenas cuatro días después de la cena, que el día de la investidura llegó y con él, una ansiedad que le carcomía el estómago, desde temprano Hazel fue llevada a una habitación especial en la casa principal para prepararse, las mujeres del servicio iban y venían, ajustando su vestido, peinándola, dándole los últimos retoques a su maquillaje, pero ella apenas se veía en el espejo, su mente estaba en otro lado, atrapada, no solo en la incertidumbre del papel que de ahora en adelante tendría que asumir sino básicamente en lo que podría ocurrir con Dastan.
La pobre chica no dejaba de pensar en si esta era su forma de huir de la unión, o si aparecería en el último momento solo para rechazarla frente a toda la manada, ya no tenía certeza de nada, y cada segundo solo se inquietaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.
No entendía por qué le afectaba tanto el no haber sabido nada de Dastan o si simplemente ella debía huir antes de la ceremonia para evitar el ridículo que viviria como él la rechazara antes de que pudiera siquiera ser nombrado Alpha, y justo cuando su ansiedad alcanzaba su punto más alto, escuchó un par de golpes en la puerta, todas las empleadas detuvieron sus movimientos y la miraron con expectacion cuando elevó la nariz, y fue suficiente para saber quién estaba al otro lado.
- Adelante- dijo, con la voz más firme que pudo reunir.
La puerta se abrió de inmediato y su estómago se encogió al ver la imponente figura de Dastan en el umbral, se veía un poco diferente, más serio y frío, su expresión se hacia más indescifrable conforme avanzaba hacia el centro de la habitación.
- Pueden retirarse- ordenó y de inmediato todas las empleadas salieron, no sin antes hacer una pequeña reverencia a la pareja.
Finalmente la última mujer salió cerrando la puerta con suavidad, dejandolos en un complicado silencio, pero que, a diferencia de otras ocasiones, no se sentía tenso, en realidad Hazel se sorprendió por lo tranquilo y sereno que lucía Dastan.
- Has tomado una decisión?- preguntó sin rodeos y con una voz carente de emoción.
Hazel frunció ligeramente el ceño, sintiendo un nudo apretándose en su pecho, no es que Dastan fuese muy expresivo pero ahora parecía que ella era una completa extraña a quien veía por primera vez.
- Decisión?- cuestionó confundida.
- Sí, aceptarás el rechazo?!- aclaró mirándola sin mucho interés- si es así, lo haré después de la investidura.
Y aunque abrió la boca no fue capaz de decir nada, no sabía por qué, pero las palabras simplemente no salían y eso la aterraba más que cualquier otra cosa, rechazarlo cuando le había dado una salida tan sencilla parecía lo más evidente y aún así era incapaz de hacerlo, Dastan soltó un suspiro apenas audible y asintió lentamente, mientras ella se limitaba a agachar la mirada como si de pronto el suelo fuera más importante.
- Ya veo- y el silencio se volvió a extender entre ellos, algo más pesado e incómodo que en otros momentos, y cuando Hazel pensó que él se iría sin decir nada más, su voz volvió a llenar el espacio- siento envidia por Kael.
Una declaración que sorprendió a Hazel, quien levantó la cabeza de golpe, encontrándose con la mirada triste y resignada de Dastan.
- Debe ser agradable que alguien te ame tanto como para hacer cualquier sacrificio por ti- continuó él, con una sonrisa amarga en los labios- me hubiera gustado que mi pareja predestinada sintiera algo así por mí, pero…..- hizo una breve pausa, encogiendose de hombros- es lo que hay, no?!.....uhu....la Luna parece estar jugando con nuestros destinos, y ya que estas dispuesta a llevar esto hasta el final....no hay más alternativa que seguir adelante.
Pero Dastan ya no estaba interesado en escuchar nada más, de inmediato llevó una mano al interior de su chaqueta y sacó un pequeño collar, de cuya cadena de oro blanco cadena colgaba un dije dentro del cual, Hazel pudo notar un líquido oscuro y espeso, que al parecer era sangre.
- Llévalo contigo- repuso extendió la joya hacia ella.
- Qué es eso?!- preguntó señalando el extraño y viscoso líquido que se balanceaba en el interior.
- Mi sangre.....y necesito que la lleves contigo- exclamó Dastan ofreciéndole el collar una vez más.
- Por qué?- Hazel retrocedió, escondiendo las manos tras su espalda mientras fruncia el ceño con cierto asco.
Dastan la miró con una frialdad que ocultaba un dolor silencioso, pues a pesar de todo lo que sentía por ella debía acostumbrarse a sus constantes desaires, era mejor y quizás con el tiempo eso lo ayudaría a olvidar cualquier sentimiento y esperanza que albergará, hasta convertirlo en apenas un vago recuerdo.
- Porque no podré marcarte ni compartir mi esencia contigo, sin eso, serás una presa fácil para nuestros enemigos, este es el único modo de que, al menos, perciban mi aroma en ti y sepan que estás bajo mi protección.... pero finalmente si quieres o no usarlo.....es decisión tuya.
Hazel se quedó boquiabierta, no es como si el fuera el más educado pero definitivamente nunca le habló tan bruscamente, sin embargo, antes de que siquiera pudiera procesarlo Dastan colocó el collar sobre la mesa, dándose media la vuelta para salir de la habitación sin esperar una respuesta, dejándola sola mientras miraba fijamente la joya; hasta que un suave pero firme llamado en la puerta interrumpió sus pensamientos, Hazel levantó la vista, encontrándose con una de las doncellas que la acompañaría hasta el lugar del ritual.
- La luna ha alcanzado su punto más álgido... es momento de iniciar la ceremonia.
El aviso hizo que su respiración se acelerará, había llegado finalmente el momento en que su destino quedaría sellado para siempre, sin que pudiera hacer nada al respecto, apenas y miró a su alrededor, soltando un pesado suspiro.
- Luna- la llamó nuevamente la doncella al ver como Hazel simplemente permaneció inmóvil.
Con una sonrisa fingida asintió y se unió a las dos doncellas que la esperaban junto a la puerta, listas para escoltarla al centro del bosque, donde la ceremonia tendría lugar, sintiendo cómo cada paso la acercaba a lo inevitable.
El aire nocturno estaba impregnado del aroma de la tierra húmeda y la madera quemada, fente a ella, la escena se desplegaba con una solemnidad sobrecogedora, toda la manada se encontraba reunida en un círculo perfecto, sentados frente a la gran fogata que ardía en un cuenco de piedra negra grabado con símbolos antiguos.
En el centro del altar ceremonial, tres ancianos, entre ellos Gorak, aguardaban vestidos con largas capas blancas en completa quietud, mientras sus rostros eran iluminados por el resplandor de las llamas azules que proyectaban sombras sobre los troncos de los árboles y dotaban el ambiente de un aura mística y ancestral, desprendiendo un aroma único y un tanto enigmático.
A la derecha del grupo, Alpha Desmond aguardaba imponente, vestido con su traje de mando militar y una pesada piel de lobo cruzada sobre su pecho, como símbolo de su legado y poder; a su lado, por supuesto, Luna Amira lucía un majestuoso vestido largo n***o azulado, con mangas bohemias y con una pequeña capa que cubria su cabeza, y a pesar de su postura erguida y elegante, sus ojos brillaban con una emoción contenida.
Con la mirada fija en el fuego y un último suspiro, Hazel inicio la caminata protocolaria por el pasillo central, adornado con hojas azules que crujian a sus pies y que reflejaban de una forma unica una tenue luz en el hermoso vestido blanco, que era una obra de arte en sí mismo, confeccionado con una tela etérea y ligera de chiffon que caía con una fluidez casi hipnótica.
El escote en forma de corazón era el punto focal del diseño, realzando la feminidad con una línea suave y elegante que enmarcaba el cuello y los hombros gracias al diseño off-shoulder que dejaba al descubierto la parte superior de los brazos, mientras que las mangas largas, hechas del mismo tejido vaporoso, caían con ligereza y un volumen moderado antes de ajustarse en las muñecas, creando un contraste armonioso entre lo etéreo y lo estructurado.
Desde la cintura, la falda se abría en una cascada de pliegues suaves que se deslizaban con gracia hasta el suelo, generando un efecto de movimiento continuo que con cada paso parecía flotar, ondulando sutilmente como si estuviera en perfecta sincronía; en cuanto a parte posterior, el vestido se alargaba en una pequeña cola que se deslizaba tras ella con una elegancia majestuosa, dejando una estela de sofisticación a su paso.
Sin bordados ni adornos excesivos, el vestido destacaba por su sencillez refinada, cada detalle estaba pensado para resaltar la fluidez de la tela y la armonía de sus líneas, convirtiéndolo en una pieza que irradiaba gracia, delicadeza y un aire casi místico.
Su largo cabello n***o iba completamente suelto y con ligeras ondas en las puntas, colocado detrás de las orejas, complementando su arreglo con elegantes joyas de zafiro azul, que contrastaban con el brillo de la luna, terminando de acentuar ese hipnótico movimiento que todo su arreglo desprendía.
Los pasos de Hazel eran lentos y elegantes, permitiendo que los miembros de la manada le mostraran su respeto inclinando la cabeza en una reverencia que ella agradecía con una suave sonrisa, sin embargo, no fue hasta que su mirada se encontró con Kael, quien estaba a lado de Dante el hijo menor del actual Alpha, que su mente se nubló y toda su voluntad flaqueo, ahí estaba, en la primera fila, su porte firme y su expresión indescifrable, con la medalla de beta colgando sobre su pecho.
Hazel detuvo sus pasos sintiendo como ese torbellino de emociones volvía a agitarse en su interior deseando que en ese instante algo más interrumpiera el abrumado momento, pero antes de que pudiera procesarlo, la imagen del collar que Dastan le había dado, abandonado sobre la mesa de su habitación, regresó a su mente.
Lo había olvidado por completo y sin querer, como nunca antes se sintió tan tonta, al grado que se cuestionó si aún había tiempo para regresar por él, si podría excusarse y salir corriendo antes de que esto continuara, pero entonces alzó la vista y vió a la manada expectante, a los padres de Dastan mirándola con preocupación y a los ancianos clavando sus fríos ojos en ella con molestia, y supo que no podía regresar, no ahora.
Hazel apretó los puños y desechó la idea de su mente, sin importar lo que significara ese collar, ya no podía ir por él, así que inspiró hondo y obligó a sus pies a seguir adelante, aunque sentía que acababa de cometer un gran error.
Afortunadamente el resto del pasillo pareció haber reducido su distancia, y, después de una reverencia al actual Alpha, se posicionó junto a Luna Amira, reprochándose aún su estupida omisión, en su mente intentaba justificarse con la premura de la situación, quería creer que en este momento, en particular, realmente no importaba tanto, sin embargo, la advertencia de Dastan no dejaba de resonar en su cabeza.
Pero ya no hubo tiempo de más reproches y absurdas justificaciones, pues un aullido profundo se elevó desde los límites del claro, seguido inmediatamente por otros que retumbaron en el aire como un eco sagrado, era la señal de que la ceremonia estaba por comenzar.
Un silencio reverente cayó sobre la multitud cuando Dastan apareció en el extremo del pasillo que llevaba hasta la fogata ceremonial, la luna estaba en su punto más alto, derramando su luz plateada sobre él, haciéndolo parecer aún más imponente y altivo; y al igual que su padre, vestía su uniforme militar n***o, impecablemente ajustado a su cuerpo, con detalles en oro blanco que resaltaban su rango, sobre sus hombros caía una gruesa capa de piel de lobo n***o, el símbolo de su linaje, ondeando ligeramente con la brisa nocturna.
Dastan avanzó con pasos medidos y seguros demostrando su autoridad, mientras que a cada lado del pasillo los miembros de la manada inclinaban la cabeza en señal de respeto, murmurando palabras de honor para su nuevo líder que lo acompañaron hasta que llegó frente a sus padres, el joven Alpha se detuvo y bajó la cabeza en una leve, pero significativa reverencia, primero a su padre, el Alpha saliente, luego a su madre, la Luna de la manada pero cuando su mirada finalmente encontró a Hazel, todo su semblante cambió.
Sus ojos se clavaron en su cuello adornado por un elegante collar de zafiro y oro blanco, donde se suponía debería estar la joya con su sangre, una ausencia que era imposible de ignorar, irremediablemente su mandíbula se tensó y su expresión se endureció con un dolor apenas disimulado.
Hazel sintió la desaprobación en cada rasgo de su semblante, y con un atisbo de nerviosismo intentó disculparse con la mirada, pero Dastan ni siquiera le otorgó esa consideración, en su lugar, apartó los ojos con frialdad y sin dudarlo un segundo más, dio un paso al frente, ubicándose ante los ancianos y la gran fogata.
El fuego rugió con intensidad, como si la propia naturaleza reconociera la importancia de ese momento, la ceremonia estaba por comenzar y no hizo falta más que Dastan se arrodillara frente al cuenco para que Gorak diera un paso al frente, callando cualquier murmullo.
- Hoy, bajo la luz de la Madre Luna y en presencia de nuestros ancestros, el legado cambia de manos- la voz del anciano resonó con un peso místico- el Alpha entrega su corona, no como un regalo, sino como un deber, el líder no es dueño de la manada, sino su guardián.
Con un movimiento solemne, alzó un pequeño cuenco de piedra negra con un líquido espeso y carmesí, mezcla de sangre y savia de los árboles sagrados, en el cual sumergió los dedos para después trazar símbolos antiguos sobre la frente de Dastan mientras rezaba una antigua oración, en tanto Desmond avanzó, con su mirada fija en su hijo, tomó un puñado de ceniza del fuego sagrado y la dejó caer sobre la cabeza del heredero.
- Con esta ceniza, te marco con la memoria de nuestros antepasados, su sabiduría guiará tu juicio, su fuerza será tu escudo y su valor tu espada.
Luna Amira se acercó con una caja de madera que contenía un par de dagas de obsidiana, una de las cuales tomo su esposo e hizo un pequeño corte en la palma de su mano, de la cual brotó la sangre que extendió hacia su hijo.
- Con mi sangre, te cedo mi vida, lo que soy y lo que fui, ahora es tuyo.
Dastan se levantó, tomando la otra daga, cortando su palma para unirla con la de su padre en un apretón de manos ensangrentado, un escalofrío inundó la manada cuando un destello recorrió la piel de ambos, como si una antigua magia reconociera el traspaso de poder.
Desmond dió un paso atrás, exponiendo su cuello en un gesto definitivo de sumisión, la señal de que su reinado había concluido, por un instante, el silencio fue absoluto hasta que Dastan inclinó la cabeza y, con respeto, dejó que su frente rozara la de su padre, antes de que este regresará a su posición inicial.
Los ancianos hicieron lo propio, dando un paso atrás dejando al heredero en el centro del círculo, mientras Gorak le entregó un cuenco tallado con inscripciones antiguas y lleno del mismo líquido sagrado.
- Bebe y jura ante la manada, ante la Luna y ante los espíritus de los que vinieron antes que tú.
Dastan tomó el cuenco, con ambas manos lo elevó hacia el cielo, recitando en silencio parte de una oración a la Luna antes de dirigir su mirada hacia la manada
- Juro por la sangre que corre en mis venas y por la tierra que sostiene mis pasos.
Juro por la Luna que me guía y por los ancestros que me observan.
Seré el escudo y la garra, la voz y el juicio.
No abandonaré a los míos, no traicionaré mi deber y no temeré al destino.
Donde la manada marche, yo guiaré.
Donde la manada luche, yo pelearé.
Donde la manada caiga, yo me alzaré.
Desde esta noche y hasta mi último aliento,
Soy el Alfa. Soy la ley. Soy la manada.
Y acto seguido bebió la totalidad del líquido, dejandolo caer al suelo, donde la tierra absorbió las pocas gotas que quedaron, ante lo que Gorak alzó los brazos y habló casi en un grito eufórico.
- Levántate y guianos, Alpha de Sangre y Luna!, guía a tu manada con honor, fuerza y sabiduría!
Dastan soltó un poderoso aullido que fue seguido por los guardias, su Beta y su Omega y posteriormente por toda la manada que aulló al unísono, aceptando su liderazgo, marcando así el inicio de un nuevo reinado que había comenzado, pero el ritual aún no terminaba, era momento de presentar y proclamar oficialmente a la nueva Luna de la manada.
Hazel caminó hacia el cuenco sagrado colocándose frente a Dastan con la cabeza inclinada mientras Gorak se aproximaba a él con otro cuenco blanco de sangre y savia en las manos, extendiendolo a su nuevo Alpha con una reverencia en señal de reconocimiento.
- Así como la Luna rige el cielo y la marea, así la Luna de la manada guía al Alpha en su camino- indicó Dastan con un pequeña burla oculta por lo irónico que resultaba su discurso- eres mi voz en la oscuridad, el susurro antes de la batalla, la calma tras la tormenta, sin ti soy fuerza sin rumbo, contigo el destino hecho carne.
Dastan la observó intentando controlar su respiración y todos sus impulsos pues en su interior rugía un reconocimiento primitivo, no la había elegido, pero ella siempre había sido suya, y él suyo, aunque Hazel no pudiera admitirlo, esto no era parte de un simple protocolo, era instinto puro de deseo y posesión que debía contener para si, pues había llegado el momento que ella más temía, debía inclinar aún más la cabeza exponiendo su cuello en un gesto de sumisión que él podría aprovechar para marcarla frente a toda la manada sin que pudiera negarse.
Dastan acercó sus pasos lentamente mientras el corazón de Hazel latía con más fuerza, estaba su merced, aunque no quisiera admitirlo en este momento no podía hacer nada más que aguardar, sin embargo, él apenas rozó con sus dedos la piel expuesta dibujando con la mezcla el símbolo de la manada sin ningún rastro de deseo o de alguna caricia más intima, lo que muy a su pesar, la confundió.
La joven apenas levantó la vista lo suficiente para comprobar que Dastan daba un paso atrás indicándole que se irguiera, no parecía molesto ni triste, al contrario, estaba totalmente impasible a este momento, como si ella fuera un lobo más de la manada.
- Asume ante la manada tu juramento- exclamó Dastan con fuerza.
Hazel elevó la cabeza viendo fijamente a su compañero tratando de darle sentido a su indiferencia, pero Dastan seguía mirándola como si fuera un fantasma, transparente, a través del cual podía ver más allá, lo que hizo sentir un tanto extraña pero el resto de los presentes si la veía con expectación por lo que continuó con su deber, con un nerviosismo contenido y con una suave voz, que aún temblaba, pronunció el juramento ancestral.
- Donde tu sombra se alargue, yo estaré.
Donde tu voz resuene, yo hablaré.
Donde tu espíritu arda, yo seré la brisa que lo avive.
No soy tu fuerza, soy tu razón.
No soy tu espada, soy tu escudo.
No soy tuya- Hazel hizo una pausa buscando de reojo a Kael pero la mirada inquisitiva de Dastan la hizo volver- ...uhum...como tú no eres mío.
Somos la manada, somos el vínculo.
Somos la Luna y el Alpha"
Gorak se aproximó hungiendo sus frentes con esencia de Luna uniendo así sus destinos bajo la bendición de los dioses.
- Une tu frente a la suya- pidió el anciano a Dastan que apenas miró a Hazel, sabía que ninguno de los dos deseaba este ritual y, sin embargo, no tenían opción.
El Alpha apenas y se aproximó lo suficiente para que sus frentes se rozaran sintiendo como el cuerpo de su Luna se tensaba, pero contrario a lo que él pensaba, Hazel sintió un extraño y placentero nerviosismo que recorrió cada fibra de su ser y que la agitaba sin razón.
- Bajo el ojo eterno de la Luna,
sus almas se entrelazan como el viento y la tierra, como el río que nunca abandona su cauce.
Él, Alpha y guardián;
Ella, Luna y fuego.
Desde este momento, su destino es uno.
Que sus latidos marquen el ritmo de la manada, que su amor sea tan feroz como la tormenta y tan eterno como la noche estrellada.
La Luna que los vio nacer por separado,
hoy los une para siempre"
Y fue suficiente, Dastan apartó su frente de la de Hazel con la misma indiferencia con la que uno se deshace de un deber cumplido, y sin titubeos, extendió su mano hacia ella, ofreciéndole ayuda para colocarse a su lado, no hubo ternura en su gesto, ni calidez en su mirada, solo la obligación de cumplir con el protocolo.
Hazel sintió que el nudo en su garganta se endureció más mientras aceptaba su mano, lo que hizo casi por inercia que por necesidad, sus dedos apenas rozaron los de Dastan antes de que él los soltara con desdén, volviendo su atención al frente como si ella no estuviera allí.
Y no entendía esa reacción, evidentemente sabía que estaba molesto y peor aún después de lo del collar pero había esperado algún grito o por lo menos un reclamo silencioso, pero esta ausencia total de emoción, la desconcertaba más de lo que quería admitir, por supuesto que no esperaba una cordialidad o un afecto cuando ella lo rechazaba tan abiertamente y, sin embargo, no dejaba de pensar en ello.
Hazel apenas y se colocó a su lado, sintiéndose más fuera de lugar que nunca, ni siquiera se atrevía a mirarlo, pero la tensión en su postura le decía que para él, ella ya no era más que una sombra a su lado y eso estaba bien.
.....o no?