El día de la cena finalmente llegó, aunque Hazel no había entendido cómo, apenas y había reaccionado mecánicamente a todo lo que se suponía debía ordenar, afortunadamente, la abuela de Esma estuvo para apoyarla, desgraciadamente para ella eso no aminoraba la pena.
En esos días apenas había visto a Kael, a lo lejos por supuesto, y sin intercambiar más que simples miradas o leves gestos de cabeza, evidentemente no era lo que hubiera deseado pero hizo un compromiso y lo debía cumplir, aunque por dentro estuviera odiando la situación.
Y fue un poco de consuelo para Hazel el que tampoco haya visto a Dastan, él tenía sus propios asuntos que atender y eso lo mantenía alejado, sin embargo, eso no implicó que ella no supiera exactamente dónde estaba, era extraño, pero con el pasar de los días, el aroma se hacía absurdamente más fuerte y perceptible, haciéndola capaz de saber si el hombre acababa de pasar por un lugar, había permanecido en una habitación o estaba cerca, y también inconscientemente comenzaba a disfrutarlo.
Pero el momento en que debía partir junto con sus padres a la casa principal había llegado, Hazel estaba frente al espejo arreglando los últimos detalles del atuendo que compró, por insistencia de Amira, para este día y aunque trataba de disimularlo no lucía feliz o emocionada como se suponía debía estarlo, en realidad solo parecía estarse arreglando para un día más de trabajo, nada especial ni importante, solo otro día más.
Colocó lo estrictamente necesario y se maquilló adecuadamente para darle a sus futuros suegros la impresión de que se había esmerado en su arreglo, y cuando al fin estuvo lista apenas y soltó un hondo suspiro tomando su bolsa para salir al encuentro con sus padres.
Iago y Sonya ya estaban en la sala y parecían estar discutiendo algo muy importante pues sus rostros no lucian cómodos, al contrario se notaba la intención en cada una de sus facciones y no le tomó mucho a Hazel saber perfectamente a qué se debía su reacción, a lo mismo que había venido sucediendo los últimos días pero si no se arrepintió cuando todo inició ahora que estaban a menos de un día de sellar el pacto no lo haría, pues eso si acarrearía graves consecuencias.
- Estoy lista!!- exclamó con su mejor sonrisa caminando hasta reunirse con sus padres.
Sonya se giró de inmediato y la tomó de las manos, sabía que su hija no estaba convencida del paso que iba a dar y aunque estuvo constantemente preguntándoselo a lo largo de estos días obteniendo la misma respuesta, aún necesitaba confirmar que Hazel siguiera firme en su decisión.
- Hija, si no est.....
- Ya estoy lista, nos podemos ir?!, no quiero hacer esperar a Dastan- interrumpió la innecesaria pregunta fingiendo emoción por ver al hombre.
Sus padres guardaron silencio compartiendo una mirada antes de ver a su hija directamente, ya no sabían que más decir y evidentemente no podían hacer nada, más que confiar en que Hazel supiera lo que lo que estaba haciendo.
Por lo que Iago asintió, sujetando la mano de su hija para depositar un suave beso en el dorso, era la única forma que tenía para hacerle saber que sin importar lo que pasara ellos siempre la iban a apoyar, por su parte Sonya la tomó de las mejillas mirandola fijamente intentando encontrar un rastro de duda que justificara su intervención para detenerlo todo pero solo había una sonrisa que, aunque sabía no era sincera, tampoco estaba segura de que fuera forzada y sin más asintió señalándole a Hazel el camino que debía tomar.
Afuera ya los esperaba un elegante Rolls-Royce Cullinan n***o blindado, que esta noche sería manejado por uno de los hombres de más confianza de Dastan, Vanko, que los atendió con el mayor respeto, inclinándose frente a ellos y abriéndoles la puerta, lo qué resultaba un poco extraño para una familia que no tenía un rango importante en la manada.
Sin embargo, agradecieron la amabilidad y disposición de la familia de Dastan, quién parecía estar particularmente interesado en proveerles todos los cuidados necesarios, sobre todo considerando que de su casa a la casa principal de la manada no se hacían más de 30 minutos caminando, un camino que ahora harían en uno de los lujosos automóviles reservados para la familia del alpha.
El trayecto en el vehículo fue silencioso, aunque la tensión era palpable, Hazel parecía serena pero las manos inquietas sobre su regazo contaban una historia diferente, mantenía la vista fija en la ventanilla, mientras su madre y su padre intentaban aparentar tranquilidad.
Y sin darse cuenta, la casa del Alpha se alzó imponente al final del camino, iluminada con una calidez engañosa bajo la luz del atardecer, Hazel la había visitado mucho en los últimos días y aún así parecía ser algo nuevo que le causaba miedo y malestar, pero el día para arrepentirse quedó en el olvido y cuando Vanko abrió la portezuela, supo que no había marcha atrás, apenas y soltó un pesado suspiro y descendió del automóvil con esa tensa sonrisa que prácticamente se había vuelto natural.
Hazel caminó del brazo de su padre y en cuanto estuvieron frente a la entrada un par de guardias hicieron reverencia antes de abrir la enorme puerta de madera y de inmediato, Desmond, acompañado por Amira y Dastan, los recibieron con una sonrisa de bienvenida al pie de las fastuosas escaleras.
- Bienvenidos- dijo el actual Alpha con voz firme y hospitalaria, aunque Dastan apenas lo escuchó, su mirada se clavó en Hazel, y por un instante, todo pareció desvanecerse a su alrededor.
Ella estaba hermosa, demasiado hermosa y era imposible de ignorar, el vestido azul rey, con su diseño elegante y ajustado, resaltaba cada curva de su cuerpo con crueldad, la tela abrazaba su figura con suavidad, delineando su silueta con una perfección que parecía hecha a medida para ella.
El escote cuadrado enmarcaba su clavícula y el delicado inicio de sus senos con un equilibrio exquisito entre sofisticación y sensualidad, las mangas largas añadían un toque de recato, pero en lugar de restarle atractivo, solo realzaban la intensidad de su presencia; la falda de corte lápiz terminaba justo debajo de sus rodillas, con una ligera abertura en la parte trasera que permitía vislumbrar la sutilidad sus movimientos al caminar.
Su cabello, recogido con delicadeza en una trenza baja dejaba al descubierto la suave línea de su cuello, y sus ojos, esos ojos que tanto lo habían desafiado, brillaban con un matiz de melancolía que lo atrajo como un imán.
Toda ella parecía brillar con una intensidad que lo dejó sin palabras, Dastan quiso apartar la mirada, quiso ignorar el efecto que tenía sobre él, pero fue imposible, Hazel estaba peligrosamente hermosa y él estaba perdido.
"Es nuestra- Sarkan gruñó en su mente con un ansia primitiva- debemos hacerla nuestra, poseerla, marcarla".
Dastan apretó los dientes, negándose a caer en la urgencia de su lobo, era lo único que podía hacer si no quería sucumbir y hacer exactamente lo que Sarkan deseaba y muy en el fondo él también.
-Cállate.
"No, tú cállate- Sarkan gruñó con fiereza- mírala, Dastan, es nuestra compañera, nuestra Luna, su piel, su aroma…...la deseo, queremos marcarla, quiero correr con su loba, acaso no lo sientes?"- y por supuesto que lo sentía.
Lo sentía en la forma en que su cuerpo reaccionaba ante su presencia, en el calor que le recorría las venas, en la forma en que su instinto gritaba para reclamarla, pero no podía y no debía, así que se obligó a apartar la mirada, a fingir indiferencia, mientras Hazel hacía una ligera reverencia en señal de respeto hacia sus anfitriones.
- Gracias por recibirnos, Alpha Desmond, Luna Amira- dijo con suavidad, y ridículamente serena a pesar del temblor en sus dedos.
Dastan cerró las manos en puños, forzándose a respirar, si seguía mirándola de esa manera, no estaba seguro de poder contenerse y aunque Hazel parecía totalmente indiferente, la realidad era que en cuanto cruzó el umbral de la casa del Alpha, sintió esa penetrante mirada.
Era tan intensa y abrasadora que su corazón reaccionó instintivamente aumentando los latidos antes de siquiera alzar la vista, su piel se erizó como si una corriente eléctrica la recorriera, algo dentro de ella reaccionó a ese contacto invisible, una sensación extraña y desconocida que la hizo sentirse expuesta.
Con esfuerzo, levantó la cabeza y su mirada se encontró con la de Dastan, él la observaba fijamente, con una expresión inescrutable, pero sus ojos la devoraban, Hazel sintió calor en sus mejillas, nunca nadie la había mirado así, nunca antes su cuerpo había reaccionado de esa manera e ilógicamente intentó apartar la vista, enfocarse en Alpha Desmond o en Luna Amira, pero era imposible, la forma en que Dastan la miraba la mantenía atrapada, algo imposible de ignorar.
- Por qué me mira así?- le pregunto a su loba aunque en realidad la pregunta era para ella misma.
"Nos desea"- repuso Anka con orgullo pero esa respuesta era tan absurda que Hazel solamente la ignoró.
Sin embargo, su respiración seguía siendo errática, sus manos temblaban ligeramente y sintió la necesidad urgente de moverse, de hacer algo para disipar el extraño cosquilleo que se apoderaba de su piel y que comenzó a humedecerla entre sus piernas.
- Por qué me siento así?- de nueva cuenta emitía un cuestionamiento para su loba que iba dirigido a si misma.
"Porque te gusta que él te desee!"- exclamó moviéndose con coquetería como si el lobo de Dastan la estuviera viendo.
Pero otra vez Anka era ignorada, Hazel tenía cosas más importantes que atender como el hecho de que Dastan no apartó su vista de ella ni un segundo mientras su pecho subía y bajaba con fuerza, como si estuviera conteniéndose de hacer algo inapropiado.
- Nos alegra muchísimo recibirlos- dijo Alpha Desmond con su voz firme, pero ella apenas lo escuchó pues sentía como si todo el aire del salón se hubiera vuelto denso, como si el espacio entre ellos se hubiera reducido hasta dejarlos piel con piel.
Y finalmente Dastan cedió, el hombre pestañeó y apartó la mirada con brusquedad casi con necesidad para recuperar el control, lo que Hazel imitó, pero contrario a lo que imaginó sintió una pequeña punzada de desilusión como si todo lo que él pudiese admirar en ella ya hubiera perdido su encanto.
Y con un pequeño nudo en la garganta tomó aire, tratando de serenarse pero la sensación de aquella mirada siguió ardiendo en su piel, afortunadamente Amira aplaudió con suavidad y con una sonrisa de satisfacción los invitó al comedor.
- Es momento de disfrutar la cena que Hazel ha dispuesto para esta noche- exclamó con emoción por averiguar que había preparado la chica para esta noche.
De inmediato, las parejas comenzaron a tomar sus lugares, enlazando sus brazos de manera natural, Hazel apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió el cálido contacto de Dastan a su lado, su brazo fuerte y firme se deslizó alrededor del suyo, con tal naturalidad que la hizo contener el aliento.
Y extrañamente sintió un roce un poco diferente, fue apenas perceptible como una caricia sutil de sus dedos contra su antebrazo, parecía un simple accidente, fue tan fugaz que casi pudo haber pensado que lo imaginó, pero la corriente que recorrió su cuerpo no le dejó lugar a dudas de que él la había acariciado; y aún así no se permitió reaccionar, no iba a demostrar nada, se obligó a respirar con calma y a mantener su expresión serena, su cuerpo entero parecía estar en llamas, pero su rostro permaneció inmutable, impasible.
Dastan, sin embargo, sintió el rechazo, la indiferencia con la que Hazel ocultaba cualquier posible efecto de su cercanía y el nudo en su garganta que ya lo atormentaba desde la llegada de la joven se hizo más grande mientras su lobo rugió con frustración dentro de él, exigiendo que hiciera algo, que la marcara y la reclamara como suya pero él sabía que por más que lo deseara era imposible, así que solo apretó los dientes, obligándose a reconocer lo innegable.
Él la deseaba, lo había hecho desde el mismo instante en que percibió su aroma, pero Hazel no sentía nada, ridículamente, tal vez, había esperado una reacción por mínima que fuera, por supuesto que no amor, no deseo inmediato, pero algo, un atisbo de conexión, un temblor involuntario, una señal mínima de que el destino no se había equivocado al unirlos, desgraciadamente no había nada, Hazel no sentía nada por él, o al menos, lo ocultaba lo suficiente, pero ante ese panorama, Dastan sintió que el peso de ese lazo no era una bendición, sino un castigo.
La pareja caminó en total silencio hasta el comedor donde el resto ya los aguardaba con expectativa, los padres de Dastan los veían ilusionados, con el deseo de presenciar una pequeña muestra de afecto que los hiciera saber que su linaje estaba a salvo, mientras los padres de Hazel los observaban con reticencia esperando encontrar una señal de que su hija no estaba cómoda con la situación para así detener esta locura.
Sin embargo, solo había una extraña solemnidad que era poco común en situaciones como la de ellos, aunque todos querían creer que se debía más que nada a los carácteres de cada uno, empezaban a sentirse un poco ansiosos por la falta de cercanía, pero nadie parecía tener intención de cuestionar la voluntad de la Diosa Luna y se limitaron a continuar con el protocolo establecido, las tres parejas tomaron asiento con Dastan en la cabecera de la mesa y Hazel a su derecha.
A pesar de la tensión que comenzaba a sentirse en el aire, Dastan mantuvo una postura impecable, actuando con la cortesía que se esperaba de él.
- Permíteme- dijo con voz serena, apartando la silla para Hazel con un gesto elegante.
Ella se sentó con torpeza, sintiendo la intensidad de su presencia tan cerca y el escalofrío que le provocó el roce de su respiración en el cuello, pero Dastan, sin darle tiempo a la joven de reaccionar, tomó la servilleta y, con la misma delicadeza, se la tendió antes de acomodarse en su lugar.
Y si alguno de los comensales hubiese prestado más atención, habría podido ver que el rostro de Dastan delataba una profunda tristeza que contrastaba con su impecable educación, se habrían percatado que Hazel y él apenas se miraban, afortunadamente sus padres conversaban tan animadamente, que fueron completamente ajenos al malestar de sus hijos, hablaban de acuerdos, de la importancia de la unión, del futuro de la manada, sin notar que la pareja principal parecía más interesada en el techo, la vajilla, el piso o las paredes que en el otro.
Y fue Amira quien, con su usual porte, indicó que era momento de comenzar, tomó la pequeña campanilla dorada junto a su plato y la hizo sonar con suavidad haciendo que las puertas del comedor se abrieran y el servicio entrara con los platillos.
Hazel sintió un nudo en el estómago, había pasado los últimos días organizando este menú, eligiendo cada platillo con cuidado, pero ahora, viendo la comida desfilar ante los ojos críticos de Amira y Desmond, no pudo evitar preguntarse si había tomado las decisiones correctas.
Las bandejas fueron colocadas sobre la mesa una a una con costillas glaseadas, piernas de cerdo jugosas, pollo asado con hierbas, puré de papas cremoso, una ensalada fresca de verduras y frutas, además de una pasta blanca, sencilla pero bien presentada, y el desconcierto en el rostro de Amira fue evidente, estos platillos, si bien lucian suculentos, no eran algo que se esperase para una cena como esta y Hazel sintió el calor, producto de la vergüenza, subirle al rostro, tal vez debió elegir algo más elaborado, algo que se ajustara a los estándares de la familia del Alpha, pero poco sabía al respecto e hizo lo mejor que pudo con ayuda del internet.
Afortunadamente, antes de que pudiera sumirse en la ansiedad o escuchar los reproches de Luna Amira, la reacción de Dastan disipó cualquier duda, sin pensarlo dos veces, el hombre tomó un trozo de costilla con una expresión casi infantil de satisfacción, dándole el primer mordisco con un placer genuino casi como un vikingo de caricatura.
La sorpresa en el resto de los comensales fue inmediata, las conversaciones se detuvieron por un instante y luego estallaron en risas suaves al ver al serio y disciplinado Dastan comer con tanto entusiasmo, Hazel, que lo había estado observando con cautela, no pudo evitar sonreír, por primera vez en toda la noche, sintió que algo en su pecho se aflojaba, por un breve instante, entre todo el caos y la incertidumbre, sintió que había hecho algo bien, Amira, por su parte, observó a su hijo con una ceja elegantemente arqueada mientras lo veía devorar las costillas con un entusiasmo casi primitivo.
- Bueno, parece que el banquete ha sido aprobado- comentó con una mezcla de diversión y resignación, sin poder ocultar su sorpresa.
- Prefiero esta comida a un lomo en salsa de algo extraño, un filete asado con costra de no sé qué, acompañado de puré de camote mezclado con algo que ni siquiera sé pronunciar- y sin detenerse demasiado en la etiqueta, Dastan se limpió con la servilleta y respondió con total sinceridad.
Las risas estallaron entre los presentes, sin embargo, hizo una aseveración más que cayó como una cubeta de agua helada entre él y Hazel.
- Esta cena es justo lo que esperaba de mi Luna.
Dastan no se dió cuenta de la magnitud de sus palabras hasta que ya era demasiado tarde, Hazel dejó de respirar por un instante, sintiendo un extraño nudo en el pecho, su piel se estremeció ante la forma en que él la había llamado, aunque sabía que no lo hacía con una intención romántica, aún así, el título "mi Luna" le sonó demasiado íntimo y demasiado real al mismo tiempo.
Él también comprendió lo que imprudentemente acababa de decir y al igual que ella, evitó mirarla pero el resto de la mesa seguía riendo, completamente ignorantes de la incomodidad que estaban experimentando.
- Es bueno que así sea, porque mi hija no sabe mucho de cocina, al menos no te hará morir de hambre- comentó Sonya ajena a lo que ocurría en la mente de su hija, más risas se dejaron escuchar mientras Dastan intentaba recuperar el control fingiendo diversión.
- Hazel no tendrá que encargarse de eso, no hará ninguna labor doméstica.... para mí, la Luna es una compañera, no una sirvienta- indicó con un tono despreocupado.
Hazel sintió un sinnúmero de emociones ante esas palabras, por un lado, era halagador que él la considerara su igual, que la viera como algo más que la esposa del Alpha, como alguien con un papel importante dentro de la manada, pero por otro, la forma en que lo dijo, la naturalidad con la que se refería a ella como su compañera, le oprimió el pecho.
Ella no quería ser su compañera, no quería estar aquí y mucho menos quería compartir su vida con él, y, sin embargo, cada vez que Dastan hablaba, cada vez que la miraba, la realidad de su situación se volvía más y más imposible de ignorar.
Y fue imposible para la joven sentir ese ardor intenso en la garganta, una opresión en el pecho que amenazaba con convertirse en lágrimas, desgraciadamente no podía llorar, no ahí, no frente a todos, así que tomó su copa de agua y la bebió de un solo trago, como si eso pudiera ahogar la tormenta dentro de ella, pero fue algo que no pasó desapercibido para Dastan, la forma en que su garganta se movía mientras tragaba apresuradamente, el leve temblor en sus dedos al dejar la copa sobre la mesa y, lo peor de todo, fue ver cómo evitaba mirarlo, como si su sola presencia le hiciera daño.
El hombre apretó los labios y apartó la mirada, sintiendo una punzada de tristeza, no se engañaba, aunque hubiera querido hacerlo, Hazel no quería estar a su lado, fue algo que había sabido desde el principio, desafortunadamente enfrentarlo de una manera tan cruda y directa fue más duro de lo que esperaba.
El resto de la mesa, sin embargo, continuó disfrutando de la velada, comiendo, conversando y riendo con la calidez propia de un ambiente familiar, pero para ellos dos, la cena era solo un acto de resignación y una confirmación de lo inevitable, comían porque tenían que hacerlo para no levantar sospechas, desde luego que lo hacían en silencio, apenas comentando algo respecto a la unión, asintiendo con resignación o sonriendo con disimulo cuando la conversación lo requeria, pero por dentro no dejaban de sentirse rebasados por una carga que no lograban comprender.
Hasta que al finalizar el sencillo postre que constaba de un volcán de chocolate con helado de vainilla, Desmond se levantó con su copa de vino en la mano y su imponente presencia que atrajo de inmediato la atención de todos.
- Esta noche celebramos la unión de nuestro Alpha y su Luna- comenzó con voz solemne y orgullosa- estoy agradecido de que mi hijo haya encontrado a su pareja, y aún más de que sea Hazel, alguien que ha demostrado fuerza, iniciativa y determinación a lo largo de su vida, no tengo dudas de que ella es la persona que complementará a Dastan en el camino que les espera.
Las palabras del Alpha no pudieron ser más duras para Hazel, quien no dejaba de preguntarse como iba a complementar a Dastan cuando lo único que quería era huir de él?, a su lado, él también se mantuvo en silencio, con una expresión imperturbable mientras su padre hablaba, por supuesto que Desmond estaba demasiado complacido y enfocado en su discurso para ver más allá de las fingidas sonrisas.
- Les deseo felicidad y dicha en esta nueva etapa- finalizo el Alpha, levantando su copa.
Amira, con los ojos brillantes de emoción, también alzó su copa, seguida por el resto de los presentes, que al unisono elevaron un suave grito.
- Por Dastan y Hazel!
El tintineo del cristal llenó la estancia mientras todos brindaban, Hazel y Dastan apenas rozaron sus copas con las de los demás, ambos demasiado atrapados en su propio mundo de emociones reprimidas.
- Para sellar la unión de nuestras familias, sería apropiado un beso- Amira habló dejando sorprendido a Dastan y Hazel que prácticamente enmudecieron mientras la miraban fijamente.
Las palabras de la Luna hicieron que la tensión en la sala aumentara de inmediato, un beso, desde luego que era lo que todos los presentes esperaban, lo que se suponía que debía ocurrir entre una pareja destinada, pero ninguno de los dos quería hacerlo.
El silencio que se creó entre ellos fue casi sofocante, una pausa que lo decía todo sin necesidad de palabras, Dastan podía sentir la expectativa colgando en el aire, sus padres y los de Hazel aguardaban el momento en que sellaran su unión con un beso y para su mala suerte, si no quería levantar sospechas, tendría que hacerlo.
Así que respiró hondo y desvió la mirada hacia Hazel, quien estaba excesivamente rígida, con los labios entreabiertos como si quisiera protestar pero sin atreverse a hacerlo; sus ojos reflejaban una mezcla de miedo, confusión, pero su lenguaje corporal hablaba con claridad, no quería esto, no quería besarlo.
Con un autocontrol férreo se acercó a ella con movimientos pausados, dándole espacio para alejarse si lo deseaba, aunque Hazel no se movió, solo lo miró con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, no supo en que momento la mano del hombre se deslizó hasta su cintura, pero ella se tenso bajo su toque, Dastan tragó en seco, interpretándolo como rechazo, como asco y eso dolió más de lo que esperaba, pero bajo sus actuales circunstancias no podía eludirlo.
- Lo siento- le susurró en un hilo de voz, lo suficientemente bajo para que solo ella lo escuchara, y con una suavidad que contrastaba con la tensión en su pecho, posó sus labios sobre los de ella.
Hazel sintió que el mundo entero se detenía, no era un beso impersonal ni forzado, no era solo un acto simbólico para satisfacer a los demás, Dastan la besaba con una dulzura y reverencia que la dejó sin aliento; no había presión ni exigencia, solo el roce pausado y tembloroso de dos personas atrapadas en un destino que no eligieron.
Sin embargo, ella o pudo contener el calor inesperado que recorrió su cuerpo, su corazón martilleaba con fuerza, su piel se erizó en el acto y una emoción desconocida la invadió por completo; por qué se sentía así?, por qué aquel beso, que debía ser solo un trámite, la hacía estremecerse de una manera que nunca antes había sentido?, y por qué, a pesar de lo que su conciencia parecía gritar, no quería que él se detuviera?, todo era demasiado y tan extraño que no dejaba de agobiarla.
Evidentemente, el contacto fue más breve de lo que él hubiera deseado pero incluso así, Dastan sintió cómo el cuerpo de Hazel se tensaba aún más, haciéndolo pensar que ese simple gesto fue una completa tortura para ella.
Que terminó de confirmar cuando Hazel no correspondió al beso, no reaccionó en absoluto, solo permaneció inmóvil, como si estuviera soportándolo en lugar de sentirlo, y aquello provocó que Dastan se obligara a separarse de inmediato, sintiendo un inmenso dolor que trató de ignorar.
Los murmullos de aprobación de los presentes llenaron el silencio incómodo, pero él no les prestó atención, todo lo que podía pensar era que Hazel acababa de confirmar lo que ya sabía, que para ella, estar con él era una condena.
Afortunadamente después de aquel incómodo momento, su padre invitó a los presentes a continuar la velada en el salón de reuniones, un lugar dispuesto para convivir en un ambiente más íntimo y menos ceremonioso, con un poco de alcohol y charlas más casuales con la intención de conocer a su familia política en condiciones más personales.
Y si bien es cierto que ese sitio era mucho más grande, Dastan no dejaba de sentir que le faltaba el aire, las risas y las voces dentro del salón se volvieron un ruido molesto, como un zumbido constante que le taladraba los oídos y aprovechando que sus padres y los de Hazel parecían más que felices e indiferentes a ellos, se puso de pie con calma fingida, ignorando las miradas fugaces de sus padres, caminó hacia el enorme ventanal y salió sin decir una palabra.
Apenas llegó al amplio balcón exhaló con fuerza y apoyó las manos en la baranda, clavando la vista en la noche oscura, todo esto era una farsa que tendría que sostener el resto de su vida, Hazel nunca lo amaría, ni siquiera parecía querer intentarlo, solo serían dos extraños atrapados en un lazo que debería haber significado todo, pero que no era más que una maldición.
Dastan levantó la cabeza y miró la Luna con resentimiento, quería entender por qué lo condenaban a esto o al menos saber por qué su propio destino le escupía en la cara, no podía decir que era un monstruo como las leyendas que sabia circulaban sobre él, tampoco era un santo pero esto simplemente era un castigo que no merecía.
Estaba tan inmerso en sus pensamientos que apenas escuchó pasos detrás de él, se tensó de inmediato creyendo que alguien más había sido testigo de su huida y se giró para fingir de nueva cuenta su impasible sonrisa, pero a quien descubrió fue a Hazel.
La joven se quedó quieta al verlo sin saber que hacer y con la misma incomodidad reflejada en su rostro, no tenía que decirlo en voz alta, su mirada lo hacía evidente, no quería verlo y no quería estar en su compañía.
El silencio se convirtió en lo único que parecía podían compartir mientras se miraban con tensión, Dastan apretó la mandíbula, por más que quisiera engañarse no había tensión romántica, esto era totalmente diferente, no había posibilidad de entendimiento, solo dos personas que no se deseaban, y que no podían compartir siquiera el mismo espacio.
Fue Hazel quien primero apartó la vista, caminando hacía el barandal mientras él suspiraba con resignación, pasando una mano por su cabello mientras intentaba aflojar la tensión que se acumulaba en su pecho, apenas y la miró de reojo solo para comprobar que seguía de pie a su lado, rígida, con la vista perdida en la oscuridad del cielo.
El hombre intentó hablar un par de veces, desgraciadamente Hazel lo evadía a toda costa con intención, así que harto de este espectáculo que, probablemente, vivirían el resto de su vida se volteó hacia ella con el ceño bastante fruncido.
- Aún puedes continuar con el rechazo, no tenemos que torturarnos de esta manera el resto de nuestras vida.
- Si eso evitará los castigos...- murmuró con sarcasmo.
Dastan apretó los puños, sabía que lo que estaba a punto de decir podía traerle consecuencias fisicas y mentales, pero no le importó, cualquier cosa era preferible a vivir amargándose el uno al otro.
- Yo anunciare mi rechazo- declaró con firmeza- y no te preocupes por Kael, solo lo destituiré como mi Beta, así no tendré que verlos nunca más.... no tendrás de que preocuparte!
Hazel sintió un leve estremecimiento, tenía una posibilidad, una muy real que no podía negar, sería libre del lazo que la unía a Dastan, sin embrago, solo lo miro fijamente, sin poder expresar una sola palabra y no entendía por qué, al final había conseguido lo que tanto deseaba pero no podía sentirse feliz o tranquila, y eso la preocupaba.