Los siguientes días transcurrieron en aparente calma, Hazel recibía visitas de sus padres y de todos sus allegados, aunque eso representaba para ella un suplicio al tener que fingir que todo estaba bien, sin importar que su aspecto poco mejorase y su temperatura fuese la misma.
Pero conforme los dias pasaron, los visitantes comenzaron a dudar si solo se trataba de un mero cansancio, llevaba más de una semana con las mismas condiciones y su mejoría era mínima y aún así se esmeró en asegurar que no era nada de que preocuparse, incluso llegó a mostrarse molesta e indignada ante los constantes cuestionamientos, y al menos eso funcionaba brevemente, por supuesto.
Hasta que finalmente el día en que Zenda tuvo que darla de alta llegó, y no era gracias a su mejoría, en realidad la sanadora era muy consciente que el tiempo que Hazel tenía sin respuesta de Anka, era mayor al prudente en estos casos, pero ya había agotado todos sus recursos y no podía hacer más por ella.
Y su regreso a casa no fue para nada triunfal a casa, más bien estuvo plagado de miradas cautelosas y preguntas silenciodas, mientras todos notaban su evidente deterioro físico.
Su madre, Sonya, la recibió con agrado y aunque su expresión era serena, había un cierto recelo en su mirada que la joven conocía muy bien, sabía que eventualmente tendrían que hablar sobre su condición y, aunque no era de mentirle a sus padres, en este momento nadie, absolutamente nadie, debía conocer la razón detrás de su estado, y que todo quedara en sospechas, porque si sus padres iban más allá, terminarían por descubrirla antes de poder encontrar una solución que no pusiera en riesgo su permanencia en la manada.
Y efectivamente, apenas había cruzado la puerta a su recámara, notó como Sonya la observaba con detenimiento como tratando de encontrar alguna señal que confirmara sus sospechas, sin embargo, solo hallo sonrisas nerviosas y falsas expresiones de alegría por lo que decidió ser directa.
- Hazel- dijo con calma, pero con un oculto dejo inquisitivo- necesito que me digas la verdad.... qué ocurrió realmente para que terminaras en el sanatorio?
Y a pesar de sus temores y nerviosismo, Hazel le sostuvo la mirada con firmeza y tranquilidad, obligándose a no mostrar flaqueza.
- Ya te lo dije- respondió fingiendo un ligero fastidio- fue solo cansancio por la transición del Alpha.....eso es todo!!, por qué todo mundo parece tan obsesionado con mi salud?!- cuestionó con ironía, como si fuese una tontería.
Sin embargo, su madre apenas y suspiró, caminando hacia ella, tomándola de las frías manos que la joven intentó absurdamente ocultar detrás de su espalda.
- No me mientas..... sé que no es solo eso, Zenda no parecía muy segura de darte el alta pero tampoco pudo retenerte más tiempo, sé que tu estado no es normal y prefiero saber qué estamos enfrentando antes de que la transición de Dastan ocurra.
- Por qué dices eso?- preguntó tratando de no sonar nerviosa.
- Porque con Dastan al frente de la manada, nada es seguro y no quiero que estés en desventaja si algo ocurre.
Hazel apretó las manos de su madre con un autoimpuesto agradecimiento pero mantuvo su expresión neutral
- No hay nada que enfrentar.... todo está en orden- aseguro pero Sonya la observó en silencio por un largo instante, como si tratara de encontrar la verdad oculta detrás de sus palabras, y de nuevo no hubo nada que la delatara por lo que dejó escapar un suspiro y negó con la cabeza.
- Sé que no estás bien- murmuró más para sí misma que para su hija- pero tampoco puedo obligarte a hablar- y aunque su madre parecía muy inquisitiva ella le sostuvo la mirada sin ceder terreno, mostrando su mejor sonrisa, hasta que Sonya pareció darse por vencida, aunque su expresión seguía mostrando preocupación, apenas y la tomó por la mejilla con suavidad comprobando la frialdad de su cuerpo- hija, pase lo que pase, tu padre y yo estamos aquí para apoyarte, no importa lo que suceda.... solo, no lo olvides.
Pero su estado físico ya no era lo único que le preocupaba, sino todo lo que podrían ocasionar sus recurrentes mentiras y por un segundo, deseó poder derrumbarse, contarle todo y dejar de cargar con ese peso, pero no podía, no sin entender lo que estaba ocurriendo, así que apenas asintió con una débil sonrisa.
- Lo sé- exclamó intentando sonar tranquila.
Sonya la observó por un momento más, como si esperara que se quebrara al hacerla consciente de su preocupación, sin embargo, al darse cuenta que su hija no diría nada más, suspiró y se apartó.
- Descansa, amor- dijo antes de salir de la recámara, cerrando la puerta con suavidad tras de sí.
Cuando la soledad la envolvió, Hazel dejó escapar un suspiro tembloroso y cerró los ojos por un momento, no le agradaba tener que mentir y menos a las personas que tanto la querian, desgraciadamente fie la única alternativa que Anka le dejó antes de hacer su berrinche y marcharse.
- Lo siento mami- susurró sus disculpas, aunque sabía que nunca podría decirlas en voz alta.
Esto ya era demasiado para soportarlo, no sabía cuánto tiempo más podría usar la misma barata excusa antes de que alguien comenzara a sospechar y la enfrentara a sus consecuencias, y sintiéndose inquieta por ese panorama, se acercó a la ventana apoyando las manos en el marco de madera.
Y más allá del cristal, la noche ya se extendía serena, con el bosque cubierto por un manto de sombras y el brillo plateado de la luna bañándolo todo, anunciando que pronto todo sería diferente, no solo para la manada sino también para ella, si Dastan conocía su condición, no dejaba de repetirlo con temor.
- Diosa Luna, no me dejes sola!!- exclamó con las primeras lágrimas rodando por sus frías mejillas, y aunque sus palabras parecían apenas un leve murmullo, fue, en realidad, una súplica proveniente desde lo más profundo de su alma- ayuda a Anka a regresar.....no dejes que se aferre a algo que no puedo darle, no permitas que me deje…
Su pecho se contrajo ante esa última palabra, porque más allá de toda la confusión, del miedo y de la incertidumbre, la verdad era dolorosamente clara, tenía miedo de perderla para siempre.
En ese instante el viento sopló suavemente entre los árboles, removiendo las hojas y estrellandose contra su ventana como una extraña respuesta que no lograba entender, y entonces, lo vio, a lo lejos entre los troncos oscuros, una sombra grande y ágil corría en medio del bosque, y sin importar que sus movimientos eran fluidos, casi sigilosos, su gran tamaño lo delataba, y definitivamente aquello no era un lobo cualquiera.
Y ante esa imponente presencia, Hazel sintió una súbita descarga pero no fue miedo lo que experimento, fue algo más profundo, algo que erizó su piel y aceleró su respiración, su corazón latió con fuerza, desbocado, como si algo dentro de ella respondiera al movimiento de la sombra, dándole una breve sensación de calor que recorrió todo su cuerpo, mientras miraba fijamente el bosque con un anhelo inconsciente que no podía descifrar.
Pero su reacción fue más allá, justo en ese instante, un latido débil pero inconfundible vibró dentro de ella, era Anka; su presencia fue breve, como una leve confirmación de su existencia antes de desvanecerse de nuevo.
E instintivamente sus manos se aferraron al marco de la ventana luchando contra el impulso irracional de salir corriendo tras aquella presencia desconocida, no tenía sentido y, sin embargo, algo en su interior parecía llamarla hacia ella.
El viento volvió a soplar pero en esta ocasión con mayor fuerza, removiendo la copa de los árboles y desprendiendo una lluvia de hojas que cayeron sobre el sombrío césped, provocando que un extraño aroma se colara por entre el marco de la ventana, llenando sus pulmones de una deliciosa fragancia que no supo identificar, pero que despertó algo primitivo en su interior.
Hazel entreabrió los labios, sin darse cuenta de que estaba conteniendo la respiración, ese aroma era apenas un susurro en el aire, una esencia casi imperceptible, pero tan única y embriagadora que la envolvía por completo, no se parecía a nada que hubiera sentido antes, era cálido y salvaje, con un matiz profundo y misterioso que erizaba su piel desde el interior.
Sin pensarlo, inspiró más hondo, dejando que la fragancia se aferrara a sus sentidos mientras su corazón latia con fuerza y por un instante, se permitió sucumbir a esa sensación extraña y extasiante que la recorría sin piedad haciendola sentir excitada, y en ese preciso momento, la comprensión cayó sobre ella, no, una parte de su consciencia la hizo darse cuenta que no era correcto, por lo que se obligó a dar un paso atrás, alejándose de la ventana como si con esa simple acción pudiera disipar el efecto de esa esencia.
- Qué demonios estoy haciendo?- se cuestionó cerrando la cortina de golpe.
El miedo se abrió paso entre la fascinación pues no era capaz de entender por qué ese aroma la hacía reaccionar así o la razón del por qué su cuerpo respondía con una inquietud que nunca antes había sentido, y lo peor de todo, por qué justo en ese momento había sentido a Anka, aunque fuera por un segundo.
Hazel apenas y abrió ligeramente la cortina por un costado, lo suficiente para alcanzar a ver hacia los árboles, aunque lo hizo con cierta cautela, sin embargo, y afortunadamente para ella la sombra ya no estaba, y quiso sentirse tranquila con ello pero las preguntas sin respuestas no dejaban de atormentarla
Y de lo único que estaba segura es que nada de eso estaba bien, mordiéndose el labio, se obligó a sacudir la cabeza, no podía permitirse pensar en eso, no podía dejarse arrastrar por absurdas conjeturas, no podía y con total decisión se cruzó de brazos, apretando los puños para ocultar su frustración.
- Anka….. - murmuró con el ceño fruncido, clavando la mirada en la borrosa oscuridad que veia a través de sus cortinas- no intentes jugar conmigo..... no sé qué truco extraño estás intentando para chantajearme, pero ya tomé mi decisión.
El viento le volvió a responder con esa sutil fragancia pero ella no se dejó intimidar, tuvo que obligarse a permanecer impasible para que su cuerpo no intentara reaccionar.
- Espero que tu silencio se deba a otra razón, porque si estás haciendo esto a propósito.....- apretó los dientes con molestia- tendremos problemas......serios problemas!!!
La joven se quedó allí esperando que su loba reaccionara de alguna manera como solía hacerlo pero el vacío era lo único que seguía presente, Hazel soltó un suspiro pesado, llevándose una mano a la sien mientras sentía el peso de la fatiga caer sobre ella.
- No sé qué intentas con todo esto, Anka, pero ya basta- le reclamó con firmeza, casi como una madre reprendiendo a una hija caprichosa- sé que puedes escucharme, sé que sigues ahí, aunque te empeñes en ignorarme..... así que déjate de jueguitos tontos y regresa de una maldita vez!!!- le exigió como nunca antes- y de nuevo esperó en silencio, aferrándose a la esperanza de que su loba hiciera al menos un gesto, que volviera a dar indicio de que la escuchaba, sin embargo, al igual que antes, solo recibió el vacío.
Y otra vez, no tuvo más opción que apretar los labios con molestia, girandose bruscamente para alejarse de la ventana, si así es como ella quería jugar, le demostraria que no iba a sucumbir tan fácilmente, no sin pelear.
- Bien, haz lo que quieras..... pero no pienses que me quedaré aquí esperando a que te dignes a volver- Hazel caminó hasta la cama, dejandose caer pesadamente sobre el colchón, mañana todo volvería a la normalidad y eso era lo mejor que podía hacer, tenía que recuperar el control de su vida, tenía que distraerse, dejar de pensar en tantas tonterías que no tenían sentido, porque ante sus ojos no los tenían.
Con ese último pensamiento rondándole la mente cerró los ojos, obligándose a dormir, pero incluso en sus sueños, la sensación de esa sombra entre los árboles y el rastro de aquel aroma desconocido no la abandonaron.
De inmediato, el sueño la envolvió como un manto tibio y reconfortante, a pesar de que sentía que era arrastrada a un mundo donde la oscuridad de la noche era tal, que apenas y distinguia las sombras, no tenía miedo, en medio del sueño Hazel se vio a sí misma vestida de blanco, era un vestido ligero que se ceñía a su cuerpo perfectamente, la brisa nocturna acariciaba su piel desnuda y sus pies descalzos hacían crujir las hojas secas mientras caminaba aparentemente sin rumbo hacía aquel aroma embriagador e inconfundible.
No podía describirlo con precisión, pero la hacía sentirse inquieta y a la vez exaltada, como si todo su cuerpo reaccionara instintivamente a su presencia, guiándola sin esfuerzo hacia una figura borrosa que la esperaba en la distancia; y a cada paso que daba, su pecho se llenaba de una sensación desconocida que se debatía entre la felicidad, la paz y plenitud; esa era la parte extraña del sueño, pues jamás había sentido algo semejante, ni siquiera con Kael, pero aquel hombre, quienquiera que fuera, lo llenaba todo y hacía que su corazón latiera con fuerza.
Extrañamente sabía que lo conocía, aunque su mente no lograra recordar de dónde, y en un vano intento de saberlo aceleró el paso, extendiendo la mano para ver su rostro, pero en el instante en que estuvo a punto de alcanzarlo, él desapareció; la niebla lo envolvió como si nunca hubiera estado ahí, dejandola completamente sola y hundida en el silencio, pues todo a su alrededor desapareció, obligandola a gritar "Vuelve", una y otra vez.
Hazel se despertó sobresaltada, su respiración entrecortada, sintiendo como su piel se encontraba cubierta por una fina capa de sudor, en tanto su corazón latía contra su pecho con una intensidad alarmante.
- Qué fue eso?- cuestionó mirando a su alrededor solo para comprobar que se encontraba en su habitación y no en medio de la nada llamando a un perfecto desconocido con desesperación.
Llevó una mano temblorosa a sus labios aún sintiendo el eco de la emoción que la invadía en el sueño, había sido casi tan perfecto que no hubiera querido despertar, desgraciadamente esa felicidad pronto se convirtió en angustia, porque si su loba no estaba para provocar aquel sueño, entonces de dónde venía y más importante aún, quién era el hombre que la esperaba en la oscuridad.
E instintivamente se levantó de la cama en silencio y descalza, su cuerpo se movía por pura inercia guiado por una inquietud que no lograba sacudirse y así cruzó la habitación hasta la ventana, donde la tenue luz de la luna aún dominaba el bosque, Hazel se sentó en el cortejador abrazando sus rodillas mientras su mirada escudriñaba la oscuridad, disfrutando el panorama pero muy dentro de su mente sabía que ella buscaba algo más, o mejor dicho, a alguien.
No sabía qué esperaba encontrar, tal vez la sombra que había visto antes, tal vez el eco de aquel aroma, sin embargo, ni siquiera al abrir levemente la venta pudo encontrar un rastro de esa fragancia, afuera solo había silencio, que la impulso a soltar un pesado y desilusionado suspiro, los árboles se mecían con la brisa nocturna, sus hojas caían esparcidas por el suelo, todo parecía tranquilo y tan normal, como si el mundo entero estuviera negándole esa embriagante sensación.
El amanecer al fin se coló completamente en su habitación, obligandola a levantarse, no había dormido bien después de aquel sueño extraño y aunque trataba de convencerse de que no significaba nada, la sensación de pérdida aún pesaba en su pecho.
Seguía pareciendo una sombra de si misma, y aún así se dirigió al baño y dejó que el agua caliente la envolviera, intentando despejar su mente, hoy volvería a su rutina, finalmente dejaría de pensar en tonterías y su vida regresaría a la normalidad, pero mientras se vestía lo sintió de nuevo, ese aroma apenas perceptible se sentía por toda la habitación algo que por supuesto no debería estar ahí, Hazel se detuvo en seco, con la blusa a medio abotonar y su respiración atrapada en la garganta, con el corazón latiéndole con fuerza, aspiró con cautela, intentando ignorar el escalofrío que recorrió su espalda, sin embargo, era el mismo aroma del sueño, el mismo que la había envuelto anoche cuando vio aquella sombra en el bosque.
Pero eso no tenía sentido, no había manera de que aquello estuviera tan arraigado en su habitación, por lo que sacudió la cabeza y terminó de arreglarse apresuradamente, tratando de convencerse de que solo estaba imaginando cosas, seguramente era un síntoma más de la desconexión con Anka, eso debía ser.
Cuando bajó a la cocina, sus padres ya estaban ahí, Sonya la miró con atención mientras le servía una taza de té, no estaba segura de que su hija estuviera en condiciones de ir al trabajo pero convencerla de lo contrario era una batalla perdida antes de siquiera iniciarla, por lo que se limitó a averiguar cómo estaba.
- Dormiste bien?- preguntó con un tono que ocultaba una evidente preocupación.
- Sí, estoy mucho mejor- Hazel asintió con rapidez para evitar el innecesario espectáculo en el que intentaban convencerla de hacer algo inadecuado.
Iago, su padre, alzó una ceja pues el aspecto de su hija estaba todo menos bien.
- Te ves pálida- afirmó quitandose los lentes de lectura para poder verla más directamente.
- Solo necesito volver a mi rutina- insistió ella tomando un sorbo de su bebida, desgracidamente, el sabor le supo extraño, en realidad desde la partida de Anka todo le sabía extraño.
Pero eso quedó en segundo plano, cuando el aroma volvió a rozar sus sentidos, como si la llamara desde la distancia, y al parecer ninguno de sus padres reaccionaba, aparentemente, ellos no lo percibían.
- Huelen eso?- preguntó de repente sin poder evitarlo.
Sonya y su esposo intercambiaron una mirada antes de levantar sus narices e intentar captar un rastro de lo que sea que su hija estuviera olfateando pero solo pudieron negar con la cabeza.
- Olor a qué?- preguntó Iago entrecerrando los ojos.
Hazel dudó de responder, si decía la verdad, solo los preocuparía más y si mentía tal vez podría convencerse a sí misma de que todo esto era solo un efecto secundario de su estado, debía ser solo un síntoma; por lo que forzó una sonrisa antes de encogerse de hombros.
- La miel..... creo que mi olfato esta más desarrollado- bromeo tomando uno de los panes franceses que su madre ya había preparado para ella.
- Hazel.....- Sonya apoyo una mano sobre la de su hija- sabes que no tienes que fingir que estas bien si no lo estas, cierto?!, no queremos presionarte pero si hay algo más.....lo mejor es saberlo ahora!
- Estoy bien.....solo fue que extrañaba el aroma de la miel caliente sobre el delicioso pan, no has probado lo que Zenda amablemente ofrece en el sanatorio?!.....es horrible, descuida, no es nada más.
Sonya no parecía del todo convencida, pero no insistió, evidentemente su hija no estaba bien, sin embargo, debía ser ella quien eligiera el momento adecuado para contarles lo que sea que la estuviera agobiando.
Y aunque el resto del desayuno transcurrió con incómodas miradas y sonrisas fingidas afortunadamente para Hazel nadie más mencionó su estado, por lo que pudo irse a trabajar tranquilamente esperando que, al menos, en la casa del concilio pudiera descansar de las interminables preguntas a las que no estaba preparada para responder.
Desafortunadamente para ella, enfrentar a sus padres y engañarlos era la parte fácil de su mascarada, lo difícil aún estaba por venir y cuando se percató que Gorak ya la esperaba en la entrada de la casa y que además no parecía estar de un buen ánimo, comprendió que más que nunca debía esforzarse en mantener sus mentiras.
Hazel apenas había cruzado el umbral de la casa cuando la figura rígida y la intensidad en la mirada del anciano hicieron que su corazón latiera con fuerza, pero se obligó a mantener la compostura.
- Hazel- la voz de Gorak resonó con autoridad- me alegra verte de pie.
Ella sostuvo su mirada con fingida tranquilidad, pero en su interior la ansiedad se desató por completo pues si alguien era lo suficientemente perspicaz para descubrir sus mentiras, ese era Gorak, después de todo era el líder del concilio y conocia a la perfección cada pergamino que existía sobre cualquier tema que le incumbiera a la manada.
- Gracias- respondió intentando dirigirse a la sala de reuniones.
Y afortunadamente él no hizo el menor intento por detenerla, Gorak se limitó a observarla con detenimiento, dejando que su mirada se posara en cada pequeño detalle: la palidez de su piel, la ligera rigidez en sus movimientos, el frío casi imperceptible que parecía emanar de su cuerpo y justo antes de que llegara a su destino, el hombre se giró sobre sus pasos casi de manera teatral.
- Cómo te sientes?- preguntó, pero no era solo por cortesía, había algo en su tono que la puso aún más tensa, como si ya conociera la respuesta y solo estuviera esperando que ella se delatara.
- Mucho mejor, Zenda dice que solo necesito tiempo para recuperarme- Hazel tragó saliva pero permaneció de espaldas mientras repetia la misma mentira que había dicho a todos.
El anciano inclinó la cabeza, sus ojos oscuros seguían perforándola con un escrutinio implacable, esperando que la joven volteara a verlo.
- Eso es todo?- indagó caminando lentamente hacia la joven, quien podía escuchar los calculados pasos del hombre acercándose a ella.
Hazel sintió un escalofrío apoderarse de todo su cuerpo, la forma en que lo preguntó, con tanta calma pero con una expectación latente, la hizo dudar por un segundo y aún a pesar de que ya sentía el aliento de Gorak rozando su espalda no se permitió voltear, tal vez si eludía su mirada lo suficiente desistiría de su interrogatorio.
- Sí, solo fue un desgaste más fuerte de lo normal- respondió con rapidez, sintiendo su garganta seca e intentando dar un paso hacia el interior buscando refugio en el concilio, donde su salud no era un tema a discutir.
Gorak caminó lentamente hasta colocarse a su lado sabiendo que ella lo eludía conscientemente, pero de nuevo volvió a observarla fijamente como si quisiera arrancarle la verdad con solo observarla, aunque Hazel apenas lo miró de reojo, sonriendo como solía hacerlo, pero había algo en el semblante del anciano que le preocupaba, dejándole claro que no saldría de esta tan fácilmente como con los demás.
- Estás segura de que el cansancio es la única razón?- repitió su cuestionamiento con voz tranquila, pero su mirada decía lo contrario, era más bien un gesto analítico, penetrante e inquisitivo.
- Por supuesto- repuso rápidamente tragándose el nudo que se le formó en la garganta.
Desgraciadamente su voz traicionó un leve temblor, un temblor que Gorak esperaba y de inmediato su mirada se endureció, elevando una ceja esperando ver alguna otra reacción, sin embargo, la joven se mantuvo en la misma posición.
- Acompáñame a mi despacho- finalmente Gorak suspiró con cansancio, era consciente que lo que la joven tenía iba más allá de lo que quería admitir.
Hazel sintió que el aire se volvía más denso a su alrededor, era obvio que aquello no era una sugerencia, era una orden e inicialmente quiso protestar, inventar alguna excusa, pero sabía que solo levantaría más sospechas; con el pulso acelerado y la sensación de que su mentira estaba a punto de desplomarse, asintió con resignación mientras Gorak mantenia su mirada fija en ella.
Y eso fue suficiente para hacerle saber a Hazel que estaba en problemas, no deseaba dar un solo paso, pero en cuanto Gorak empezó a caminar supo que no había alternativa y lo siguió con resignación.
Afortunadamente para ella, el destino parecía estar de su lado pues no había dado más que un par de pasos cuando la gran puerta de la entrada se abrió de golpe, dejando que una corriente de aire fresco se deslizara por la estancia y enseguida un hombre cruzó el umbral con una seguridad inquebrantable, como si su sola presencia bastara para hacer que todos a su alrededor se giraran a mirarlo.
Pero no podía ser diferente, él era bastante alto, de complexión fuerte y elegante, con un porte regio que inmediatamente le otorgaba autoridad; su cabello de un castaño oscuro con destellos dorados bajo la luz que caía en ondas suaves hasta la base de su cuello, sus ojos de un azul glacial eran afilados y observaban con astucia, analizando cada detalle a su alrededor con precisión.
Aunque vestía de forma muy sobria, su elegancia era indiscutible, llevaba un traje n***o echo a mano, que a pesar de ser discreto se notaba que era algo que no cualquiera podría pagar, lo que delataba su importancia, en la solapa un broche con el emblema de la manada adornaba su pecho, confirmando su identidad antes de que siquiera tuviera que presentarse.
- Gorak- saludó con una voz profunda y perfectamente modulada, con un tono de respeto pero sin rastro de sumisión.
El anciano se giró con el ceño levemente fruncido, no parecía haber esperado su llegada, pero aparentemente tampoco tenía opción.
- Vanko- respondió con un tono serio pero carente de la dureza con la que le había hablado a Hazel- no esperaba verte tan pronto.
El joven inclinó la cabeza en un gesto formal pero sin ser complaciente, lo que le confirmo a Hazel que él estaba por encima de Gorak.
- El Alpha Dastan me envía con un mensaje importante y necesito discutirlo contigo en privado.
Y de inmediato, Hazel sintió que su cuerpo se aflojaba ligeramente, la atención de Gorak ya no estaba sobre ella y aunque no conocía al extraño, le agradecia pues no podía haber llegado en un mejor momento; por su parte, el anciano le dedicó una última mirada dejándole en claro que su conversación aún no había terminado, antes de asentir a la petición de Vanko.
- Podemos ir a tu despacho- indicó el visitante con un gesto de la mano.
Los dos hombres se encaminaron hacia la puerta lateral y en cuanto esta se cerró detrás de ellos, Hazel dejó escapar un largo y silencioso suspiro de alivio, sus hombros se relajaron por primera vez en varios minutos y aunque aún sentía la tensión ardiendo en su pecho, al menos por ahora, estaba libre del escrutinio de Gorak.
Pero mientras su mente trataba de calmarse, sus ojos se desviaron instintivamente hacia la puerta cerrada del despacho, y de inmediato pensó en Vanko, algo en él había captado su atención de una forma extraña, casi imperceptible, pero lo suficientemente persistente como para que no pudiera ignorarlo.
Sin embargo, no era solo por su imponente presencia o la elegancia de su porte, había algo más, algo que, por más que intentaba reprimirlo, no dejaba de hacer eco en su interior.
La duda de Hazel duró apenas un instante antes de que se percatara qué era lo que había captado su atención, ese aroma que últimamente se había vuelto tan familiar acarició sus sentidos con la misma intensidad que la noche anterior; su cuerpo se tensó de inmediato, no, definitivamente no podía ser, pero ahí estaba flotando en el aire, mezclándose sutilmente con la esencia de Vanko mientras él desaparecía tras la puerta del despacho.
No era tan fuerte como la primera vez que lo percibió, no era la esencia pura y arrolladora que la había envuelto en su habitación, pero seguía ahí adherida a él de alguna manera, Hazel sintió que el pulso se le aceleraba, no era posible, y aún así observó la puerta cerrada con el ceño fruncido, sus pensamientos arremolinándose como una tormenta en su cabeza.
No conocía a Vanko, nunca lo había visto antes y no tenía razones para que él estuviera vinculado a ese aroma que la perseguía, y, sin embargo él lo portaba, el aroma no era suyo, no era parte de su esencia, de eso estaba segura, pues no tenía esa cualidad natural que los lobos dejaban tras su paso.
Más bien era adquirido, él había tocado algo o a alguien con quien había estado lo suficiente como para impregnarse, si Vanko portaba ese aroma, significaba que en algún momento había estado cerca de su origen, pero qué era aquello o de quién se trataba?, su mente intentó buscar una explicación lógica, pero solo encontró una verdad incómoda.
Lo que fuera que estaba llamándola en medio de la noche, lo que había despertado a Anka, lo que la hacía estremecer sin razón aparente, no estaba tan lejos como creía.