Pocos se quedaron ahí observando el panorama, pero ninguno parecía sorprendido por lo sucedido a excepción de Hazel que no sabía si considerar el castigo de Dastan como bueno o malo aunque si muy merecido.
- Espero haberle servido, mi señor!- Bavol inclinó la cabeza con mucha devoción mientras apretaba el frasco contra su pecho.
- Siempre Bavol, siempre- respondió Dastan con una genuina sonrisa de aprecio, dándole una pequeña palmada en el hombro y era un poco extraño, pues nadie parecía estar interesado en tocarlo, incluso podía decirse, les generaba repulsión.
- Mi señor- exclamó el anciano con una reverencia, antes de darse vuelta y retomar el camino por el que llegó.
Pero justo antes de perderse en medio del bosque, Bavol se detuvo abruptamente frente a Kael, observándolo con un escrutinio inquietante, sus ojos blanquecinos y astutos parecían estudiarlo y atravesarlo, como si estuviera viendo algo que nadie más podía percibir, el Beta frunció el ceño, incómodo bajo aquella mirada tan penetrante, sin embargo, no apartó la vista, hasta que el anciano sonrió de forma enigmática y habló con voz rasposa, casi como un susurro anunciando el presagio.
- El río corre buscando el mar, pero hay aguas que nunca encuentran su cauce, las lunas iluminan el sendero de los suyos, pero algunas jamás devolverán la luz a quienes las ansían y la sangre que se derrama por ellas.... no sanará el vacío de lo que realmente se anhela- Kael parpadeó confuso, las palabras del hombre no parecian tener el menor significado o siquiera parecer algo congruente.
- Qué demonios significa eso?-preguntó, mirándolo con desconfianza.
- Miraras las estrellas en el cielo, fulgurantes y hermosas....pero ellas no están destinadas a quedarse- su voz descendió a un murmullo, casi inexistente- algunas solo anuncian el invierno mientras brillan en otro cielo!- Bavol solo soltó una risita grave, dándose media vuelta con su túnica negra ondeando a su alrededor- el destino ya esta marcado....el camino que se abandona nunca regresa a nosotros.... recuérdalo, caerás por oro y moriras por plata!- exclamó mientras se internaba en el bosque.
Dastan entrecerró los ojos, tratando de encontrarle sentido a las palabras del anciano, pero tampoco logró descifrarlas, al igual que los soldados que intercambiaron confundidas miradas, sin embargo, Kael sintió un extraño vacío en su corazón que le dejo una sensación de soledad y amargura.
- Viejo loco...- exclamó intentando quitarle peso a lo dicho por el mistagogo frente a sus compañeros, que lo miraban de una manera ligeramente inquisitiva, pero la incomodidad no lo abandonó.
- Caerás por oro y moriras por plata- Bavol siguió su camino entre los árboles, perdiéndose en las sombras mientras su risa ronca se desvanecía en el viento y sus palabras se escuchaban como un eco.
Dastan miró a Kael directamente y con el ceño fruncido, lo que aumentó su incomodidad, era intimidante darse cuenta que todos a su alrededor lo miraban con sospecha como si Bavol hubiese revelado la más absoluta verdad, el Beta solo pudo medio sonreír y subirse a la otra camioneta mientras los guardias se retiraba comentando lo sucedido y parecía que lo dicho por el anciano era lo más relevante de la reunión.
Mientras el Alpha observó el camino por dónde Bavol se perdió y luego la atropellada huida de Kael, no era de prestar oido a las profecias pero el mistagogo tenía un don que casi nadie conocía, era un clarividente y bastante acertado, lo que significaba debía estar muy al pendiente de su Beta y de cada uno de sus movimientos, y con ese pensamiento en mente, regresó sobre sus pasos para volver a la casa, subiendo la escalinata con lentitud y sumido en sus pensamientos hasta que se detuvo en el último escalón, su mirada oculta tras los lentes oscuros, pero con una sonrisa discreta en el rostro, su olfato no le fallaba, el aroma de Hazel ya no era tan fuerte así que la pequeña espia que estuvo observando lo ocurrido en todo momento, aparentemente estaba huyendo.
No le sorprendía, aunque sí le divertía un poco que intentara no ser descubierta, si hubiera querido estar presente, él no habría tenido ningún inconveniente pero parecía que Hazel aún no entendía su posición en la manada, y no estaba lejos de la verdad, en cuanto la joven vió que todos se dispersaron, se apresuró, aunque en realidad fue más que eso, prácticamente corrió, sus pies apenas tocaban el suelo mientras avanzaba por el pasillo lateral y su cabello rebotando con cada zancada, con una única meta: llegar al comedor antes que él.
Al cruzar la puerta, se dejó caer en la silla y tomó la primera taza que encontró, levantándola con ambas manos para disimular y lo hizo justo a tiempo, pues Dastan entró segundos después, su expresión parecía muy serena mientras se desabrochaba el primer botón de la camisa negra, sin embargo, por dentro le divertía la actitud de su compañera.
El hombre observó, discretamente, divertido la escena de la joven, pero lo que más llamó su atención fue el contenido de la taza, obligandolo a detenerse, mientras arqueaba una ceja con curiosidad, pues sin duda la farsa de Hazel hubiera funcionado mejor de no haber fingido beber de una taza completamente vacía.
Y ella solo se dió cuenta hasta que ningún líquido tocó sus labios y aún así se forzó a seguir con la actuación, inclinando ligeramente la cabeza para que su cabello ocultara su rostro, desgraciadamente tampoco le ayudaba mucho el que su respiración estuviera tan acelerada además de los sutiles jadeos que intentaba disimular, lo que Dastan notó, por supuesto, pero no dijo nada, en su lugar se acercó con calma y tomó asiento al lado de ella, con su usual porte despreocupado mientras volvía su atención a sus alimentos.
Hazel lo miró en repetidas ocasiones esperando que comentara algo, pero él apenas y se limitaba a comer y corresponder las miradas con aparente indiferencia, hasta que llegó un punto en el que fue incapaz de soportar la tensión, así que con algo de ansiedad oculta dejó la taza sobre la mesa.
- Todo está bien?- cuestionó aparentemente enfocada en su plato.
Dastan la miró por unos segundos, debatiéndose entre revelarle que ya lo sabía de su presencia en el jardín y lo inútil de tantos rodeos o seguir fingiendo, pero finalmente, optó por lo segundo.
- Sí- respondió con tranquilidad, recargándose en el respaldo de la silla- solo terminé de arreglar unos problemas.
La joven asintió lentamente, pero su agarre en la taza vacía se tensó, pensó que él hablaria más, dispuesto a echarle en cara lo que tuvo que hacer por culpa de su insensatez, sin embargo, Dastan parecía incapaz de hacerlo, aunque si sonrió para sí mismo pensando en lo interesante que iba a ser su conversación.
Hazel tamborileó los dedos contra la mesa, mirándolo de reojo, mientras él seguía desayunando con total tranquilidad, como si nada hubiera pasado, pero su curiosidad era más grande y no podía evitarlo, la incertidumbre la estaba matando.
- Saliste por algo importante?- preguntó, fingiendo desinterés mientras jugaba con la servilleta entre sus manos.
- Siempre salgo por algo importante- Dastan respondió sin siquiera levantar la vista de su plato.
- Era algo urgente?
- Depende de lo que consideres urgente- Hazel frunció el ceño, aparentemente el hombre estaba jugando una especie absurdo de juego y ella era una simple pieza.
- Bueno....algo relacionado con la manada?
- Todo lo que hago es por la manada- la joven Luna se mordió la lengua, tratando de contener su frustración, estaba a punto de gritarle y exigirle que le dijera todo lo que sucedió, pero ya solo se trataba de una necedad pues no era algo que desconociera.
- Pero.... era un asunto que ya tenías planeado o surgió de repente?- Dastan tomó un sorbo de su café antes de contestar con calma y una sonrisa un tanto despreocupada.
- Ambas cosas- Hazel sintió un tic en la ceja ante una respuesta tan simplista, deseando hundirle la cabeza en el plato de comida o gritarle que, como su Luna, tenía todo el derecho de saber lo que sucedió, desgraciadamente eso también le recordó las obligaciones que no había cumplido, por lo que dicho camino no era una opción.
- Te reuniste con alguien?- y optó por seguir el inútil interrogatorio.
- Con varias personas.
- Personas importantes?
- Para algunos, lo son.
- Personas que yo conozca?- la mujer entrecerró los ojos esperando que eso lo animara a hablar.
Dastan se detuvo un momento, limpiándose la comisura de los labios con la servilleta, antes de responder con absoluta indiferencia.
- Tal vez.
Hazel se tensó, aparentemente él estaba disfrutando esto, ya no tenía la menor duda, pero si quería obtener información, debía mantener la calma así que respiró hondo y trató de controlarse, pero no pudo evitar lanzar otra pregunta.
- Pero todo está bien ahora?- Dastan dejó la servilleta sobre la mesa y se puso de pie, dejandola aún más frustrada pues esto no había acabado para ella, sin embargo, al parecer él si tenía otros planes.
- Sí, ya todo está resuelto.
- Seguro?....no hay nada más de qué preocuparse?
- Absolutamente nada de lo cual tú debas preocuparte- Hazel abrió la boca, pero antes de que pudiera decir algo más, Dastan simplemente se giró hacia la puerta.
- Me retiro.....que tengas un buen día.
Y con eso, salió de la habitación, dando por terminada la absurda conversación y ni siquiera se dignó a verla, Hazel se quedó congelada en su asiento, mirando, confundida e indignada, en todas direcciones, sintiendo que acababa de perder un duelo saber que estaba participando en uno.
- Maldición!- exclamó manoteando la mesa, pero si él no estaba dispuesto a decirle nada más, encontraría las respuestas por su cuenta.
Y ya sabía por dónde empezar, así que se limpio los labios, saliendo directo a la sala, sin importar lo que Raisa hubiera dicho, Dastan pidió que los empleados fueran llevados al calabozo, por consecuencia debía existir y por tanto era su deber buscarlo y encontrarlo, y si las películas tenían razón, seguramente encontraria un mecanismo o una puerta oculta que la llevara a un pasadizo y después al escondido lugar.
Con la determinación encendida en su pecho, emprendió la búsqueda del pasadizo secreto revisando los libreros, golpeando los muros en busca de algún sonido hueco, hurgando en la chimenea y tanteando el suelo en busca de tablones sueltos, incluso se metió en los guardarropas, empujando las paredes como si fuera la protagonista de una película de misterio.
Pero sin importar que intentara en más de una ocasión, todo acto resulto infructuoso, Hazel bufó frustrada, soltando una pequeña patada contra el suelo, se pasó una mano por el cabello mirando con detenimiento a su alrededor por si algún rincón se le hubiese escapado en su revisión.
- Dónde demonios estará la entrada?- murmuró Hazel en voz baja mientras pasaba los dedos por los bordes de un mueble, buscando algún mecanismo oculto.
- Esa es una excelente pregunta.....lástima que no exista una respuesta- respondió una voz grave detrás de ella.
Hazel se congeló, el sonido de unos pasos firmes y pesados resonó en la sala, acercándose lentamente, su corazón casi salió del pecho cuando reconoció la voz de Dastan.
Por instinto, giró sobre sus talones y corrió hasta el sillón más cercano, lanzándose sobre él, en un intento torpe de fingir que había estado ahí todo el tiempo, apenas y tomó el primer libro que encontró y lo abrió al azar, como si estuviera sumergida en la lectura, mientras Dastan la observaba con cierta burla, riéndose con diversión, pues había estado observando su excursión por más tiempo del que ella hubiese deseado y si la dejó continuar, fue simplemente para saber hasta donde llevaba su necedad.
El hombre no tardó en aparecer totalmente en su campo de visión, justo cuando Hazel fingía una expresión relajada, él la observó de reojo mientras atravesaba la sala con su caminar imponente, llevaba sus manos en los bolsillos y sus labios mostraban un atisbo de diversión contenida, que la hizo fruncir la boca con desanimo por la latente posibilidad de verse descubierta.
Pero justo antes de salir por la puerta principal, Dastan se detuvo un segundo y, sin girarse, hizo una última declaración bastante directa pero con un tono peculiarmente divertido y relajado.
- El secreto que estás buscando no existe, lamento decepcionarte.
Hazel sintió cómo la sangre le subía al rostro, no solo sabía lo que estaba haciendo sino que además, el muy desgraciado, la dejó continuar, apenas y fue capaz de apretar los labios, mordiéndose el inferior en un gesto involuntario, conteniendo el bufido de frustración que amenazaba con salir en un grito mientras cerraba los ojos con frustración.
Y fue peor cuando el sonido de una risa baja y ronca llegó a sus oídos antes de que la puerta se cerrara tras Dastan, Hazel abrió los ojos de golpe, sintiendo cómo la vergüenza la quemaba por dentro.
- Eres un....un.... un......maldito!- gritó molesta.
Sabía que ella había estado hurgando, sabía lo que estaba buscando y, para colmo, lo encontraba divertido, molesta tomó el libro entre sus manos y lo cerró con un golpe seco, pero esto no había terminado, ya que se había burlado, al menos debía resarcir el daño, y de inmediato salió disparada tras él, con sus pasos resonando contra el suelo con desesperación.
- Dastan, espera!- gritó, alcanzándolo justo antes de que se subiera a su vehículo aparcado en la entrada de la casa.
Él se detuvo, pero no se giró de inmediato, solo inclinó la cabeza ligeramente, dándole a entender que la escuchaba, Hazel tragó saliva y camino hasta pararse frente a él, con el pecho subiendo y bajando por la carrera, pero también por el nerviosismo de enfrentarlo directamente.
- Si no existe ningún calabozo.... entonces dime, dónde están los detenidos?
Dastan entrecerró los ojos, obviamente existía un calabozo pero no estaba oculto, ni tenía extrañas criaturas viviendo ahí mientras eran torturadas y aún así no era un lugar en el que ella debiera estar.
- No necesitas saberlo.
- Sí, sí lo necesito..... a menos que me estes engañando- insistió Hazel con una mezcla de suspicacia y determinación- tienes que entender que todo fue mi responsabilidad..... nadie debe pagar por mis errores.
El hombre soltó una leve exhalación, como si estuviera cansado de escuchar lo mismo, no importaban sus argumentos, se cometió una grave falta que puso en evidencia la incapacidad de varias personas y debía resolverlo, sin embargo, debía admitir que la insistencia de Hazel también era en parte su culpa, por no aclararle la situación completamente, como debía.
- Hazel....
- No, escúchame!- lo interrumpió dando un paso hacia él- ya aprendí la lección, de acuerdo?, jamás volveré a hacer algo semejante.... si deseo salir te avisare a ti, a Yara y a toda la manada de ser necesario....solo, por favor, perdónalos.
- No puedo hacer eso- dijo con voz firme tratando de que ella comprendiera la grave situación que iba más allá de su huida- no solo se trata de ti, no puedo mostrar piedad cada vez que alguien lo pide, además, ellos cometieron un gravísimo error que pone en riesgo a la manada.....y cuyas consecuencias podrían lograr que todo el sistema colapse, hay muchas vidas que dependen de mi liderazgo y de saber solucionar los conflictos a tiempo.
Hazel finalmente comprendió que quizás tenía razón, pero aún así no podía darse por vencida, no cuando la culpa no dejaba de atormentarla.
- Entonces..... castigalos de otra manera, haz lo que tengas que hacer, pero no con tanta crueldad- su voz se volvió un poco baja al final, pero lo más sorprendente para él fue darse cuenta que Hazel ya estaba imaginando una serie de brutales castigos que, justo en este momento, tenía lugar- por favor.....no me castigues más a mí.
El silencio se alargó entre ambos, Dastan la observó fijamente a través de sus lentes oscuros, sin decir nada debatiendose entre su deseo de complacerla o de cumplir con su deber, no podía negar que cuando ella no actuaba a la defensiva parecía tan dulce que debía atarse mentalmente para no sucumbir a su deseo de besarla, sin embargo, Hazel seguía ahí mirándolo de una forma tan honesta que estuvo a punto de hacerlo, de olvidarse de todo y hundirse en sus labios hasta quedarse sin aliento.
- Dastan?!- lo llamó sintiendo el peso de su escrutinio que, sin querer, la agitó peligrosamente, sin embargo, necesitaba saber si al menos lo estaba considerando, lo que ya sería un gran avance.
- Está bien- respondió después de lo que pareció una eternidad, provocando en Hazel una intempestiva sonrisa- pero eso no significa que quedarán libres de castigo....- Dastan se interrumpió para quitarse los lentes y hacerle saber que esta vez iba muy en serio, por lo que la joven contuvo el aliento, esperando lo peor mientras si sonrisa volvía a desvanecerse- y serás tú quien lo imponga.
- Yo?- exclamó y sus ojos se abrieron con sorpresa.
- Sí- asintió lentamente- si realmente crees que merecen otra oportunidad, entonces decide tú su castigo.
Hazel sintió su estómago dando un vuelco, no le gustaba la idea de tener el destino de esas personas en sus manos, pero si era la única forma de salvarlas, aceptaría y con un leve asentimiento lo constato.
- De acuerdo- Dastan la miró una última vez antes de volverse a poner los lentes y subirse a su vehículo- Gracias...- remató Hazel sin pensarlo, con un tono más dulce de lo que esperaba, y aunque ya no lo veía directamente, notó la ligera curvatura en la comisura de sus labios.
- Hazel- la llamó bajando totalmente la ventanilla para hacerle una aclaración- no soy tan inhumano para dejar que las personas pasen más tiempo del necesario en el calabozo así que esta misma noche tendrás que tener ya listo su castigo- y sin más dió la orden para avanzar, dejándola sola y con la palabra en la boca.
- Uguhh- exclamó mirando el vehículo alejarse, tenía menos de 12 horas para pensar en un castigo, lo suficientemente fuerte, para que Dastan lo creyera adecuado pero no para volverse una tortura peor que estar encerrados en el calabozo- y ahora que hago?- se preguntó mirando hacia todos lados esperando encontrar a alguien que le diera una respuesta.
La joven Luna soltó un hondo suspiro, mientras comenzó a caminar sin ningún rumbo, cruzó la casa por un costado, los amplios jardines traseros en donde más temprano Dastan castigó a aquellos tipos, atravesó la arena de entrenamiento sin prestar atención a quienes se detuvieron para inclinarse ante ella con respeto, pasó en frente del sanatorio y de la escuela sin darse cuenta de su existencia y se internó en lo profundo del bosque esperando que alguna idea llegara a su mente.
Desgraciadamente, no tenía experiencia en ese tipo de cosas y ninguna de las pocas ideas que se le ocurrían parecían convincentes, al contrario, debía reconocer que eran sosas y ridículas; fue tanta su concentración que ni siquiera fue consciente que había llegado a la parte más profunda y oscura del bosque donde a simple vista no parecía existir rastro de vida alguno, pero de un momento a otro Hazel fue tumbada en el piso sin ningún aviso y de la forma más brutal posible.
Apenas sintió el golpe seco sobre el costado de su cuerpo cuando un lastimero grito escapo de sus labios, acompañado de un ardor demasiado fuerte proveniente de su brazo derecho, lo que llamó su atención, con los ojos entrecerrados, y nublados por las lágrimas descubrió que había sido herida.
Y no era una herida cualquiera, alguien o algo la había rasguñado con garras baste afiladas dañando su piel y provocando que la sangre brotara con rapidez, Hazel no entendía que había sucedido ni la razón del ataque, pero sus instintos de supervivencia le gritaron que debía salir de ahí y con el dolor acuestas intento colocarse una mano en la zona para contener el sangrado e intento levantarse.
Pero un fuerte manotazo en su pecho la detuvo, presionándola contra el césped impidiéndole realizar cualquier movimiento, aterrada levantó los ojos solo para descubrir a un lobo, que parecía algo salvaje, por su pelaje rojo desprolijo y la forma tan burda de su cuerpo, que le gruñía muy amenazante, mostrando sus colmillos mientras que de su hocico brotaba una ligera espuma.
Hazel abrió los ojos completamente aterrada por lo que esa criatura pudiera hacer, incluso quiso gritar, pedir ayuda pero la presencia de esa bestia presionándola con tanta fuerza, ahogo cualquier grito de auxilio, y aún así debía buscar la manera de salir de esto.
De un momento a otro el lobo bajo la cabeza, hundiendo su nariz contra el cuello de Hazel mientras ella solo cerraba los ojos esperando su inminente final, sin embargo, la bestia solo la olfateó antes de elevar un fuerte aullido al cielo y volver a gruñirle, pegando su hocico al rostro de su presa pero ahora fue tan amenazante que irremediablemente auguraba su muerte.
- Allysa, detente!!!- la voz fuerte y grave de un hombre se escuchó no muy lejos de ahí, sin embargo, la loba no se detuvo, siguió gruñéndole a Hazel, dejando que la espuma de su hocico cayera sobre su tembloroso pecho- Allysa, ya basta!!!- volvió a gritar el hombre pero la voz resonó aún más cerca y la joven de verdad esperaba que le hiciera caso, pero desgraciadamente no se detuvo.
Al contrario, las afiladas uñas comenzaron a crecer lentamente contra su pecho, provocándole un fuerte dolor, y aunque no parecía tener intención de clavárselas, era evidente que tarde o temprano lo haría, y eso basto para que el hombre corriera hasta ellas colocando una mano sobre el lomo de la loba intentando calmarla, desgraciadamente ella abrió el hocico con toda la intención de morder a Hazel, lo que lo obligó a dejar caer sobre su espalda unas gotas de ajenjo, causándole un grito desgarrador y un dolor tan fuerte que la tumbo de espaldas contra el césped.
Hazel se levantó de inmediato aún sosteniendo su brazo herido y con la sangre mezclándose con la tierra que quedó sobre su cuerpo, siendo testigo de cómo la loba se retorcía en el pasto mientras dolorosamente volvía a su forma humana, hasta que con un aullido desgarrador, una diminuta joven emergió de la bestia, en el acto el hombre rápidamente se aproximó a cubrirla cuando su cuerpo femenino se volvió un ovillo abrazado a si mismo.
- Ya tranquila.....tranquila....ya pasara!- exclamó el hombre acariciándole la cabeza, pero Allysa tenía los ojos puestos en Hazel.
- Q....q....qu....quien eres?!.....por qué hu....huel...hueles a él?!- cuestionó con un hilo de voz mientras las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos y su cuerpo seguía temblando por el abrupto cambio que vivió.
- Shhhh.....tranquila....tranquila.....vamos a casa!- sentenció el hombre mientras la ayudaba a ponerse de pie, de pronto una mujer anciana apareció en medio del bosque, y de inmediato corrió a auxiliar a Allysa para llevarsela de ahí, aunque ella no podía dejar de ver a Hazel con esos ojos grisáceos casi blancos y llenos de una extraña mezcla de rabia y dolor, comprendió que no tenía fuerza para continuar y simplemente se fue con la anciana.
El hombre rápidamente corrió a ver a Hazel preocupado por la herida que no dejaba de sangrar, pero ella instintivamente dió un paso atrás cuando él intentó tocarla.
- Descuide, no le haré daño!- dijo el hombre calmadamente.
Hazel centró toda su atención en él, era un hombre de unos 50 años probablemente, tenía el pelo cano en su totalidad y un rostro marcado por las arrugas y las cicatrices de ataque, sus ojos eran de un café oscuro y su piel tan blanca que parecía casi pálido, sin embargo, y a pesar de la obvia preocupación en su semblante, le brindó una cálida sonrisa.
- Permitame revisarla, es una herida importante!- reiteró el hombre y fue entonces que Hazel lloró de dolor y miedo, su cuerpo estaba tan tembloroso que apenas podía sostenerse de pie, pero hasta ese momento no se había permitido gritar- venga....venga conmigo.....estará bien.....es una herida de salvaje pero sanara, se lo aseguro- repuso tomándola de la cintura para llevarla aun sitio donde pudiera ser atendida.
Hazel no tenía intención de ir con él, no después del ataque, por lo que se resistió buscando la manera de correr de regreso hacia la casa principal donde los sanadores se encargarían de atenderla, sin embargo, el hombre bo le dió oportunidad, afianzó el agarré en su espalda para ayudarle a avanzar.
- No....no...no.....yo soy....soy....agh.....agh... de la manada Sangre de Luna!- balbuceó en medio de sus gritos de dolor esperando que eso sirviera para atemorizar a los extraños.
- Este es territorio del Alpha Dastan!- respondió el hombre calmadamente.
- Yo...agh....yo...agh.....- exclamó con desesperación mientras intentaba correr para escapar, pero la herida se lo impidió y solo pudo mirar a su alrededor comprobando lo dicho por el hombre.
- Tranquila, venga conmigo......en cuanto este a salvo le avisaré al Alpha!- y sin darle tiempo a más objeciones, sostuvo la herida contra su mano, obligando a Hazel a caminar.
La pobre mujer iba aterrada volteando a su alrededor, esperando la mínima posibilidad para escapar y estudiando el panorama para saber que camino tomar si es que lo conseguía, y fue entonces que descubrió que el bosque a su alrededor lucía bastante bien cuidado y hasta podía decir hermoso.
- Agh....agh....don...donde estamos?!- preguntó envuelta en el dolor que le quemaba la piel por el extraño rasguño que no parecía sanar.
- Estamos en territorio del Alpha Dastan....en una....una....- el hombre aparentemente dudó en darle más información- una residencia especial- concluyo con un pesado suspiro.
Hazel elevó la vista hacía una gran casa que se hizo presente detrás de los arboles, pero esta, a diferencia de aquellas donde actualmente habitaban, era muy antigua, lo que la dejó aún más confundida, pues era una majestuosa residencia de estilo colonial, con una imponente fachada de listones crema y molduras blancas que enmarcaban cada esquina, su techo a dos aguas albergaba tres buhardillas simétricas, cuyas ventanas con marcos blancos y contraventanas verdes parecían observar el camino como ojos atentos, una chimenea de ladrillo rojo emergía en un costado, testigo del paso del tiempo, mientras el pórtico principal, sostenido por elegantes columnas, daba paso a una puerta de madera robusta, flanqueada por ventanales de vidrio dividido en pequeños paneles, y sobre él, un balcón con baranda de hierro forjado ofrecía una perfecta vista al jardín frontal, donde arbustos y flores bordeaban los escalones de ladrillo.
A la izquierda, una extensión con grandes ventanales y una terraza con baranda decorativa sugería un invernadero o solárium, bañado por la luz del atardecer y más allá, el césped bien cuidado se extendía hasta los muros de piedra que delimitaban la propiedad, rodeada de árboles frondosos, sin duda era una casa que respiraba historia, elegancia y la promesa de secretos guardados entre sus muros.
- Qu.... qué..... qué lugar es este?!- preguntó al notar como un pequeño grupo de niños corría frenéticamente y entre risas, por el jardín frente a la entrada de la casa.
- La casa de los.....refugiados!- respondió el hombre con calma.
Hazel continuó su andar hacía por donde el hombre la llevó, ya no cuestionó ni peleó, de cualquier manera los que habitaban el lugar no parecían peligrosos, había niños, adolescentes, hombres y mujeres de muchas edades para considerar este sitio una trampa mortal.
Así que cruzó el umbral de la puerta principal donde descubrió la cómoda y cálida sala que la recibió mientras era sentada en uno de los mullidos sillones frente a la chimenea de ladrillo, Hazel se perdió observando el lugar, permitiendo que su acompañante le retirará la mano que sostenía la herida solo para comprobar que, si bien ya comenzaba a sanar, la sangre aún no dejaba de brotar, lo que no era normal para los lobos.
- Sión!!...Sión!!!- grito el hombre alarmado- mientras tomaba uno de los paños junto a la chimenea para hacer presión en la herida de Hazel, y de pronto un pequeño joven de unos 14 años, a lo mucho, llegó corriendo mirando al hombre con confusión- llama a Bavol, rápido!- indicó y acto seguido el jovencito salió disparado hacia la puerta del jardín.
- El anciano?!- cuestionó Hazel entre confundida y preocupada, después de lo que había visto esta mañana no sabía si era lo mejor para su bienestar.
- Descuide.....él la atenderá.
El hombre volvió a cambiar el paño mientras su ceño se iba frunciendo cada vez más, Hazel no parecía sanar tan rápido como debería y no sabía por qué, pero no era un buen augurio.