A la mañana siguiente, unas voces en la planta baja me despertaron. Me llevé una de mis manos a mis cabellos y los revolví mientras intentaba ubicarme. La cama a mi lado estaba vacía y hecha y el pijama que de seguro Abimael había usado, se encontraba bien doblado en el pie de la cama. Miré la mesita de luz, donde encontré un plato con comida completamente frío y un vaso de agua a su lado. Me senté en la cama, sacando mis pies descalzos, ya que me había descalzado, hacia uno de los costados. El piso estaba frío y no me agradó la sensación, aun así terminé de levantarme y fui a uno de los cajones de la cómoda y saqué un par de medias para poder ponérmelas y así calzarme completamente. -¿Ya estás despierto?- me preguntó una voz sacándome de mi pensamientos. Giré mi cabeza, encontrándome

