19. Bell, ¿bailamos? Y aquí estoy de vuelta en El Mondo, la cafetería de mis padres; refaccionada y modernizada, con un aire nuevo, el diseño es romántico, con ciertos toques italianos, que mantienen el estilo casero que tanto gusta a los asiduos clientes. En una mesa aparte, mis papás y yo, comemos espaguetis, alegremente me charlan de los planes que tienen para el futuro. Me da mucho gusto ver que sigue creciendo el negocio y hasta hablan de abrir una sucursal a diez cuadras de aquí. —Podrías encargarte de esa sucursal, querida —me dice mi papá. Él sabe que yo tengo otros planes. —No creo tener la capacidad para mantenerlo en pie, papá. Los negocios no son lo mío. Y él debería recordarlo. El chico que nos trae el postre es simpático y me sonríe. —Adriano, gracias por traernos el

