15. Te amo, tonta. Tengo que verla. Tengo que ver a Bell, a mi chica... Voy en moto. Acelero en la avenida. El viento me empuja hacia atrás en un intento por devolverme a la costa. Hoy no. Hoy necesito ver a mi chica. A Bell. Necesito oler su piel, su cabello. Saco el celular. Desde que volvimos a Los Ángeles nos escribimos a cada rato, hablamos y le pido que se masturbe para mí, y escuchar sus gemidos pero hoy no es suficiente y la llamo. —Quiero verte ahora mismo... —le digo con urgencia. —Estoy en casa —suena emocionada por escucharme, bastante, diría yo. —Estoy cerca. —Genial. Acelero, salgo de la autopista, entro en la avenida central, doblo a la derecha y sigo de frente, hasta llegar a su casa. Bell ha estado esperándome, fijándose por su ventana, como toda una Julieta

