8. Confíe en mi, señorita Luna. Cordero agita su rostro moreno y cambia de expresión. —Eso no va a impedir que me divierta contigo, zorra... —me mira con ganas de hacerme cosas, cosas sucias y muy malas—. Quiero cojerte bien rico... —me dice subiendo sus manos a mi entrepiernas, justo antes de llegar a mis partes intimas, se aparta de mi para contenerse las ganas—. Pero no tenemos tiempo... ¿Cómo que no tenemos tiempo? Algo pasa. —No te atrevas a hacer algo imprudente —me advierte y pasa a soltarme las manos usando el filo de su navaja. —Espera... Corderito, espera... me duelen las manos, dejamelas sueltas, por favor... ¿sí? —Como quieras mi reina —me dice burlándose de mí— ¿No quieres una silla de oro de paso? —y de inmediato me las une fuertemente con cinta de embalar, me tiene com

