31. Castigo placentero. Alissa. Siento mucha pena por Paula, y no puedo quedarme callada. —Eso ha sido una jugada sucia. Paula no tiene culpa —le digo a mi amo. —No es algo que pueda decidir una esclava —Gerald habla pausado, y hasta indiferente, es como si estuviera acostumbrado a hacer este tipo de cosas. Mi enojo es tal que no pienso en las consecuencias. —Desabróchame la camisa —me ordena, y yo me niego a hacerlo—. Alissa. Como no hago lo que ordena, pone toda su atención en mí. —Desnúdate —ordena esta vez. Eso quiere decir, un castigo extremo. No, no devuelta, estamos en pleno vuelvo a dios sabe dónde, y viene a castigarme. Respiro hondo y comienzo a sacarme la ropa, me quedo solo los tacos y la gargantilla que dice que soy su procesión. Ya desnuda, su asistente, Gerome me m

