5. Humedad, o las vueltas de la vida.
Cordero.
Una vez al mes permiten ver el sol. Si no es que estoy en la celda de castigo, como ahora.
Humedad.
Ira.
Dolor.
Arrinconado al fondo de esta celda mi cabeza me da vueltas. Tengo la frente empapada de sudor frío y la garganta seca. Mi cuerpo tiene espasmos involuntarios.
Unos le llaman claustrofobia, y yo, una necesidad tremenda por verla a todo costo.
Vamos, Cordero, estuviste en peores situaciones, puedes con esta mierda...
Cuando no estoy en esta celda que huele a orines rancios, marco en la pared de mi celda, los días en la pared, con un solo pensamiento en la cabeza.
Luna.
Luna.
Luna
Eres mía, solo mía.
Así paso los días pensando en ella, soñando que estoy con ella, pajeandome recordando sus tetas, su boca... Me la imagino en mis brazos, sometida, golpearla hasta matarla, y otras veces, imagino que es inocente, que ella no ha llamado al 911, y solo ha sido la mala suerte. Otras veces Imagino que viene a verme, que nos amamos con locura hasta la muerte.
Luego despierto y caigo en la realidad, y debo aceptar que Luna no solamente me ha puesto los cuernos con el Mandarinas, que era mi mejor hombre y amigo, al que tuve que matar. Luna ha llamado al 911, y ha dejado expuestas todo lo que me comprometía no solo a mí, sino a todo mi equipo con el asato a la panadería, y como era de esperar, la policía, al encontrar las pruebas, desmantelaron mi negocio, y encerraron a toda mi gente.
Smith, me sacó de la cárcel aquella vez, mi libertad me ha costado un par de trabajos sucios para él, hasta que la encontré.
Mi Luna, había cruzado la frontera, huyendo de mí, no me costó nada dar con ella, con sus rasgos y sus imprudencias, no es fácil de pasar por alto, así que un buen día, llegué a la casa de una mujer, que me aseguraba que su hija era amiga de la "fina". La suerte me acompañaba, hasta que me di cuenta que Luna jamás llegaría a esa casa. Mi intenciones eran hacer las paces con ella con la promesa de que si volvía conmigo, iba a llevarla a conocer a su padre, pero resulta que en ese mismo instante Luna se dirigía a Los Ángeles. Eso me olía mal, porque hasta ese momento, yo era el único ser que sabía que su verdadero padre era uno de esos millonetas, al que le llueve la plata, y que vivía, precisamente en esa ciudad. Si Luna iba a verse con él, me arruinaría los planes. Tuve que matar a esas mujeres para que no dieran parte a la policía, porque lo que menos necesitaba era que anden detrás de mí.
Antes de tenerla de vuelta, una mano negra hizo que la policía vuelva a encerrarme, y esta vez ni Smith ni nadie ha venido a sacarme de esta cárcel.
He perdido la cantidad de llamadas que le hice a Smith para que me diera una mano, todo ha sido en vano.
Ahora, los barrotes suenan. Me sacan del letargo.
Es el guardia. El gordo que se cree el rey de esta mierda. Que venga a verme a esta hora solo tiene una explicación.
—Che, Cordero. Tienes visita —suelta golpeando su garrote en las rejas, el mismo garrote con el que ha golpeado hasta matar a un recién llegado, que se negó a entregarle el culo.
Miro sus calzados bien lustrados, atengo a cada movimiento que haga.
—Qué raro. Nadie ha venido a verme en todo el tiempo que llevo pudriéndome en esta celda —ironizo—. Debe ser mi cumpleaños.
Me pregunto quién se atreve a venir ahora.
—¿Le digo que se vaya?
Me incorporo al ver que es verdad lo de la visita.
—Quiero saber quién es.
—Tu mamá.
—Ya quisieras —le suelto entre dientes. Sin haberme escuchado, abre la celda.
Un tipo de aspecto oscuro entra.
Es ese maldito gringo. Es Smith, con esa facha que tiene de andar siempre de traje oscuro.
—Cordero, Cordero, Cordero... —me dice, mostrándome sus manos enguantadas—. Estos guardias de re mil putas, no te tratan como yo pedí que lo hicieran. Pagué para que te dieran una serie de comodidades, ya sabes, televisión, celular, mujeres... y ahora veo que me han estafado.
—Seguramente eso te lo has soñado. El único menú Vip que me han dado es de pan y agua, sin mencionar las largas sesiones de masajes intensos con garrote, en la espalda. Hasta comencé a creer que te olvidaste de mí, gringuito, sino por qué sigo aquí, ¿no?
—Yo vengo a eso, Cordero. He venido a liberarte. Es más. Tengo un trabajo para ti. Si eres competente, tienes la libertad asegurada.
—¿Y si me niego?
—Pasarás el resto de lo que te queda de vida en estas celdas, y yo no te veo encerrado, eres de los que les gusta la libertad. ¿Aceptas el trabajo?
—Acepto.
—Es lo que esperaba escuchar —y enseguida. Smith saca una foto de su bolsillo y me la enseña.
—La mujer de la foto es tu blanco. Debes traerla viva y sobre todo intacta. Nuestro cliente la quiere no en buenas, sino en excelentes condiciones. ¿Te quedó claro? Es importante que no sufra un solo rasguño de tu parte. ¿Estamos?
Vaya, vaya, vaya... las vueltas que da la vida...
No puedo creer lo que estoy viendo.
Asiento retraído mirando la foto.
Debo ocultar el hecho de que la conozco mejor que nadie, aunque se vea distinta, más fina y elegante. Mira la suerte que tengo yo...
Smith me mira absorto en la foto.
—¿Preguntas?
—¿Cuánto es mi paga?
—El cliente es bondadoso contigo, cree que te mereces un par de millones. Pero obvio que nos lo dividiremos.
Ni en pedo, gringo de mierda.
Cuando termine esto, al primero que me cargaré es a tí, cabrón de mierda.
Mis ojos no dejan de mirarla en esa foto.
—¿Cómo para qué la quieren? —pregunto.
—Eso es algo que solo le incumbe a nuestro cliente. ¿Tienes problemas con eso? ¿O es que tu pija no te deja ser profesional?