VIII

1597 Words
Nowe Sus manos viajan hacia la carpeta y examina con cuidado hasta el más mínimo detalle, mientras ella lee cada palabra del contrato puedo notar como sus dedos juguetean con aquel collar dorado que adorna su cuello, ella quiere llamar mi atención con su coqueteo, su cuerpo me incita a dejar esta conversación fuera de profesional para pasar a algo mucho más personal. —Todo parece estar en orden. —Dice cuando deja caer el contrato sobre la mesa. —Entonces ¿qué le parece dar el siguiente paso señorita Brook? —Del interior de mi chaqueta, saco un bolígrafo y se lo entrego. —Daría cualquier paso si tú eres quien me guía —noto el doble sentido de sus palabras cuando Brook se inclina hacia el frente dejando a la vista su escote. —Solo espero que este sea el comienzo de una larga relación —hace una pausa. —De trabajo. —Sería un placer para mí señorita Brook. —Extiendo mi mano para estrechar la de ella, pero en su lugar Brook deja en mi mano lo que parece ser una tarjeta, no es su usual tarjeta de presentación sino una tarjeta hecha a mano donde puedo leer su nombre y lo que parece ser su número personal. —Nos vemos. Una vez que se ha marchado, no dudo en arrojar la maldita tarjeta en el primer bote de basura que veo. No puedo creer que esa mujer se haya comportado de una manera tan poco profesional, durante el almuerzo tuve que pasar por alto sus insinuaciones para poder conseguir que invirtiera, desde un inicio esa mujer dijo que había encontrado fallas en nuestras cláusulas y por eso pidió verme; sin embargo, solo fue un jodido truco para intentar seducirme. Estoy harto de esto. Faltan menos de diez minutos para que mi nueva secretaria aparezca con los documentos que necesito para mi próxima reunión, esos papeles son indispensables para cerrar un nuevo trato que me posicionará a un paso más cerca de la vicepresidencia, pero sobre todo podré conseguir dinero suficiente para ayudar a Will con para pagar los gastos de la hospitalización de Mandy y la hipoteca de la casa, es lo menos que puedo hacer por ellos. Mi madre nos abandonó a mi padre y a mí desde que era pequeño; sin embargo, no la culpo, después de todo ¿quién soportaría vivir con un hombre borracho y vividor como él? Al igual que ella, yo tampoco toleré vivir de esa manera y llegué a este país como inmigrante, no tenía comida para alimentarme ni dinero. Estaba en la calle. O eso fue hasta que William apareció. Desde que llegué a este lugar, fueron la única familia que he conocido, Mandy me acogió como uno más de sus hijos y Will me hizo sentir como parte de su familia, no hay dinero en el mundo que pueda compensar lo que han hecho por mí, es por eso que estoy dispuesto a hacer lo que sea por ellos. Esa es la única razón por la que no puedo darme el lujo de cometer un error, ni tampoco puedo dejar que los demás lo hagan o sería mi ruina, pero luego está ella. Ivy West. Una mujer despreocupada que parece tomar a la ligera cualquier situación, he pasado menos de doce horas trabajando con ella y puedo deducir que es desorganizada y atolondrada, pero su excesivo optimismo la ha ayudado a tolerar mi carácter y admito que eso es de admirarse, puesto que ninguna de mis antiguas secretarias me ha sonreído de la manera que ella lo hace. Tal vez sea una sonrisa fingida, pero es una sonrisa después de todo. Desearía que ella se quedara con el puesto, pero mis exigencias son más altas que mis buenos deseos, así que si ella no logra cumplir con mis expectativas, no tendré más remedio que despedirla. Después de todo, lamentablemente en esta compañía solo sobrevive el más apto y sobre todo el que tenga mejor apariencia. Siento mi celular vibrar dentro de mi bolsillo, inmediatamente tomo la llamada cuando me percato de que se trata de Steven Donovan. Nuestro cliente más importante, dueño de una reconocida aerolínea. —Señor Donovan. —Saludo cortésmente. —Hola Nowe. —Su tono de voz es apagado y un poco agudo, como si tuviera una infección en la garganta. —¿A que debo su llamada? —Se debe a mi reciente contrato con ustedes. —Dice. —No tiene de que preocuparse señor Donovan —digo confiado. —Le aseguro que mientras hablamos sobre su nuevo diseño de deleitará con una deliciosa comida tailandesa que... —Eso no sucederá Nowe. —Interrumpe. —¿Disculpe? —Soy un hombre de negocios —inicia. —No estoy acostumbrado a que me hagan esperar. —Lo lamento señor Donovan, pero no sé de que está hablando. —Lo que quiero decirle que otra compañía me ha ofrecido el mismo trabajo a un mejor precio —mi cuerpo se tensa al escucharlo. —No tengo interés de reunirnos en nuestra próxima cita dado a que su oferta ya no es de mi interés, así que, cancelaré mis negocios con PeachP Advertising. —Él cuelga la llamada sin siquiera darme la oportunidad de hablar. Ahora debía conseguir el contrato con aerolíneas Russo o podía irme despidiendo de la vicepresidencia. Inmediatamente llega una notificación de correo electrónico y leo la propuesta a Russo, debo leer cuidadosamente la oferta que ha hecho Ivy o de lo contrario todo mi trabajo se habrá ido a la basura. Leo el correo y presiono con fuerza el móvil entre mi mano mientras dejo que el desconcierto y el enfado se apodere de mí cuando noto que estoy a punto de perder a uno de nuestros clientes más importantes por culpa de esa mujer atolondrada. [...] Espero por ella justo en frente del lugar que le había indicado, un taxi se estaciona frente al mío y de este baja mi secretaria, lleva una apariencia desaliñada, su cabello parece ser un nido de pájaros y su ropa está desordenada como si hubiese corrido una maratón, sus manos estan ocupadas con los papeles que le he pedido, ella mira por todos lados intentando buscarme así que toco el claxon y hago una seña para que ella me vea. —No puede ser. —Siseo al ver tanta torpeza. A penas puede sostener los documentos que le he pedido. Ella se pone de pie y se dirige al auto, cuando ella toca el cristal de la ventana, quito el seguro de la puerta. —Entra. —Ordeno sin mirarla, muerdo mi labio intentando no gritarle, pero mi enfado es mucho más grande que estoy seguro que no podré contenerme por mucho tiempo. —Le he traído los documentos que me ha pedido señor Moltoni. —Dice con su típica sonrisa, la cual no le servirá de nada en estos momentos. —¿Enviaste el correo a Stefano Russo? —Suelto sin rodeos. —Así es. —Afirma. —¿Revisaste que el correo estuviera bien redactado? —¡Por supuesto! La miro y ella mantiene esa mirada segura y juguetona en el rostro. Ese fue el límite de mi paciencia. Tomo sin cuidado los papeles de sus manos y los arrojo a la parte trasera del auto, ella me mira desconcertada como si no entendiera lo que está pasando. —¿Crees que esto es un maldito juego? —Tenso la mandíbula con fuerza mientras espero una respuesta de su parte. —¡Dos cosas! Te pedí que hicieras dos cosas y no lo hiciste ¡te dije que no cometieras ningún error y es lo primero que haces! —¿De qué habla? ¡He hecho lo que me ha pedido! —Tomo el móvil y se lo arrojo a las piernas, ella lee detenidamente y cuando nota su error, una media sonrisa se forma en sus labios. —¿Crees que es gracioso? —Digo aún más enfadado. —Solo es un error gramatical, no es para tanto —se excusa como sino fuera tan grave. —Estoy segura que el señor Donovan comprenderá que solo es un error. Llevo mis dedos a la cara y presiono el puente de mi nariz mientras intento calmarme. —¡Le dijiste a Steven Donovan que le enviarías un escroto como nueva oferta! ¡un jodido escroto en lugar de escrito! ¿quién se equivoca en esa palabra? —¡Solo fue un error! —Donovan ha recibido otra oferta de la competencia y por este error seguramente querrá cancelar su contrato con nosotros ¿sabes por qué? Porque eres una irresponsable —digo finalmente. —No me extraña que no encajes en ninguna área y lo peor de todo es que han dejado a mi cargo a la persona más molesta e incompetente que jamás he conocido. —El ceño de Ivy se frunce y noto como su labio inferior comienza a temblar, ella está haciendo el intento de no llorar frente a mí. > Desvío la mirada para intentar que la culpa por gritarle me haga sentir peor; sin embargo, no todo es natural que esté de esta manera, después de todo ella ha cometido un error que podría costarnos nuestro empleo a ambos. —Vete. —Me deshago del seguro automático y abro la puerta. Ella sale del auto sin siquiera mirarme, lo único que veo cuando ella se va, son las lágrimas que resbalan de sus mejillas. Eres un imbécil Nowe.
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