XVII

1680 Words
Nowe Conduzco como un maldito loco. Sin embargo, el palpitar del tablero de mi auto me hace detenerme. Una leyenda muy conocida se ilumina seguido de un color rojo. Sin gasolina. Golpeo con fuerza el volante del auto, no por el hecho de haberme quedado sin combustible a mitad del camino sino porque había cometido el peor error de mi vida y gracias a ello mi vida y mi reputación corrían peligro. Evidentemente tenía nombre y apellido. Ese era Ivy West. [...] Unas horas antes Un dolor punzante inunda mi cabeza, bebo un trago de agua antes de que inicie mi próximo show. No puedo creer que he podido balancear mi vida en la oficina con este maldito acuerdo con Sally, debería estar en casa analizando la propuesta de Stefano en lugar de estar aquí haciendo el ridículo. —Nowe ya es hora —un chico de una apariencia de veinte años entra al camerino, si mal no recuerdo su nombre era Dany. No puedo entender como alguien tan joven desperdicia su vida aquí cuando tenía mil opciones por delante. No como yo, a su edad aspiraba con tener un empleo y hasta una familia, pero las circunstancias me llevaron a adquirir aquella estúpida deuda y por esa misma razón deseaba que Will no pasara por lo mismo. Me pongo de pie y tomo el nuevo disfraz para el show que constaba nada más y nada menos que una máscara, lo demás consistía en unos ajustados jeans com estampado militar y nada más, mi torso estaría completamente desnudo. —¿Qué es esta vez? —Pregunto al mismo tiempo que ajusto el reloj a mi muñeca. Ya estaba acostumbrado, después del show siempre había una que otra mujer desesperada para pedir un baile privado. —Una despedida de soltera —anuncia. Dejo salir un bufido, será mejor acabar con esto lo más rápido posible. —Llévala a la sala VIP —pido. —Quiero terminar esta noche cuanto antes. —Dany asiente para después salir a cumplir mi pedido. Las salas VIP del club Zero's consta de una excéntrica decoración para complacer a sus clientas, después de todo el lema de Sally es brindar placer y sensualidad sin necesidad de tener sexo como tal, todo es a través del baile. Enciendo las luces, la sala consta de una pequeña habitación adornada con luces de color neón y cristales, los sillones son de piel adornados con esponjosos cojines y en el centro de la sala, una mesita de mármol n***o espera a la invitada con champaña, fresas y una fuente de chocolate. Una vez listo todo, reviso mi celular. Dany me anunciaba que la chica estaba en camino, así que, me apresuro a apagar las luces y colocarme en mi puesto, unos minutos más tarde, las puertas se abren dejando entrar a una chica con un velo de novia en la cabeza. Ella se muestra algo tímida e intenta decirle algo a Dany como si quisiera desistir, no hago más que rodar los ojos, esto es un claro ejemplo de una doble moral de una mujer que se sentía culpable por ver a otros hombres cuando está a punto de casarse. Decido hacer caso omiso y cuando Dany cierra la puerta, inicio mi rutina. La música es lenta y sensual, así que, decido iniciar con un baile ligero con movimientos poco provocadores, así que, me acerco a ella y comienzo a moverme. Puedo sentir que sus ojos están sobre mi cuerpo, la oscuridad me impide ver su rostro; sin embargo, sé que ella no puede dejar de mirarme. Será la última vez>> Pienso. El ritmo de la música comienza a aumentar al igual que mis movimientos, mis caderas se mueven en círculos y a medida que me acerco a ella tomo una de sus manos para llevarlas a mi abdomen, coloco sus manos sobre mi cuello al mismo tiempo que me siento sobre sus piernas; sin embargo, en ese momento todo parece congelarse. Inmediatamente la reconozco y al parecer ella también a mí porque su nombre sale de sus labios. —¡Nowe! Digo ¿señor Moltoni? —Me alejo de ella en un dos por tres. El sonido de la música es tan alta que finjo no escuchar nada, mantengo la esperanza de que la oscuridad del lugar proteja mi identidad; sin embargo, ella se acerca a mí e intenta deshacerse de mi máscara, pero se lo impido. —El show ya acabó. —Digo al mismo tiempo que salgo de esa habitación. [...] Tiempo actual —¡Maldita sea! —Maldigo en voz alta mientras intento contener el aliento. Todo este tiempo me aseguré en mantener un perfil bajo para evitar precisamente esto. Fui un imbécil por haber bajado la guardia, jamás imaginé que un m*****o de PeachP Advertising frecuentaria esta clase de lugares, mucho menos mi propia asistente. Se suponía que esa pequeña atolondrada debería estar en la oficina terminando con su trabajo, no en un club de jodidos strippers. —Vamos Nowe, relájate —me ordeno. Debo relajarme para pensar con claridad, nada bueno sale de tomar decisiones apresuradas. Ella pudo haberme visto, pero ¿qué podría hacer? No tenía pruebas, si ella iba por el mundo contando que me había visto hacer un striptease semidesnudo nadie le creería, después de todo hasta suena absurdo que alguien como yo, un importante ejecutivo mantenga una dudosa reputación. Sería su palabra contra la mía. Simplemente debía actuar como si nada hubiese pasado. Eso era exactamente lo que haría, mañana iría a esa oficina y actuaría con normalidad. Miro mi muñeca en donde descansaba mi reloj; sin embargo, la tranquilidad que había obtenido hacer unos segundos había desaparecido dando paso nuevamente a la desesperación y la ira. Mi reloj no estaba. [.. Ninguna noche había sido tan larga como esta. Había pasado despierto por casi cuatro horas intentado de buscar una solución para el problema en el que me había metido; sin embargo, esta era una de esas ocasiones en las que por más que intentabas, las respuestas parecían no querer llegar. Me deshago de las sábanas y dejo que mis pies descalzos toquen la fría madera del suelo de mi departamento. La única forma de despejar mi mente era trabajar; así que, me apresuré a vestirme y a ordenar un taxi. Eran cerca de las seis de la mañana y yo ya me encontraba en PeachP Advertising. —Nowe ¿qué haces aquí tan temprano? —Pregunta Hall -nuestro vigilante -en cuanto me ve llegar; sin embargo, no luce sorprendido. Después de todo, no era la primera vez que llegaba a esta hora para poder trabajar. —Ya sabes Hall —me encojo de hombros. —Los negocios no pueden esperar. —Señor Moltoni ¿desea que le lleve café a su oficina? —Pregunta, palmeo su hombro y solo asiento. Cuando deslizo mi tarjeta en el verificador de seguridad, escucho la voz de Hall. —Definitivamente usted será el mejor vicepresidente. El mejor vicepresidente. Repito en mi mente. Cuando llego a la oficina notó como la oscuridad aún baña el edificio, la luz de mi oficina es la única que baña los pasillos; sin embargo, en lugar de encender mi ordenador, me dejo caer sobre uno de los sofás y dejo que mi cabeza descanse sobre el respaldo. Siento un extraño ardor en mis ojos consecuencia del insomnio de la noche anterior, así que, decido cerrar mis ojos por un momento. El rostro familiar de una chica aparece en mis recuerdos, le ofrezco una pequeña caja de madera y cuando ella la abre nota un peculiar reloj de mano. Su diseño es único y detallado además de que en la parte de atrás había unas iniciales grabadas. Es la promesa de una vida mejor>> Había dicho. Su nombre sale de mis labios. —Lia —es entonces cuando abro los ojos. No sé cuanto tiempo estuve dormido; sin embargo, puedo notar como mos rayos matutinos comienzan a colarse a través de las persianas. Me pongo de pie para cerrarlas; sin embargo, es cuando me percato de algo. Las persianas estaban cerradas cuando llegué. —Buenos días señor Moltoni —saluda como es usual. —Parece que ha pasado una mala noche. Tenso la mandíbula cuando la veo, ella está sentada justo frente a mí, sus labios se curvan en una sonrisa produciéndome una especie de escalofríos. Ajusto mi corbata y mantengo mi compostura. —Definitivamente así fue —llevo una mano detrás de mi cuello tratando de aliviar la tensión que se ha acumulado en mi cuello. —Lamento escuchar eso —dejo de masajear mi cuello para mirarla. —Señorita West —hablo con firmeza. —Creo que debería preocuparse por entregarme un informe sobre la información que se ha perdido de mi computadora en lugar de hacer preguntas absurdas, si he dormido bien o no, no es de su incumbencia. Me dirijo a mi escritorio; después de una mala noche, parezco estar más irritable que de costumbre. —¿Sabe que hora es señorita West? Ella muerde su labio inferior. —Tal vez sean las ocho en punto. —Su hora de entrada es a las siete cincuenta y cinco —aclaro. —Se puede saber ¿por qué ha llegado tan tarde? —Señor Moltoni, mi horario de entrada es efectivamente a las siete cincuenta y cinco de lunes a viernes —explica. —Sin embargo, aquí me tiene a las ocho en punto en domingo, quizás no se ha dado cuenta, pero yo he llegado puntualmente, quizás se deba a que ha perdido la noción del tiempo dado a que no trae su reloj —sus ojos aterrizan a mi muñeca. —Lo he dejado en casa. —Es extraño —ella busca en el interior de su chaqueta para sacar aquel objeto que me había acompañado por más de diez años. —Porque me he encontrado su reloj en el club Zero's. —Veo una perversa sonrisa formarse en sus labios. Ella lo sabe. Ella sabe mi secreto.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD